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La izquierda y las elecciones

Rafa Rodríguez (*)

En una reunión de estos días un líder de la izquierda argumentaba que nosotros queremos gobernar y que esto era en realidad lo que nos separaba de otras izquierdas sectarizadas que plantean grandes objetivos pero que no nos dicen cómo conseguirlo. En otra reunión un compañero empezaba su intervención diciendo que lo que necesitábamos era poder, poder para cambiar las cosas porque sin poder dejamos que el adversario sea quién tenga la capacidad de transformar, aunque sea para peor.

Me he alegrado oír estas afirmaciones y por mi parte añadí que no se trataba solo de una cuestión práctica sino de ser coherente con un concepto democrático de la política.

Hay un enorme prejuicio en la izquierda sobre las elecciones y el voto. Aunque no de forma explícita parece que tener una perspectiva electoral es una posición reformista que se opone a la más revolucionaria de las movilizaciones, como si fueran posiciones opuestas y no complementarias.

La conquista del sufragio universal ha sido la lucha que ha vertebrado los últimos tres siglos y aún sigue siendo la gran exigencia pendiente en gran parte del planeta que sigue sufriendo un poder autoritario. Incluso en muchos países de democracia más consolidada el sufragio universal no ha sido realidad hasta la segunda mitad del siglo XX. Es una lucha inseparable de las luchas obreras, feministas o por la igualdad religiosa o étnica.

Incluso hoy, en la sociedad mestiza en la que vivimos, millones de inmigrantes que tienen permiso de residencia y trabajo carecen del derecho de voto, lo que favorece la impunidad de las campañas racistas y xenófobas de la derecha y la extrema derecha.

En estos momentos en los que sufrimos un ataque global contra la democracia desde distintos frentes, comenzando por los EE.UU. de Trump, es más importante que nunca que la izquierda sea capaz de valorar la importancia del voto como la gran conquista civilizatoria y actuar en consecuencia para obtener la confianza de la ciudadanía en las urnas.

Esto requiere un cambio radical de orientación. Necesitamos referentes electorales estables, con unas siglas reconocibles, candidatas y candidatos que tengan amplios consensos y un grado de conocimiento público aceptable, una organización de organizaciones que sepa gestionar la pluralidad de las culturas políticas de la izquierda y de la realidad plurinacional de España, a través de la participación y la democracia (una persona, un voto) y políticas de comunicación capaces de trasladar de forma efectiva nuestras propuestas en un ejercicio de diálogo permanente desde la diversidad y la fragmentación social en esta sociedad tan compleja.

Tenemos un compromiso histórico para obtener mayorías parlamentarias de forma que impidamos a las fuerzas trumpistas asaltar nuestra democracia, destruir la Unión Europea y arrasar el planeta. Gobernando, teniendo poder, podremos impulsar más democracia, más igualdad y una transición ecológica justa que permita una buena vida para todas y todos.

 

(*) La imagen representa una obra de la pintora portuguesa María Helena Vieira da Silva (Lisboa, 13 de junio de 1908 – París, 6 de marzo de 1992).

 

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