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“¡ÓJI!”, una lección griega sobre el verdadero “efecto dominó”

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Rafael Poch |

La Vanguardia. 10/02/2010.

El año pasado estalló la crisis financiera. Sus causas y geografía son claras. Sin embargo, los dueños e intérpretes de las sagradas escrituras pretenden vendernos el absurdo de que la única manera de combatir los efectos de aquel descalabro es el masivo recorte de gasto social y del nivel de vida de la mayoría. Grecia es el paradigma europeo de este absurdo.
¿Tiene una de las poblaciones más pobres y gloriosamente atávicas de Europa, algo que ver con lo que se hundió en el templo de Wall Street?. La respuesta es no. En la pasividad y la falta de medidas contra el neoliberalismo, la especulación y el robo legal practicados por una minoría social, en el mundo, en Europa, y, por supuesto, también en Grecia, está la clave de los actuales males, incluidos los del euro, pero los politicastros europeos que lidian con este desbarajuste, ya han encontrado la respuesta a la pregunta, ¿quién pagará la crisis?. Los griegos son los primeros en pasar por caja.
Los sacerdotes les dicen que para salir de la crisis deben recortar drásticamente sus menguados ingresos y maltrechos derechos, incluido el derecho al trabajo del que el 25% de ellos ya están excluidos. En ausencia de medidas convincentes contra la especulación y las demás causas de la crisis, este trato es inaceptable. Grecia ha respondido “Óji” (No) a este agravio y ha mantenido hoy una gran protesta.
Grecia es un país “defectuoso” en el concierto europeo. Los movimientos sociales y los sindicatos son fuertes allá y la gente, menos moderna, no necesita leer el “Financial Times” para sacar conclusiones sobre su economía.
Los defectos de Grecia tienen cierta tradición. En 1940 los griegos dijeron “Óji” al ultimátum de Hitler y Mussolini y dieron un ejemplo de dignidad a Europa. Los griegos de Chipre escribieron también páginas notables de la historia reciente europea, al oponerse al colonialismo inglés y la agresión turca propiciada por aquel, lo que les costó la división de su isla que aun perdura. Grecia es el único país que no permite hoy a Estados Unidos abastecer de armas a Israel desde sus puertos. Se opone así modestamente a contribuir a la bíblica “guerra de los sesenta años” contra Palestina, que es, a la vez, uno de los principales revulsivos de terrorismo global, y la principal causa de la locura de Israel contra si mismo.
Si la factura destinada a que la gente corriente, la mayoría social que no especula en bolsa y vive de su trabajo, se abre paso en Grecia, la jugada se repetirá luego en otros escenarios europeos. Ese es el único “efecto domino” que importa a la Europa social y de los ciudadanos. Y esa es la única Europa que merece la pena. La otra, la de la especulación, la falta de principios, la de la “guerra de civilizaciones” y el intervencionismo militar imperial, se la regalamos. No es la nuestra.

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