
Rafa Rodríguez
El The New York Times publicó una editorial titulada “Trump Has Failed. Hold Him to Account.”, (Trump ha fracasado. Exíjanle rendir cuentas), en vísperas de estas elecciones de medio mandato, celebradas el 3 de noviembre de 2016, que resumía con exactitud tanto estos dos caóticos y enloquecidos años de presidencia de Trump como la respuesta del electorado.
La tesis central del editorial era que la experiencia de gobierno de Trump había demostrado las limitaciones y riesgos de su proyecto político, por lo que estas elecciones representaban una oportunidad para que los ciudadanos ejercieran un control democrático sobre la presidencia.
El electorado americano, incluso muchos de los que lo habían votado en las elecciones presidenciales, han optado por los candidatos y candidatas demócratas porque Trump no había cumplido las expectativas de renovación política y liderazgo eficaz que habían llevado a muchos a apoyarlo. Según esta editorial del New York Times, su mandato ha estado marcado por la confrontación permanente, el debilitamiento de normas e instituciones democráticas y una creciente polarización de la sociedad estadounidense.
El editorial argumentaba además que la fortaleza de una democracia no reside únicamente en la elección de sus gobernantes, sino también en la existencia de contrapesos capaces de exigir responsabilidades al poder ejecutivo. Por ello, animaba a los ciudadanos a utilizar las urnas para limitar los excesos presidenciales y reforzar los mecanismos de supervisión y control institucional, porque estas elecciones eran algo más que una disputa entre partidos: suponían una gran oportunidad para corregir el rumbo político del país, contener las tendencias autócratas de la presidencia de Trump y abrir la posibilidad de una etapa política más estable y respetuosa con las normas democráticas.
La derrota de Trump en estas elecciones ha sido posible porque se ha derrumbado la coalición MAGA que lo aupó al poder. Una coalición encabezada por los neoreaccionarios, las iglesias evangélicas, los tecnoligarcas y las grandes empresas de los combustibles fósiles.
Los neoreaccionarios han llevado sus elucubraciones fascistas al paroxismo aislándose de sus bases que se han fragmentados en múltiples sectas; las iglesias evangélicas han perdido apoyo entre los sectores racializados, los tecnoligarcas han visto como la opinión pública se oponía a la instalación de sus centros de datos por las enormes cantidades de energía que requieren, el ruido y contaminación que generan y las grandes extensiones de terreno que necesitan. Al menos 45 proyectos de centros de datos se han visto interrumpidos en la segunda mitad de 2026 debido a la oposición local[1].
Estos centros de datos han estado en el debate de estas elecciones legislativas. Mientras que Trump ha defendido su expansión con el argumento de que «los centros de datos “son estupendos”, “hacen que la gente sea rica y hacen que los estados sean ricos», los candidatos demócratas se comprometieron a detener su desarrollo. No es casualidad que los estados de Texas, Georgia y Ohio, que se han convertido en polos de atracción para las empresas que quieren construir centros de datos para impulsar la inteligencia artificial, hayan votado a candidatos demócratas que habían prometido pararlos.
Los que se han aupados en hegemónicos dentro de la coalición MEGA de apoyo a Trump han sido las grandes empresas de los combustibles fósiles. Ellas están detrás de las políticas retrógradas contra las energías renovables de Trump que ha reducido los impuestos a las grandes corporaciones, llevado a cabo una desregulación sin precedentes de las actividades contaminantes, y favorecido la expansión de la producción de petróleo y gas, sin restricciones ambientales. Los únicos ganadores de la delirante guerra contra Irán han sido precisamente las multinacionales que basan su negocio en las energías fósiles que han hecho caja con la subida de los precios del crudo, mientras aumentaban la crisis climática, agravada por las emisiones y los desastres ecológicos de la guerra, con olas de calor mortales y fenómenos climáticos extremos en todo el mundo.
Desde sus comienzos en este mandato Trump ha abandonó las negociaciones mundiales sobre el clima y boicoteó la COP30, que se celebraba en Belém. Es más, ha utilizado los aranceles como arma para presionar a otros países a reducir las inversiones en la transición energética y consumir más petróleo, carbón y gas, responsables de más del 75% de las emisiones de los gases de efecto invernadero.
Trump también ha intentado acallar la oposición emprendido una guerra contra el “enemigo” interno: las personas migrantes, progresistas, los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI+, medios de comunicación, bufetes de abogados, universidades y centros de investigación, museos, funcionarios federales e incluso gobernadores de la Reserva Federal. Ha desplegado la Guardia Nacional en las ciudades gobernadas por los demócratas deteniendo y expulsando de forma indiscriminada.
Pero el electorado americano le ha dicho basta en estas elecciones y ha votado democracia.
NOTA
[1] Según Data Center Watch, un proyecto de investigación dirigido por la empresa 10a Labs.
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