
Rafa Rodríguez
1. Ante una nueva crisis global, la respuesta desde Andalucía
a) La situación actual de destrucción del suministro energético
Los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán y el Líbano están provocando, además de una tragedia humanitaria, la destrucción de las infraestructuras de petróleo y gas en todo Oriente Medio, con el estrecho de Ormuz bloqueado y millones de barriles de petróleo sin poder llegar a los mercados.
Esta drástica caída de la producción y la distribución de la energía fósil afecta, más allá de los vaivenes del mercado, a los precios de los carburantes, los fertilizantes, los alimentos, las hipotecas y los insumos críticos para la producción, con efectos directos sobre la inflación, la deuda, el crecimiento y las cadenas de suministro globales. La destrucción del orden internacional que han emprendido Netanyahu y Trump, añade un factor de incertidumbre y destrucción.
La energía es la base fundamental de la economía, aunque como insiste Steve Keen la economía convencional no comprende la dependencia de la economía respecto a la energía. Esta crisis energética global puede provocar una crisis económica mundial, especialmente en los países que dependen en gran medida de las importaciones de combustibles fósiles.
Más allá de las medidas coyunturales como la mayor liberación de reservas estratégicas de petróleo jamás realizada o la bajada de impuesto a los carburantes, la evidencia de la vulnerabilidad del actual modelo muestra la urgencia de acelerar la transición hacia fuentes más seguras y sostenibles con una transformación estructural a través de energías renovables 100% + electrificación.
b) La emergencia climática y la agudización de la crisis ecológica
Después de que en el año 2025 las temperaturas alcanzaran nuevos récords globales, con los meses más calurosos jamás registrado (1,75 °C por encima del nivel preindustrial) y la concentración de CO2 se incrementara más que nunca con un nivel global que ha llegado a su máximo (423,9 partes por millón -ppm-), la guerra en Irán está agravando la crisis ecológica con nubes tóxicas y vertidos en el Golfo Pérsico.
En las primeras semanas del conflicto, se liberaron aproximadamente 5 millones de toneladas de CO2 debido a incendios en refinerías e infraestructura. Los bombardeos de infraestructuras críticas han arrojado contaminantes peligrosos y metales pesados. Los ataques a petroleros y cargueros han generado vertidos de petróleo en el Golfo Pérsico, provocando un desastre ambiental marino, mientras que la quema de combustibles provoca la contaminación de los acuíferos y tierras cultivables
Más de 50.000 edificios destruidos en Irán y el Líbano han generado escombros contaminados. La guerra intensifica la ya grave crisis de agua y sequía que sufría la región desde años anteriores.
c) El gobierno de coalición lidera el No a la guerra
Ante esta situación, es necesario la denuncia de estas guerras criminales. El “no a la guerra” del gobierno de coalición, además de no autorizar el uso de las bases de Rota y Morón y cerrar el espacio aéreo para cualquier intervención en la guerra, se ha convertido en un referente internacional. Pero también es necesario que la alternativa a la crisis energética se convierta en una prioridad política de primer orden.
d) La desigualdad estructural de Andalucía
La transformación estructural del sistema energético a través de energías renovables 100% + electrificación, constituye además el ariete más importante para superar la desigualdad crónica que sufre Andalucía, tal como expresan todos los indicadores económicos y sociales (tasa de paro, PIB, pobreza, barrios vulnerables o sueldos o pensiones medias). En Andalucía tenemos una situación privilegiada para las energías renovables (la elevada radiación solar, extensión territorial y tecnología propia). Para la transformación estructural de Andalucía desde la justicia social, la transición energética es la base del cambio.
2. Los déficits del sistema energético andaluz
Andalucía se encuentra en una posición paradójica en la transición energética: es ya una potencia en generación eléctrica renovable, pero sigue rezagada en el conjunto del sistema energético y en la reducción efectiva de emisiones. Andalucía apenas supera hoy el 20% de energías renovables en el consumo final, lo que revela una brecha estructural, por el consumo de energías fósiles en el transporte, la industria y la vivienda. Andalucía corre el riesgo de consolidarse como un territorio productor de energía renovable, pero sin autonomía energética real ni una mejora sustancial en las condiciones de vida de su población.
3. La perspectiva. Transformar Andalucía
Andalucía dispone de una oportunidad histórica para transformar su modelo energético y, con ello, su modelo económico y social. La transición hacia un sistema basado en energías renovables y electrificación no es solo una cuestión ambiental, sino también de justicia social, autonomía estratégica y resiliencia frente a crisis externas como este shock petrolero derivado de la guerra.
Con energías renovables + electrificación no solo se reducirían emisiones y dependencia exterior, sino que se bajarían los precios, generaría empleo de calidad y reforzaría el tejido económico andaluz, siendo la apalanca más potente para la reindustrialización, la innovación y desarrollo tecnológico. Esquemáticamente significaría:
- Reindustrializar Andalucía, abaratando costes.
- Bajar el precio de energía para las familias y empresas.
- Alcanzar la autonomía energética.
- Hacer frente al cambio climático.
- Democratizar y descentralizar la energía frente a los oligopolios.
4. Objetivos
a) Reducción de los combustibles fósiles: petróleo y gas
Abandono progresivo de los combustibles fósiles y la descarbonización de la economía para 2040, reduciendo la demanda energética a la mitad y estableciendo un sistema energético 100 % renovable.
b) Electrificación masiva
La electricidad es la energía compatible con la calidad del aire de las ciudades y es el vector fundamental para incorporar las energías renovables a nuestra dieta energética, por lo que constituye la piedra angular del modelo energético del futuro.
c) Transformación industrial
Al disponer de una fuente abundante de energía limpia y de costes más estables las empresas pueden reducir sus costes energéticos y ganar competitividad. La electrificación de los procesos industriales abre la puerta a nuevas actividades productivas, a la modernización tecnológica y a la atracción de inversiones vinculadas a sectores estratégicos. Este cambio favorece la creación de empleo cualificado y estable, ligado a la innovación, el mantenimiento y la gestión de sistemas energéticos avanzados. Además, permite reducir de forma significativa las emisiones y el impacto ambiental de la actividad industrial, alineando el desarrollo económico con la sostenibilidad y la protección del entorno.
d) Cambio en movilidad
Impulsar un cambio radical en el sistema de transporte basado hoy sobre todo en el consumo de productos petrolíferos y derivados. Resulta necesario sustituirlos por medios de movilidad más eficientes energéticamente, priorizando el ferrocarril y el transporte colectivos en los núcleos urbanos.
e) Impulsar la eficiencia energética tanto en los edificios
La rehabilitación energética de viviendas, el aislamiento térmico y el uso de tecnologías eficientes disminuyen el consumo y la factura energética, mientras que el autoconsumo renovable acerca la producción al punto de uso, reduciendo pérdidas y dependencia exterior.
f) Hacer realidad el derecho de toda persona a tener electricidad suficiente.
Al reducir los costes estructurales de la energía y permitir una producción más distribuida y cercana al consumo, las renovables ofrecen mayor estabilidad de precios, mientras que la electrificación facilita el acceso universal a servicios básicos como climatización, iluminación o cocina. Además, el impulso al autoconsumo, las comunidades energéticas y las políticas públicas de apoyo deben garantizar que este acceso sea equitativo, combatiendo la pobreza energética y convirtiendo la energía en un verdadero derecho social.
g) Diálogo y el consenso para definir la senda de transición energética
Es necesario articular espacios de participación que integren a administraciones, trabajadores, empresas, comunidad científica y ciudadanía, con el fin de definir una senda compartida que sea socialmente justa, ambientalmente sostenible y económicamente viable. Solo a través de acuerdos amplios y estables será posible garantizar que la transición energética avance con legitimidad y cohesión social.
5. Los enemigos del cambio
La cuestión energética no es técnica, sino profundamente política: se trata de decidir si Andalucía quiere ser un actor protagonista de la transición energética o un espacio periférico al servicio de intereses externos. La transición energética es de sentido común, pero tiene poderosos enemigos:
a) El trumpismo
Trump no solo está trabajando para detener la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles en Estados Unidos, sino que está presionando a otros países para que flexibilicen sus compromisos de lucha contra el cambio climático y, en su lugar, quemen más petróleo, gas y carbón.
Trump está reduciendo de manera drástica las ayudas federales a los vehículos eléctricos y a la energía solar y eólica; está aplicando aranceles, gravámenes y otros mecanismos para inducir a otros países a quemar más combustibles fósiles. Su animadversión se centra especialmente en la industria eólica, que es una fuente de electricidad bien establecida y en crecimiento en muchos países europeos, así como en China y Brasil.
b) La coalición fósil en España
Los intereses de las oligarquías energéticas están dificultando la transición energética. Las “puertas giratorias” con la presencia de ex-altos cargos de diversos gobiernos en los consejos de administración de las principales empresas energéticas españolas, han sido claves para incrementar sus beneficios por la distribución y venta de los combustibles fósiles, aunque sean perjudiciales para el conjunto de la sociedad, del medio ambiente y de la actividad económica.
c) La extrema derecha
La extrema derecha está propagando un discurso negacionista del cambio climático que está siendo asumido por el PP. Rechazan la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, trazada en el Acuerdo de París, donde se detallan 17 objetivos para reducir la pobreza, lograr un planeta saludable, disminuir las desigualdades de género, erradicar el hambre y crear empleo decente. Nada a lo que alguien medianamente sensato podría oponerse. Cuando logran gobernar se retiran de las negociaciones multilaterales y emprenden el desmontaje sistemático de la legislación ambiental y energética nacional con un impulso redoblado a los combustibles fósiles.
d) El gobierno del PP en la Junta de Andalucía
Todo depende de quien gobierne. El actual gobierno del PP en la Junta está reproduciendo el modelo actual en el que Andalucía sigue rezagada en el conjunto del sistema energético y en la reducción de emisiones por lo que corremos el riesgo de continuar en una posición subalterna y dependiente.
6. La transición energética, una prioridad para un gobierno andaluz de progreso que propone “Por Andalucía”
La prioridad para un gobierno andaluz de progreso que propone Por Andalucía es descarbonizar nuestro sistema eléctrico, a la vez que lo descentralizamos y democratizamos. Modernizar la red eléctrica, a la vez que la preparamos para los retos de este siglo. Electrificar la industria, reduciendo sus necesidades materiales y avanzando hacia una economía circular. Electrificar nuestra movilidad, reforzando la red de ferrocarriles y el transporte público y rediseñando nuestras ciudades para que sean más amables y humanas. Garantizar la calidad térmica de nuestros hogares, que deben ser asequibles y parte del contrato social mínimo para toda persona.
Para ello proponemos una estrategia integral basada en planificación pública, democratización energética, desarrollo tecnológico y cohesión territorial que nos permitiría avanzar hacia un modelo de soberanía energética basada en energías 100% renovables + electrificación.
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