Rafa Rodríguez
- Sostenibilidad
La sostenibilidad ambiental constituye el otro gran pilar de esta estrategia. Andalucía dispone de un patrimonio natural y cultural extraordinario que constituye uno de los principales atractivos turísticos del territorio.
El cambio climático obliga al sector turístico español y andaluz a adaptarse mediante una mejor gestión del agua, el incremento de zonas de sombra y espacios verdes, la mejora de la eficiencia energética de los establecimientos y la diversificación de la oferta turística hacia temporadas menos calurosas y actividades menos vulnerables a las altas temperaturas.
Por ello, el desarrollo del sector debe basarse en la preservación de los recursos naturales y culturales, promoviendo modalidades de turismo respetuosas con los espacios protegidos, el cielo nocturno, la biodiversidad o la observación de la fauna. Este enfoque no solo contribuye a proteger el medio ambiente, sino que también puede favorecer el desarrollo de actividades económicas sostenibles en zonas rurales y ayudar a fijar población en territorios amenazados por la despoblación.
En este contexto cobra especial importancia la puesta en marcha de un programa de regeneración de destinos turísticos, acompañado de una plataforma de adaptación del turismo al cambio climático. Las consecuencias del calentamiento global como las olas de calor, sequías o la presión sobre los recursos hídricos, obligan a replantear la gestión de los destinos y a incorporar criterios de resiliencia en las infraestructuras y en los servicios turísticos.
La sostenibilidad también debe reflejarse en la gestión cotidiana del sector. Medidas como el reciclaje, el ahorro energético e hídrico, el autoconsumo energético o la reducción del desperdicio alimentario deben integrarse de forma generalizada en hoteles, restaurantes y establecimientos turísticos. A ello se suma la necesidad de impulsar una movilidad turística más sostenible, reduciendo la dependencia del automóvil particular y favoreciendo el transporte público, los desplazamientos colectivos y las alternativas de movilidad de bajas emisiones, al tiempo que se impulsa la rehabilitación energética del parque hotelero, con el fin de reducir el consumo energético y la huella ambiental de la actividad turística.
Asimismo, es necesario limitar prácticas turísticas que puedan resultar agresivas para la biodiversidad marina o para los espacios naturales de alto valor ecológico
2. Gestionar los flujos turísticos
El crecimiento del turismo en Andalucía plantea un desafío cada vez más relevante: cómo gestionar los flujos de visitantes de forma que la actividad siga siendo un motor económico sin comprometer el equilibrio ambiental, social y territorial de los destinos.
La clave de esta política pasa por ordenar los flujos turísticos, evitando la saturación de determinados espacios y favoreciendo una distribución más equilibrada de los visitantes en el territorio y a lo largo del año. La existencia de saturación no depende únicamente del número absoluto de visitantes, sino también de otros factores como la duración de la estancia o la capacidad de carga del destino.
El concepto central para esta gestión es la capacidad de carga turística, entendida como el número máximo de visitantes que un destino, recurso o instalación puede acoger sin provocar efectos negativos sobre los residentes, el medio ambiente, las infraestructuras, los servicios públicos, el patrimonio cultural o la calidad de la experiencia turística. Para una medición precisa de la saturación se utilizan indicadores como la densidad turística (visitantes por km²) y la intensidad turística (visitantes por residente).
Cuando ese umbral se supera, el turismo deja de ser sostenible y comienzan a aparecer problemas como la degradación ambiental, la saturación de servicios o el deterioro de la convivencia con la población residente. Por ello, establecer límites basados en criterios técnicos debe convertirse en una herramienta fundamental de planificación turística.
Gestionar los flujos turísticos de forma inteligente es una condición imprescindible para garantizar la sostenibilidad del turismo en Andalucía. Limitar la saturación, diversificar la oferta y distribuir mejor la actividad en el territorio permitirá consolidar un modelo turístico más equilibrado, que genere riqueza sin poner en riesgo la convivencia, la sostenibilidad y el patrimonio natural, cultural y social andaluz.
3. Moratoria a las viviendas turísticas
Especial atención requiere el fenómeno de las viviendas de uso turístico (VUT), cuyo crecimiento ha provocado en muchos lugares procesos de turistificación y fuertes tensiones en el mercado de la vivienda. La expansión del alquiler vacacional y la compra de inmuebles por parte de inversores o residentes extranjeros con mayor capacidad adquisitiva ha incrementado los precios de la vivienda y ha desplazado a población local de barrios y municipios. Hay consenso institucional y amplia literatura científica que establece una estrecha correlación entre los precios del alquiler turístico con el precio del alquiler residencial y de compraventa de viviendas. Las viviendas de uso turístico equivalen al 11,4 % del parque de viviendas en alquiler. El porcentaje es muy superior Andalucía (24,6 %)[1].
Para reducir viviendas turísticas e impulsar la emancipación juvenil resulta imprescindible aprobar una moratoria a las VUT y una legislación específica que regule de forma integral este tipo de alojamientos, garantizando el cumplimiento de la normativa urbanística y evitando procesos especulativos.
- Ordenar el crecimiento de la oferta de alojamiento turístico
Hay una primera línea de intervención para evitar que la masificación turística siga creciendo: establecer una moratoria en la oferta turística de alojamiento con carácter general para nuevas plazas hoteleras y de alojamientos turísticos en Andalucía, de modo que cualquier ampliación de la oferta deba demostrar previamente que no genera impactos negativos sobre el entorno, el patrimonio o la economía local. Como referencia orientativa, los destinos deberían mantener una relación inferior a 30 plazas turísticas por cada mil habitantes.
- Prohibir las macrourbanizaciones
La presión sobre el territorio también obliga a replantear determinados modelos urbanísticos asociados al turismo. La proliferación de macrourbanizaciones turísticas y urbanizaciones de segunda residencia, especialmente en zonas costeras, ha contribuido a la pérdida de suelo natural y al deterioro de ecosistemas. Este modelo de urbanización dispersa genera además una fuerte dependencia del automóvil y aumenta las emisiones contaminantes. Por ello resulta necesario prohibir este tipo de desarrollos y preservar los espacios naturales que constituyen uno de los principales valores del patrimonio andaluz.
6. Limitar los megacruceros
En el ámbito del transporte turístico, también es necesario revisar el impacto de determinadas modalidades como los megacruceros, cuya llegada masiva a algunos puertos genera saturación urbana y elevados niveles de contaminación, además de hacer obligatorio en los puertos el sistema OPS que permite apagar los motores de los buques atracados y reduce ruido y emisiones.
La regulación de estos flujos, estableciendo limitaciones o condiciones de estancia mínima en los puertos, puede contribuir a evitar el llamado “turismo relámpago”, que colapsa las ciudades durante pocas horas sin generar un impacto económico significativo.
7. Desestacionalización y diversificación de la oferta
Junto a estas medidas de control, la política turística debe apostar por una estrategia de desestacionalización y diversificación de la oferta. Andalucía dispone de enormes recursos culturales, naturales, gastronómicos e históricos que permiten atraer visitantes durante todo el año y en todo el territorio. Impulsar el turismo rural, el turismo de naturaleza, el turismo gastronómico o el turismo cultural contribuye a repartir mejor los flujos de visitantes y a generar oportunidades económicas en el interior de la comunidad.
Resulta fundamental reforzar las inversiones en patrimonio natural y cultural, desarrollar programas de promoción del turismo rural y crear paquetes turísticos que conecten los principales puntos de entrada de visitantes, aeropuertos o grandes ciudades, con los destinos del interior. También es necesario actualizar los instrumentos de planificación y gestión de los espacios naturales protegidos, muchos de los cuales cuentan con planes de uso y gestión desactualizados, lo que dificulta ordenar adecuadamente los flujos de visitantes.
8. Lucha contra el intrusismo y la oferta ilegal de servicios turísticos
Paralelamente, resulta imprescindible reforzar la lucha contra el intrusismo y la oferta ilegal de servicios turísticos, que deteriora la calidad del destino y contribuye a la saturación de algunos espacios.
9. Apoyo a los municipios turísticos
Otro aspecto esencial es el apoyo a los municipios turísticos, que son quienes soportan buena parte de los costes derivados de la actividad turística. Para ello sería necesario revisar el sistema de financiación local de forma que los ayuntamientos dispongan de más recursos para afrontar los gastos asociados al turismo y para que la actividad revierta en mejoras reales para la población local.
10. La calidad también como eje central de la política turística
En este sentido, la aprobación de un Plan de Calidad del Sector Turístico, acompañado de un sello de calidad obligatorio para acceder a ayudas públicas, permitiría elevar los estándares del sector y reforzar la reputación del destino andaluz. La implantación de una tasa turística de carácter progresivo, como se desarrolla en el aparatado correspondiente a la fiscalidad, cuya recaudación corresponda a los ayuntamientos se destinaría a compensar los impactos sociales y ambientales del turismo. Este tipo de instrumentos ya funciona en Comunidades como Cataluña, Baleares o Galicia.
11. Cooperación transfronteriza
Andalucía puede ampliar sus oportunidades mediante estrategias de cooperación turística transfronteriza, especialmente con Portugal y Marruecos. La creación de itinerarios y productos turísticos compartidos basados en recursos naturales, culturales o gastronómicos permitiría además diversificar la oferta.
[1] https://provivienda.org/observatorio/causas-del-problema/turistificacion/
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