Rafa Rodríguez
España sigue sin construir símbolos inclusivos. El 12 de octubre no representa a millones de españoles que nos sentimos ajenos a sus formas y contenidos. Es una celebración que solo representa una parte de la ciudadanía, sobre todo ligada a los valores de la derecha. No es una fiesta nacional, aunque así lo diga la ley, sino una conmemoración partidista.
Las Cortes de Cádiz intentaron convertir el 2 de mayo, el levantamiento popular en Madrid de 1808 contra la ocupación napoleónica, en una gran celebración nacional. Sin embargo, esta fecha nunca consiguió consolidarse plenamente como fiesta estatal porque estaba asociada a un recuerdo liberal, laico y popular, y ha pasado a ser una fiesta exclusivamente madrileña.
Finalmente ha terminado imponiéndose el 12 de octubre, tras una mutación de denominaciones, que no ocultan el rastro de los distintos intentos fallidos de construir una nación basada en el centralismo, el elitismo, el conservadurismo y sobre todo en la desigualdad.
Inicialmente se denominó el “Día de la Raza”, instituido oficialmente en 1918 durante el gobierno de Antonio Maura. En 1958, el régimen franquista cambió por decreto el nombre por el de ‘Fiesta de la Hispanidad’ tal como en 1935 había propuesto Ramiro de Maetzu. Ya en 1987, la ley 18/1987, de 7 de octubre, del gobierno de Felipe González, estableció el 12 de octubre como Día de la Fiesta Nacional.
Esta última ley promovida por un Felipe González que estaba arrastrando al PSOE hacia los vientos dominantes del neoliberalismo de los años ochenta, la década de Ronald Reagan (Estados Unidos, 1981–1989) y Margaret Thatcher (Reino Unido, 1979–1990), fue el inicio simbólico del proyecto del 92, una gran operación política de construcción nacional que pivotaba precisamente sobre el 12 de octubre.
Proyectaba utilizar el quinto centenario del «descubrimiento de América» para impulsar un modelo de estado descentralizado administrativamente pero conectado al nacionalismo tradicional de las oligarquías económicas. Se trataba de articular Madrid, como centro financiero indiscutido impulsado por la dinámica de la globalización, formando un eje con dos territorios claves para la hegemonía (Cataluña – la contestación nacionalista – y Andalucía – la contestación social -) mediante dos grandes eventos coincidentes: las olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla.
Sin embargo, lo imposible es imposible. España solo funciona cuando es plebeya y se avería cuando manda la oligarquía que adolece de “una falta de patriotismo que es inherente al carácter de la élite española. Se trata de una élite que no cree en su país y no tiene solidaridad con ese proyecto común[1].
Las actuales celebraciones del 12 de octubre no pueden ocultar que simbolizan el poder de esa oligarquía sostenida por la histórica alianza del ejército, iglesia y monarquía, y por una parte de la ciudadanía que vitorea al tercio de la legión con cabra incluida, y abuchea e insulta a Pedro Sánchez, todo ello presidido por el rey, vestido con el uniforme de capitán general de los ejércitos, desde la capital madrileña que lejos de liderar drena los recursos del conjunto del Estado al que por eso se le impide la evolución federal.
Esta oligarquía sigue mirando al pasado, aunque sea un pasado de derrotas. El antiguo Día de la Raza y Fiesta de la Hispanidad, tiene incómodas connotaciones de un neocolonialismo paternalista al festejar el “descubrimiento”, con el que empezó uno de los grandes genocidios de la historia. Como dice Martín Caparrós[2] “en el “Día de la Hispanidad”, Hispania vuelve a poner en escena el principio de su mayor derrota. O, por lo menos, algo totalmente contrario a los demás: no el inicio de esto que somos sino el de eso que fueron y no son, memoria de la pérdida”.
Ahí sigue el olor a la naftalina franquista con un desfile militar como acto central adornado de marchas militares, que se diferencia poco de los rituales de las ceremonias franquistas.
No es casualidad que la elección del 12 de octubre coincida también con la celebración de la fiesta del Pilar, el día en el que según la leyenda se le apareció la virgen María al apóstol Santiago para asegurarle la victoria contra Al-Ándalus, enlazando la cristianización de la península con la reconquista. Ahí está la raíz, en el “La virgen del pilar, Santiago y cierra España”. Es el marco islamófobo del nacionalismo español basado en el mito de la reconquista como cruzada, una retórica de nación católica y antiislámica, que permite construir la imagen de un enemigo público.
Hoy cuando se ha armado a nivel internacional una “alianza de la destrucción”, sus sucursales españolas han retomado este nacionalismo españolista excluyente como ensamblaje de sus posiciones en la lucha cultural, por su función de argamasa entre la derecha y la extrema derecha, utilizando como retroalimentación los excesos de los nacionalismos esencialistas en el País Vasco y Cataluña, y señalando al inmigrante “moro”, como el origen de todos los males, incluida la crisis de la vivienda.
Es llamativo, por otra parte, que en la España plurinacional los días nacionales o regionales de las Comunidades Autónomas que se celebran, coinciden con celebraciones de derrotas, de victorias sobre el musulmán o ligadas a vírgenes o santos míticos.
Ninguna, salvo en Andalucía que celebramos el día de la nacionalidad por un triunfo democrático. El Día de Andalucía se celebra el 28 de febrero como conmemoración del referéndum de 1980 en que los andaluces y andaluzas votamos formar una comunidad autónoma con plenas competencias y un gobierno propio. Votamos un comienzo y lo celebramos, ni un final ni una derrota.
Tenemos pendiente consensuar una celebración inclusiva en España, un hecho histórico que represente un momento relevante para la convivencia política, lo que va ligado a la singularidad plurinacional de España. En una proposición de ley fechada en noviembre de 1980[3], el grupo parlamentario del PSOE propuso el 6 de diciembre, aniversario del referéndum constitucional, como fiesta nacional de España. Ha sido el inicio de un proceso difícil, pero con éxitos innegables al cimentar el primer periodo duradero de democratización del Estado español.
NOTAS
[1] Villena, A. Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939. Libros del KO
[2] https://elpais.com/opinion/2026-10-12/un-pais-sin-principios.html
[3] Proposición de Ley, Boletín Oficial de las Cortes Generales N° 116-I, 116-II/1980: 429-430.
Paralelo 36 Andalucia Espacio de pensamiento y acción política
