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Pequeño homenaje a Susan George, la intelectual que desenmascaró al poder global

 Rafa Rodríguez

La muerte de Susan George (1934–2026) no es solo la desaparición de una gran pensadora crítica; es el cierre de una de las trayectorias intelectuales más coherentes y valientes frente al capitalismo global contemporáneo. Durante más de cinco décadas, su voz fue una de las más claras en denunciar cómo el hambre, la deuda y la desigualdad no son accidentes del sistema, sino consecuencias estructurales de su funcionamiento.

Presidenta del Transnational Institute (TNI) y figura clave en ATTAC France, Susan George combinó la investigación rigurosa con el activismo político. No creía en la neutralidad del intelectual: sostenía que el deber del científico social era revelar las estructuras del poder y posicionarse del lado de los desfavorecidos.

Uno de los episodios decisivos en su trayectoria ocurrió en 1974, cuando asistió a la Conferencia Mundial de la Alimentación en Roma. Allí esperaba encontrar soluciones al hambre global. Lo que encontró fue algo distinto: representantes del agronegocio dominando los debates mientras millones morían de desnutrición.

Años después contaba, con ironía amarga, que comprendió que el hambre no era un problema técnico, sino político. De aquella experiencia nació su libro más influyente, How the Other Half Dies (1976), donde desmontó el mito de la sobrepoblación y explicó que el hambre era el resultado de relaciones económicas desiguales.

A diferencia de muchos analistas que centraban su atención en la pobreza, Susan George decidió estudiar a los ricos. Analizó al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y a lo que ella llamaba la “clase de Davos”: las élites económicas globales que moldean políticas públicas a su favor.

En obras como A Fate Worse Than Debt o The Lugano Report[1], utilizó la voz ficticia de estrategas del capitalismo que planifican cómo preservar el sistema a cualquier precio. Su tesis era clara: no hacen falta teorías conspirativas cuando basta con estudiar intereses, poder y estructuras.

Aunque establecida en Francia, Susan George mantuvo una relación intensa con España desde los años noventa, especialmente a través de los foros del movimiento antiglobalización y de ATTAC. Participó en múltiples conferencias en Madrid, Barcelona y Bilbao, y fue una referencia intelectual durante el ciclo de movilizaciones contra la deuda externa y las cumbres del G8.

En el contexto español, su pensamiento influyó especialmente en tres ámbitos: el debate sobre la deuda externa y las políticas del FMI en América Latina; el análisis crítico de la financiarización tras la crisis de 2008 y la reflexión sobre la captura de las instituciones democráticas por las élites económicas.

Durante la crisis financiera española, sus textos circularon ampliamente en círculos académicos y de activistas. Para muchos jóvenes politólogos y economistas críticos, fue una puerta de entrada al estudio estructural del poder global. Defendía que el sistema tenía “grietas” y que el papel de la ciudadanía era ensancharlas.

Hasta sus últimos años mantuvo una disciplina intelectual admirable. Seguía escribiendo, viajando y participando en debates públicos cuando otros se retiraban. No fue una pensadora de moda; fue una pensadora persistente.

En un mundo marcado por la crisis climática, el aumento de la desigualdad y la concentración de poder corporativo, muchas de las advertencias de Susan George suenan hoy menos radicales y más premonitorias.

Su legado no es solo bibliográfico. Es metodológico y ético: estudiar el poder sin miedo, escribir con claridad y tomar partido por quienes no lo tienen.

Quizá su mejor definición de sí misma no fue la de politóloga ni activista, sino la que repetía con convicción: el deber del intelectual es ponerse del lado de los “underdogs”, los que no tienen voz.

[1] George, S. Informe Lugano. Icaria. 2001.

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