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El 17 de mayo no es un día cualquiera

Rocío Cruz

Hay momentos en los que la política deja de ser un tablero de siglas y nombres propios para convertirse en algo mucho más profundo: una responsabilidad compartida. Las elecciones del 17 de mayo no son solo una cita con las urnas; son una oportunidad para decidir qué tipo de sociedad queremos construir y, sobre todo, qué tipo de personas queremos ser mientras la construimos.

En ese camino, la coalición de Por Andalucía representa algo más que una suma de partidos. Representa una idea: la de que, frente a la fragmentación, la unión es una herramienta poderosa. Porque lo importante no es el quién, es el cómo. Y juntas somos más fuertes.

Pertenecer a un partido político no nos puede llevar a comportarnos como ultras en un estadio de fútbol, donde se defiende un escudo por encima de cualquier lógica, incluso por encima del bien común. La política no puede ser eso. No debe ser eso. Aquí no se trata de gritar más fuerte ni de imponer colores; se trata de jugar el partido con inteligencia, con generosidad y con un objetivo claro: mejorar la vida de la gente.

Porque, al final, de eso va todo esto. De jugar el partido. De mover la pelota. De construir jugadas colectivas que nos acerquen al gol. Y no importa quién marque. No importa el nombre que aparezca en el titular o en la foto. Tan importante es el defensa que sostiene el equipo cuando arrecia el ataque, como el centrocampista que reparte juego, el delantero que define o el portero que salva lo imposible. Sin cada una de esas piezas, el equipo no funciona. Sin equipo, no hay victoria.

Hagamos equipo.

Hoy más que nunca, porque enfrente no hay solo una opción política distinta, hay una visión de sociedad que resulta profundamente inquietante, una visión en la que parece asumirse que “no todos somos iguales”, en la que los derechos pueden depender de quién eres, de dónde vienes o de cuánto tienes. Y frente a eso, no caben medias tintas ni silencios cómodos.

Llamar a la abstención porque no “te gusta el delantero” o porque el “equipo” no es exactamente el que tú habrías elegido es, bajo mi punto de vista, una irresponsabilidad. Porque cuando no juegas, cuando te quedas en casa, no detienes el partido: simplemente dejas que otros lo jueguen por ti. Y entonces, ya no decides.

Recuerdo a mi padre diciéndome: “muchos pocos hacen un mucho”. Es una frase sencilla, pero encierra una verdad enorme. Cada voto cuenta. Cada gesto suma. Cada persona que decide implicarse, aunque crea que su aportación es pequeña, está construyendo algo más grande de lo que imagina.

Por eso, la pregunta no es quién encabeza la lista ni quién saldrá en la foto. La pregunta es otra, mucho más incómoda y mucho más honesta: ¿qué te importa más, el nombre de los jugadores o ganar el partido?.

Porque aquí no se trata de egos, ni de protagonismos, ni de etiquetas. Se trata de futuro. De dignidad. De igualdad. De no retroceder.

Y en los momentos decisivos, la historia no la escriben los que dudan desde la grada. La escriben los que salen al campo, juegan en equipo y lo dan todo hasta el último minuto.

El 17 de mayo no es un día cualquiera.

Es el día en el que decidimos si jugamos… o si dejamos que otros decidan el resultado.

Y esta vez, no podemos permitirnos perder.

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