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¡Otra batalla ganada!

Manuela Martínez / Hay quien nos acusa de no haber hecho lo suficiente para evitar la reforma laboral que el Gobierno impuso por decreto y que se convirtió en ley a su paso por el Parlamento. Como si los sindicatos y los sindicalistas fuésemos los responsables de la mayoría absoluta que ostenta el Partido Popular, de que haya otros partidos políticos en el arco parlamentario que apoyen la reforma y que hasta deseen una vuelta de tuerca más si se pone a tiro, o de que los partidos de izquierda no tengan la mayoría suficiente para que sus enmiendas sean tenidas en cuenta, al menos de vez en cuando. Como tampoco somos responsables de que el gobierno de Rajoy utilice el rodillo, mienta sistemáticamente y falte el respeto a la ciudadanía, no negocie ni acuerde, imponga, ningunee al Parlamento e intente deslegitimar un día sí y otro también a las instituciones democráticas que no aceptan ser un mero títere al servicio de unos pocos.

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¿De qué sí somos responsables? De convocar cientos de huelgas y movilizaciones contra esa maldita reforma laboral y sus consecuencias, de intentar esquivarla para que no se aplique con toda su crudeza en los centros de trabajo, de boicotear sus efectos gracias al buen hacer de nuestros abogados y abogadas laboralistas, de frenar su aplicación reforzando la negociación colectiva para que ningún trabajador quede desprotegido sin un convenio que regule sus condiciones laborales. Cierto que no conseguimos todos nuestros objetivos porque la ley está ahi, pero también lo es que lo intentamos con todas nuestras fuerzas.

Es curioso. El gobierno pretendía cargarse la negociación colectiva y se ha encontrado con una sorpresa que no esperaba. Por un lado, la capacidad de reacción y de adaptación de los sindicatos a la nueva realidad. Y eso que utilizaron a la caverna mediática y a sus activistas en las redes sociales para difundir la falsa idea de que la negociación colectiva era algo que sólo nos interesaba a nosotros. Que en realidad, nuestro rechazo se debía a que estábamos peleando por nuestra supervivencia como organización, porque al debilitar la negociación colectiva (o anularla, como les gustaría) debilitaban y deslegitimaban a los sindicatos de clase.

Por otro lado, en su intento por empercudir las relaciones laborales, se olvidaron de algo muy importante. Para las empresas, en su mayoría pequeñas y medianas no olvidemos, operar en un marco de relaciones laborales con unas reglas de juego aceptadas por los agentes implicados da mucha más seguridad que hacerlo en un mercado de trabajo convertido en una auténtica jungla, en una ciudad sin ley en la que competir en igualdad sea una quimera.

Esa realidad y que los sindicalistas de la UGT no damos ninguna batalla por perdida, explica en buena medida el éxito de hoy.

Me explico. El sector del Metal en Granada se había quedado sin convenio colectivo. Más de 6.000 trabajadores llevaban desde 2008 con el mismo convenio. La crisis se nos echó encima y no había manera de sacarlo adelante. Y la reforma laboral fue la puntilla, con la inestimable colaboración del TSJ de Andalucía, que fulminó nuestra pretensión de mantenerlo vigente mientras se continuaba negociando uno nuevo. Su sentencia del 15 de abril fue un jarro de agua fría para los delegados y delegadas y para los trabajadores afectados. De un día para otro, se quedaron sin convenio colectivo, sin los derechos conseguidos después de más de 40 años de lucha sindical, con el Estatuto de los Trabajadores y el Salario Mínimo Interprofesional.

Me consta que han sido horas y horas de trabajo sindical, elaborando la plataforma del nuevo convenio, estudiando propuestas y contrapropuestas, reuniones de la comisión negociadora, llamadas, mensajes, reuniones con los delegados, con los trabajadores, convocatoria de huelga prevista a partir del 2 de junio, varias manifestaciones semanales a partir de ese día para forzar la negociación… semanas de un ritmo frenético, en definitiva. Pero ha merecido la pena.

La asamblea de trabajadores del sector del Metal en Granada ratificó anoche por amplia mayoría (90%) el preacuerdo alcanzado entre la patronal, CCOO y UGT. Eso quiere decir que los más de 6.000 trabajadores en activo, más todos los que durante los cuatro años de vigencia del convenio comiencen a trabajar en alguna de las empresas del sector, estarán protegidos por el  convenio colectivo provincial que se ha firmado esta mañana.

Hoy es uno de esos días en los que me siento especialmente orgullosa de ser sindicalista, de tener la suerte de compartir actividad sindical con personas que viven con pasión las luchas y logros, grandes y pequeños, en beneficio de la clase trabajadora y de la ciudadanía en general. Compañeros y compañeras que con humildad, compromiso y dedicación, intentan ser útiles a los demás, sin esperar nada a cambio, que se equivocan como cualquiera, pero que saben rectificar. Y por qué no reconocerlo, algunos sindicalistas son tan buenos que aciertan casi siempre. Como el compañero Paco y su equipo.

¡Enhorabuena campeones!

@Manuela_MJ

Nota aclaratoria:

Por supuesto que hay empresarios-piratas que están encantados con la reforma laboral, que aplaudieron la sentencia del TSJA y que no entenderán que la patronal haya negociado y ratificado el preacuerdo, igual que hay muchos otros que sin escrúpulos operan en la economía sumergida. Pero esa es otra historia. Y contra ellos debería actuar la administración para evitar el fraude fiscal, social y laboral, así como la competencia desleal que tanto les favorece económicamente, perjudicando a los empresarios que sí cumplen.