Rafa Rodríguez
1. La vivienda y la ciudad
a) La vivienda como centro de la vida social
La vivienda es más que la tenencia de un inmueble. Constituye la base de la estabilidad y la seguridad de las personas y las familias. Es el centro desde el que proyectamos nuestra vida social, emocional y económica, donde podemos vivir en paz, con seguridad y dignidad. Es el espacio desde el que organizamos nuestra existencia cotidiana.
En la vivienda se desarrollan la vida familiar, los cuidados, el descanso, la convivencia, la educación y una parte creciente del trabajo. Es el domicilio que permite empadronarse, recibir comunicaciones, acceder a determinadas prestaciones y mantener una vinculación estable con la comunidad.
Disponer de una vivienda adecuada no constituye una necesidad sectorial más, sino es un derecho y una condición previa para el ejercicio efectivo de otros muchos derechos. La vivienda separada de los servicios, espacios públicos y relaciones urbanas puede proporcionar alojamiento, pero no el derecho a la ciudad[1].
La Organización Mundial de la Salud relaciona expresamente la vivienda con la salud y las políticas sanitarias y sociales, por lo que formula recomendaciones sobre hacinamiento, temperaturas interiores, accesibilidad y seguridad[2].
b) De la vivienda al barrio
Las viviendas no existen aisladamente. Su agrupación conforma edificios, calles y barrios, y la distribución de estos configura la ciudad. El barrio es el primer espacio de transición entre la vida privada y la vida colectiva. Allí se producen las relaciones vecinales, el comercio cotidiano, los desplazamientos próximos, los cuidados comunitarios y la participación social.
La vivienda es mucho más que uno de los usos que contiene el barrio. Es el elemento que genera su población, determina buena parte de sus necesidades y justifica la implantación de servicios y equipamientos[3]. La cantidad, densidad, tipología y régimen de tenencia de las viviendas condicionan la forma y la composición social del barrio.
La localización de la vivienda determina la distancia al empleo, la calidad del transporte público, el acceso a colegios y centros sanitarios, la proximidad a zonas verdes y la exposición a contaminación, ruido, inundaciones o temperaturas extremas. Una vivienda situada lejos del empleo y mal conectada requiere mayor tiempo de desplazamiento, dependencia del automóvil, problemas para conciliar la vida laboral y familiar o dificultad para acceder a los servicios esenciales.
c) Del barrio a la ciudad
Los barrios forman la ciudad, pero no todos proporcionan las mismas oportunidades. La relación del barrio con el conjunto de la ciudad determina la distribución territorial de los recursos, y la vivienda es el mecanismo principal mediante el cual las personas acceden a esa distribución. Esta relación puede facilitar o restringir la renta. La educación, el empleo, la salud, la movilidad y la participación social. La ciudad no es un escenario neutral donde simplemente aparecen las desigualdades: su organización territorial contribuye a producirlas, reproducirlas o corregirlas[4].
Andalucía es la Comunidad donde se ubican los barrios más pobres de España y de la Unión Europea. Estos barrios sufren la falta de inversión pública, la segregación urbana, el paro y la precariedad laboral, la falta de servicios públicos, bajos niveles formativos, la inseguridad ciudadana, graves problema con los servicios básicos esenciales, apagones, calles sin mantenimiento, deficiencias en la recogida de basura, etc. con una intensidad que vulnera los derechos humanos más elementales. Se trata de una situación de emergencia social, donde hay un elevado porcentaje de población en riesgo de pobreza y exclusión social. Sufren con más intensidad el cambio climático porque concentran el aumento de las temperaturas tanto en el exterior como en el interior de las viviendas[5].
d) De la ciudad al territorio
La localización de las viviendas y de los barrios también organiza el territorio en una escala superior. La concentración de población determina la necesidad de carreteras, ferrocarriles, transporte metropolitano, redes hidráulicas, energía, tratamiento de residuos y grandes equipamientos sanitarios o educativos, con efectos que superan los límites municipales. Comarcas y áreas metropolitanas constituyen una escala necesaria para organizar la movilidad, los servicios y, por consiguiente, importantes decesiones sobre la financiación para ese territorio.
2. La vivienda y la igualdad
La vivienda es uno de los principales mecanismos de producción y reproducción de la desigualdad[6]. Un punto de conexión entre renta, patrimonio, territorio y oportunidades. Los mecanismos de desigualdad actúan al menos en cinco dimensiones:
- La desigualdad en el acceso. Las personas no compiten en las mismas condiciones para acceder a una vivienda. Sus posibilidades dependen de los ingresos, la estabilidad laboral, el ahorro previo, el acceso al crédito y la ayuda familiar.
- La desigualdad territorial. Los precios seleccionan qué grupos pueden residir en cada zona. La desigualdad económica se convierte en segregación espacial.
- La desigualdad patrimonial. Quien adquiere una vivienda puede acumular patrimonio y beneficiarse de su revalorización. Quien vive de alquiler destina una parte de su renta al alojamiento sin formar un activo equivalente. La propiedad heredada amplifica estas diferencias entre familias y generaciones. Para los propietarios, cuando han pagado la hipoteca, la vivienda actúa como patrimonio, seguridad económica y posible fuente de herencia.
- La desigualdad de oportunidades. La localización residencial condiciona la calidad del entorno, las redes sociales, el acceso al empleo y los servicios disponibles. La desigualdad en vivienda acaba proyectándose sobre otras dimensiones de la vida.
- La desigualdad de renta. Los ingresos nominales no reflejan por sí solos la capacidad económica real de una familia. Para establecerla es necesario descontar los gastos asociados a la vivienda. El coste total de la vivienda incluye el alquiler o la hipoteca, suministros de agua, electricidad o wifi, el recibo de la comunidad, la conservación, impuestos y tasas y, en muchos casos, el transporte derivado de su localización. Dos hogares con los mismos ingresos pueden disfrutar de niveles de vida muy distintos si uno dispone de una vivienda pagada y el otro soporta un alquiler elevado. El segundo tendrá menor capacidad de consumo, ahorro, formación, ocio y protección frente a acontecimientos imprevistos. Este enfoque permite hablar de una renta disponible después de la vivienda. Un hogar puede situarse estadísticamente por encima del umbral de pobreza y, sin embargo, quedar en una situación de pobreza relativa después de pagar el alquiler o la hipoteca.
3. Vivienda y ciclo vital
La vivienda condiciona las principales transiciones de la vida. Cuando el acceso se retrasa, también lo hacen la emancipación, la formación de hogares y, en ocasiones, la maternidad y la paternidad. Cuando mudarse o trasladarse resulta excesivamente costoso, se reduce la movilidad laboral o académica. Cuando las personas mayores viven en edificios sin ascensor o en viviendas inadecuadas, aumenta su dependencia. La política de vivienda es, por tanto, también política de juventud, inmigración, familia, cuidados, empleo, envejecimiento y demografía.
4. Una propuesta municipalista basada en garantizar el derecho a una vivienda digna para organizar una ciudad igualitaria y participativa
Si se acepta que la vivienda es el centro de la vida social y uno de los principios organizadores de la ciudad y el territorio, la vivienda puede concebirse como el núcleo de una estructura concéntrica en el que cada nivel condiciona al siguiente y, al mismo tiempo, depende de él.
Toda persona tiene derecho a una vivienda digna y es obligación de los poderes públicos permitir que pueda acceder a ella en función de la renta disponible. La vivienda genera y vertebra las necesidades colectivas y al barrio, que a su vez proporciona el entorno inmediato y articula la ciudad; la ciudad distribuye oportunidades y proyecta el territorio donde se organizan las grandes redes e infraestructuras.
El conjunto de esta estructura concéntrica determina la igualdad o desigualdad social y territorial, la calidad y accesibilidad del entorno, la lucha y adaptabilidad frente al cambio climático, la proximidad al empleo y los servicios, el coste de las infraestructuras y la capacidad de adaptación a las distintas etapas vitales.
La vivienda no es simplemente un producto final que se introduce en una ciudad previamente organizada. Es uno de los elementos básicos que construyen la propia ciudad, distribuyen a la población y determinan la geografía de la igualdad y la desigualdad.
El objetivo es construir una ciudad que garantice el derecho a la vivienda en un ecosistema habitable y territorialmente integrado. Esto exige coordinar vivienda, urbanismo, movilidad, medioambiente, equipamientos, políticas sociales y desarrollo económico, pero sobre todo una propuesta para el gobierno de la ciudad basada en la participación ciudadana donde los barrios deciden.
NOTAS
[1] El derecho a la ciudad (1968) es el título de la obra de Henri Lefebvre fundamental para comprender la ciudad como espacio socialmente producido y el derecho de los habitantes a participar en su construcción.
[2] OMS. Housing and Health Guidelines. https://www.who.int/publications/i/item/9789241550376
[3] Servicios como:
- Abastecimiento de agua, saneamiento, electricidad y telecomunicaciones.
- Calles, alumbrado, limpieza y recogida de residuos.
- Transporte público y conexiones viarias.
- Escuelas, centros sanitarios y servicios sociales.
- Instalaciones deportivas y culturales.
- Comercio y actividad económica.
- Parques, zonas verdes y espacios públicos.
- Seguridad, accesibilidad y protección frente a riesgos.
[4] Es clave en este sentido la obre de David Harvey, en particular Urbanismo y desigualdad social. Siglo XXI. 1977.
[5] Ver la Proposición No de Ley aprobada por el Congreso de los Diputados sobre barrios con menor renta y la Proposición de Ley Integral para Barrios Vulnerables, actualmente en tramitación.
[6] Jesús Leal. El análisis sociológico del problema de la vivienda.
https://reis.cis.es/index.php/reis/article/download/2163/2419
La imagen representa una obra del pintos Juan Genovés
Paralelo 36 Andalucia Espacio de pensamiento y acción política
