Rafa Rodríguez
Viktor Orbán ha sido derrotado. Por primera vez en 16 años, el gobernante de la ultraderecha nacionalista, el aliado de Putin, Trump y Netanyahu; el enemigo de la UE que ha desarrollado una legislación reaccionaria y que ha erosionado la democracia en medio de una enorme corrupción, ha perdido las elecciones estrepitosamente.
Péter Magyar será el próximo primer ministro del partido Tisza-Partid Respeto y Libertad, fundado en 2021. En 2024 era todavía un partido minoritario, pero fue alcanzando notoriedad cuando Magyar se unió con su movimiento no partidista Comunidad de Húngaros de Pie.
En las elecciones parlamentarias que han se celebraron el domingo 12 de abril de 2026, Tisza ha ganado de forma arrolladora con más de dos tercios del parlamento, por lo que tendrá una mayoría constitucional suficiente para deshacer las reformas de Orbán que han restringido derechos y libertades.
En estas elecciones ha habido una participación masiva, no porque el Magyar refleje las posiciones ideológicas de todos los que lo han votado, sino porque era la única posibilidad real de cambio, y los húngaros la han aprovechado por completo.
La derrota es también la derrota el trio de la muerte, Netanyahu, Trump y Putin. Vance, vicepresidente de los EE. UU., ha viajado a expresamente a Hungría para hacer campaña a favor de Fidesz, el partido de Orbán, concentrando en la Unión Europea el objetivo de todos sus ataques.
Y es una victoria para la democracia y la UE, que sufría el boicot y la traición de Orbán, que incluso le pasaba información de lo que se debatía en las instituciones comunitarias a Putin y había bloqueado la entrega de los fondos en eurobonos para ayudar a Ucrania. La internacional fascista que agrupa a líderes ultras como Milei o Abascal ha perdido un centro de operaciones clave y un financiador de los partidos de la ultraderecha.
La guerra contra Irán y el Líbano que están perpetrando EE.UU. e Israel, además de una catástrofe humanitaria, están provocando unos efectos económicos devastadores y eso lo está cambiando todo.
Los últimos resultados en países europeos están castigando a los partidos trumpistas. La derrota de Giorgia Meloni en el referéndum sobre la reforma judicial en Italia, la victoria de la socialdemócrata Mette Frederiksen en Dinamarca, que basó su campaña en la firmeza frente a la agresividad de Trump sobre Groenlandia o la resistencia de la izquierda en las municipales de Francia, así lo evidencian.
Los resultados de las elecciones en Hungría son un aviso para Abascal, que ha financiado sus campañas electorales de 2023 y 2024 con préstamos de bancos húngaros, pero también para un PP entregado al lobby sionista y a los caprichos del imperio.
Las elecciones en Hungría han coincidido precisamente con las manifestaciones masivas en todas las capitales de provincia de Andalucía contra la privatización de la sanidad pública, convocadas por las mareas blancas y las organizaciones por la sanidad pública, con la participación activa de AMAMA, la asociación que destapó la crisis de las mamografías en Andalucía, y esto es importante porque la extrema derecha no es solo ataque a las instituciones democráticas es también privatizaciones y negacionismo de la violencia de género, de la crisis climática y de la xenofobia y del racismo contra los inmigrantes.
Las elecciones andaluzas del 17 de mayo pueden también constituir una derrota para estas derechas amigas de Trump y de Netanyahu.
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