Rafa Rodríguez
La posición geoestratégica de Andalucía para el tráfico de cocaína
Andalucía ocupa una posición geoestratégica especialmente vulnerable. Su proximidad a Marruecos y Gibraltar, su doble fachada atlántica y mediterránea, la extensión de su litoral, la existencia de desembocaduras y cursos navegables y su proximidad a algunas de las principales rutas marítimas internacionales, la convierten en un espacio particularmente atractivo para las organizaciones criminales transnacionales.
A estas condiciones geográficas se añaden una intensa actividad turística, agrícola, portuaria, logística e inmobiliaria, susceptible de proporcionar cobertura a las actividades criminales y oportunidades para introducir, almacenar, transportar y blanquear los beneficios de la droga.
El fuerte crecimiento de la producción mundial de cocaína, especialmente en Colombia, ha incrementado extraordinariamente la oferta disponible para los mercados internacionales y ha favorecido la diversificación de las rutas utilizadas para introducirla en Europa. Junto a los grandes puertos de contenedores, adquieren creciente importancia las rutas atlánticas y africanas y la utilización de embarcaciones que permiten desembarcar directamente en las costas europeas. La superproducción de cocaína en Colombia coincide con la presión de EE UU contra los cárteles que introducen droga en su territorio, lo que está potenciando la narco-ruta atlántica africana.
El fenómeno presenta, además, una creciente diversificación territorial: Cádiz y Huelva mantienen una posición central en las rutas marítimas; Sevilla y el Guadalquivir adquieren importancia como corredor de penetración hacia el interior; Málaga y la Costa del Sol concentran organizaciones criminales internacionales, actividades financieras y blanqueo; mientras Granada y Almería presentan dinámicas propias relacionadas con la producción de cannabis, la logística y las conexiones internacionales.
El resultado es la progresiva configuración de Andalucía como un espacio criminal interconectado, aunque con distinta intensidad y funciones según cada territorio, con conexiones internacionales hacia toda Europa.
Del hachís a la cocaína
Las mismas organizaciones asentadas en el Campo de Gibraltar y la Costa del Sol que tradicionalmente introducían hachís están empleando embarcaciones y rutas similares para la cocaína. Desde hace tres o cuatro años lo que era secundario ha pasado a ser habitual. La Fiscalía Especial Antidroga advierte expresamente de que las embarcaciones de alta velocidad ya no se utilizan exclusivamente para introducir hachís y que cada vez participan más en el transporte de cocaína. Entre diciembre de 2024 y enero de 2025 se intervinieron 10 toneladas en apenas dos semanas en zonas próximas al Guadalquivir. Durante marzo y abril de 2026 además alrededor de 11 toneladas en la provincia de Huelva, según datos difundidos por la AUGC. La fachada atlántica andaluza aparece así cada vez más integrada en las grandes rutas internacionales de la cocaína.
El tráfico de cocaína ha supuesto un salto cualitativo en el uso de la violencia
La evolución reciente del narcotráfico permite hablar de un cambio cualitativo del crimen organizado en Andalucía. El tradicional tráfico de hachís no ha desaparecido, pero sobre las rutas, infraestructuras y conocimientos desarrollados durante décadas, se está superponiendo una creciente circulación de la cocaína, mucho más integrada en redes criminales transnacionales y acompañada de estructuras logísticas, financieras y de protección cada vez más sofisticadas.
La creciente importancia del tráfico de cocaína coincide con un cambio cualitativo en la violencia asociada al narco. No significa que el tradicional tráfico de hachís fuese una actividad pacífica ni que toda la violencia actual pueda atribuirse a la cocaína. Lo relevante es que la mayor internacionalización de las organizaciones, el enorme valor económico de los cargamentos y la competencia por su control aparecen acompañados de una creciente capacidad logística, financiera y armamentística.
Con el tráfico de cocaína, las mafias están llevando a cabo un proceso más amplio de profesionalización, capacidad económica y creciente poder coercitivo. Han surgido organizaciones con una capacidad logística, económica y armamentística considerable que utilizan embarcaciones y vehículos de gran potencia, sistemas sofisticados de comunicaciones, guarderías para almacenar grandes cantidades de droga y redes de blanqueo de capitales. Es habitual el uso de lanchas rápidas semirrígidas, embarcaciones de recreo o barcos pesquero para colar la enorme cantidad de cocaína.
Las mafias de la coca han desarrollado además estructuras capaces de recurrir a acciones planificadas con extrema violencia. El uso de fusiles de asalto y otras armas de guerra las utilizan para defenderse de grupos rivales y prevenir posibles robos de drogas, conocidos como vuelcos o llevar a cabo venganzas, incluso en espacios públicos poniendo en peligro a personas completamente ajenas a ellos, pero también contra a las propias fuerzas policiales.
La Fiscalía ha advertido expresamente del incremento de la violencia y de la presencia de armas de guerra. Los cuerpos de seguridad han detectado mercenarios albaneses y serbios y miembros de bandas latinas, que no están fichados porque vienen, hacen su trabajo, escoltan la droga hasta sus últimas consecuencias y se van. Son profesionales sin escrúpulos[1].
La fiscalía señala que en Huelva, durante 2024, aparecieron armas de este tipo en prácticamente todas las desarticulaciones de organizaciones criminales y describe descargas de droga protegidas por individuos encapuchados, con apariencia paramilitar y armados con fusiles Kalashnikov.
Policías y guardias civiles alertan de la magnitud de la violenta realidad a la que se enfrentan casi a diario. No alarma únicamente el número de delitos, sino la capacidad logística, económica y coercitiva alcanzada por algunas organizaciones criminales. Los ataques armados contra las fuerzas de seguridad indican que el crimen organizado está desbordando la capacidad de respuesta del Estado. El poder que ha alcanzado el narco con el tráfico de cocaína ha descompensado la lucha.
Narcotráfico y blanqueo: el dinero no se queda en la playa
No hay narcotráfico sin blanqueo. Y en Andalucía el blanqueo como ejes el sector inmobiliario, sociedades instrumentales y grandes operaciones en efectivo.
Las organizaciones mafiosas que operan en Andalucía no se sostienen únicamente sobre la violencia, el tráfico de drogas o la trata de personas especialmente de mujeres inmigrantes, sino también sobre complejos entramados societarios y financieros destinados a ocultar, mover y blanquear los beneficios obtenidos ilegalmente. Para ello recurren a sociedades mercantiles, testaferros, compraventa de inmuebles, negocios aparentemente legales, movimientos internacionales de capital y estructuras empresariales que dificultan identificar al verdadero propietario del dinero y reconstruir su origen.
Las investigaciones judiciales en la Costa del Sol han evidenciado cómo redes internacionales utilizan el mercado inmobiliario de lujo para lavar capitales. El dinero del narco termina en promociones urbanísticas, sociedades pantalla y operaciones opacas.
Durante 2024 constan 98 causas por blanqueo, frente a 122 en 2023; 13 diligencias de investigación penal; 199 escritos de acusación, de los que 56 corresponden a Cádiz, 28 a Málaga y 25 a Sevilla; y 38 juicios, 25 de ellos en el Campo de Gibraltar. En enero de 2025 el CRAIN[2] desarticuló una estructura dedicada al blanqueo y financiación de organizaciones de narcotraficantes. Se bloquearon 415 cuentas bancarias con 1,5 millones de euros y 20 inmuebles valorados en unos 3,2 millones.
El poder económico de las mafias
A través del blanqueo de capitales, estas mafias constituyen un entramado económico, compuesto por organizaciones principales y redes periféricas de servicios, que generan estructuras económicas aparentemente legales y pueden arraigar socialmente en determinados territorios. Alrededor de ellas se desarrolla también una cadena logística criminal especializada.
Este componente económico resulta esencial porque permite transformar los beneficios del narcotráfico y de otras actividades criminales en patrimonio aparentemente legítimo, reinvertirlos y garantizar la continuidad de la organización.
Alrededor de las grandes organizaciones se ha desarrollado una auténtica economía criminal de servicios. Existen grupos especializados en proporcionar embarcaciones, combustible, pilotos, comunicaciones cifradas, vigilancia, lugares de almacenamiento, vehículos, documentación, seguridad armada o mecanismos de blanqueo. Esta especialización permite compartir recursos entre distintas organizaciones, sustituir rápidamente los eslabones desarticulados y aumentar la resiliencia del sistema criminal frente a la actuación policial.
Esta evolución resulta especialmente relevante porque transforma el narcotráfico desde una sucesión de organizaciones relativamente independientes hacia un ecosistema criminal interconectado, en el que diferentes grupos nacionales y transnacionales compran y venden servicios ilícitos. La desarticulación de una organización concreta no supone necesariamente la desaparición de la infraestructura que utilizaba, que puede continuar prestando servicios a otras redes.
Estas mafias también han conseguido penetrar o corromper a personas encargadas de combatirlas. La Fiscalía ha alertado precisamente del poder de corrupción asociado al narcotráfico. En 2024 se incoaron procedimientos por delitos contra la salud pública a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o Vigilancia Aduanera: 3 en Cádiz, 1 en Sevilla y 1 en Granada, además de otros en Ceuta. En Sevilla hubo un procedimiento con once acusados relacionado con 367 kg de cocaína, entre los cuales figuraban funcionarios policiales.
Un subsistema de violencia relacionado con el crimen organizado
Estas circunstancias no convierten Andalucía en un territorio generalmente inseguro. Los indicadores globales de criminalidad y violencia continúan situándola dentro de los parámetros propios de una sociedad segura. El riesgo es la concentración territorial de organizaciones con un extraordinario poder económico, logístico y coercitivo, capaces de utilizar armas automáticas, contratar servicios criminales especializados, corromper colaboradores, blanquear grandes cantidades de dinero, generar estructuras económicas de apariencia legal y reconstruir rápidamente las estructuras desarticuladas.
Andalucía continúa presentando niveles generales de violencia bajos en términos internacionales, pero dentro de ese contexto se ha consolidado un subsistema de violencia relacionado con el crimen organizado que utiliza medios muy superiores a los de la delincuencia convencional. El riesgo no está, por tanto, en una generalización de la violencia a toda la sociedad andaluza, sino que determinadas organizaciones adquieran una capacidad coercitiva suficiente para desafiar localmente al Estado democrático y poner en peligro a los funcionarios de los cuerpos de seguridad y a ciudadanos ajenos a sus conflictos.
NOTAS
[1] https://elpais.com/espana/2026-08-23/vivir-y-luchar-con-el-narco-la-guerra-invisible-de-los-policias-del-sur-es-cuestion-de-tiempo-que-nos-maten.html
[2] Centro Regional de Análisis e Inteligencia contra el Narcotráfico, con sede en Sevilla.
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