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Tres en uno: gaypitalismo, feminismo IKEA y activismo low cost

Tres en uno, como los buenos detergentes. Así nos venden hoy la emancipación, en las estanterías de las grandes cadenas comerciales y a precio de saldo. Un producto ligerito al que puede acceder cualquiera de la manera que le dé la gana. Para ser un icono gay, está permitido votar a Esperanza Aguirre con estampados animal print y mucho glamour neoliberal. Ahora alguien puede declararse feminista y a renglón seguido decir que apoya la prostitución porque las mujeres tienen derecho a hacer lo que les dé la gana con su cuerpo; o que aboga por que una mujer pueda comprar y vender su útero para que un rico engendre a una criatura rubia y de ojos azules previo pago de entre 90.000 y 150.000 euros. Donde hay extrema necesidad de la mujer, el capitalismo ve libertad y así lo repiten en sus medios de comunicación, día sí y día también.

Incluso se defiende en nombre del feminismo la violencia contra las mujeres en una película porno o la reducción de los cuerpos a meros objetos sexuales en nombre de la liberación sexual. Hace dos años, mientras Coca-Cola despedía a más de 1.000 trabajadores, las entidades LGTB españolas celebraban que la conocida marca de refrescos había producido un anuncio en el que aparecía una familia de dos hombres con sus respectivos hijos. De los gays despedidos de las fábricas de Coca-Cola no se acordó ni Dior, porque lo importante era: ¡¡LA VISIBILIDAD!!

Susana Díaz, mismamente, es capaz de decir que es feminista en un mitin de su partido y afirmar que aboga “por la igualdad de oportunidades de las mujeres” pero luego consiente que las mujeres que trabajan como auxiliares de ayuda a domicilio estén cobrando 5 euros por hora de los 13 que la Junta de Andalucía destina al servicio. ¿Dónde están los 8 euros restantes? Pues en manos de Clece o Valoriza, empresas de multimillonarios como Florentino Pérez que se están haciendo de oro a costa de explotar a mujeres pobres; que como son pobres se ve que no tienen derecho a la igualdad de oportunidades que se predica desde los estrados finos y elegantes.

Durante mucho tiempo, el PSOE, pero no solamente, ha usado los movimientos feministas y de diversidad sexual para darse una pátina de progresista a la vez que iba modificando leyes y normativas laborales, por las que se iba empobreciendo a la gente que depende de su salario para vivir, entre ellos infinidad de gays, lesbianas, transexuales y mujeres.

Así, hemos llegado a una crisis en la que el 40% de las mujeres que viven solas con sus hijos están en el umbral de la pobreza; un eufemismo para decir que son mujeres con trabajos inhumanos, por los que cobran salarios por debajo de los 900 euros, sin posibilidad de conciliar su vida laboral, familiar y personal y que pasan apuros para darle tres veces de comer al día a sus hijos, para vestirlos, pagar la vivienda y hacer frente a un imprevisto económico.

En medio de un ambiente desolador de empobrecimiento, las proclamas que se ven en los medios de comunicación es el derecho a ir en tacones, a no ir en tacones, a depilarse, a no depilarse, a no tener hijos, a tenerlos o una multitud de facetas para las que no existe ninguna legislación que lo impida. Se está usando las identidades de género, sexuales y raciales para vender emancipación a costar de invisibilizar la insoportable desigualdad y empobrecimiento que viven la capas más sencillas de la población. En el año 2000 podría entenderse que los homosexuales y transexuales nos entretuviésemos en dar un premio a Alaska por su canción ‘A quién le importa’, pero en el año 2017 con un tercio de la población española en la pobreza no se entiende que la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FELGTB) dé un premio a la cantante confesa de votar a Esperanza Aguirre por ser un icono gay. Salvo que la FELGTB entienda que defender los derehos humanos de homosexuales y transexuales es compatible con abogar por el empobrecimiento de éstos.

Tampoco se entiende que por el simple hecho de que Emmanuel Macron, presidente de Francia, haya conformado un gobierno paritario dé lugar a afirmar que el mandatario francés sea un hombre feminista. Esas mujeres y esos hombres que conforman su gobierno serán los que elaboren la derogación del Código del Trabajo para que los salarios –los de las mujeres más que los de nadie- bajen entre un 20 y un 25% como ha ocurrido en España con la Reforma Laboral que excluye a los sindicatos de la posibilidad de negociar los convenios con las empresas. Por si no hay bastante, Macron recortará 60.000 millones de gasto social, medida que también perjudicará a homosexuales, transexuales y mujeres que se ganan la vida con su trabajo.

En el mundo gay, para ser ahora un ser solidario y contestatario sólo necesitas teñirte el pelo de azul chillón, ponerte unas mallas extravagantes, lucir músculos y bailar una canción de Alaska o de Las Nancys Rubias en la disco más cool de la ciudad, aunque luego tengas posturas clasistas, racistas o misóginas. Luis Alegre, exsecretario de Podemos en la Comunidad de Madrid, acaba de publicar un libro en esta línea, titulado ‘Elogio a la homosexualidad’, que viene a decir que ser homosexual es un aglutinante identitario. O lo que es lo mismo, viene a decir que Kike Sarasola, homosexual dueño de la cadena hotelera Room Mate que es señalada por pagar precios de miseria a las camareras de piso que limpian sus hoteles, tiene algo que ver con una lesbiana de Vallecas que se levanta cada mañana para fregar habitaciones de hotel por entre 2 y 3 euros cada una.

Da igual que tu manera de actuar, pensar y producir, fabrique pobres, desigualdad, exclusión o que alquiles el útero de una mujer pobre, lo importante es que seas gay y/o que defiendas la paridad en los consejos de administración. Así, tenemos como resultado que, en Francia, el 25% de los homosexuales voten por la ultraderechista Marine Le Pen, que incluso el número dos del Frente Nacional sea abiertamente homosexual o que el Orgullo LGTB de Madrid ya lo organicen los empresarios y las crónicas de su celebración no cuenten los derechos reclamados, sino la cantidad de dinero recaudado y el número de turistas que visitarán la ciudad.

Nada como el neoliberalismo sabe qué simbología debe usar para vender modernidad donde hay injusticia y odio a los pobres. Los mismos que hacen diez años estaban en contra de los derechos de los homosexuales y de las mujeres, son los mismos que hoy se nutren del gaypitalismo y venden camisetas con eslóganes pseudofeministas, cosidas por niñas de Bangladesh que cobran 30 euros al mes, para seguir engordando su tasa de beneficio a costa de explotar a millones de personas en el mundo en nombre del activismo de IKEA. Y lo que es peor, con la complicidad de a quienes hacen 10 años les negaban el pan y la sal.

Twitter: @RaulSolisEU

Facebook: Raúl Solís

2 Comentarios

  1. Son tiempos de desconcierto apoteósico y mercantilización de las ideas. En los que somos complacientes con la corrupción, y conviene asimilar a los delincuentes con los piquetes de huelga,los populistas radicales (de izquierdas,claro), los manifestantes, los inmigrantes, los sin techo,los mendigos, los revendedores de droga, los okupas, los titiriteros y graffiteros …

  2. Alaska y Mario dijeron en “Yu no te pierdas nada” (programa de radio) que nadie (jueces, policía) debía meterse en lo que pasara dentro de la casa de cada uno. Una opinión conservadora y casposa que perpetúa la violencia doméstica. Pero son considerados muy modernos y muy “guays”… muy loco todo…

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