Portada / Andalucismo / A la Junta no le gusta el puchero

A la Junta no le gusta el puchero

Mario Ortega / En la manifestación “Emplea tu fuerza, defiende lo público” celebrada este 24 de noviembre en Granada, además de la fuerte presencia sindical, de las empresas con eres y ertes abiertos, de Granada Laica y de las habituales mareas, había dos nuevas notas de color. Dos notas que tenían que ver claramente con las políticas de externalización de los servicios públicos de la Junta de Andalucía.

Muchas camisetas moradas representaban a los y las ochocientas trabajadoras administrativas en los centros de ensañanza públicos de andalucía. Sus contratos están en riesgo al salir a concurso sin subrogación el servicio que venían prestando, contratado por el ISE (Ente Público de Infraestructuras y Servicios Educativos de la JJ.AA) a una empresa hermana de FCC.

La otra nota, en la que me voy a detener más para usarla como símbolo de lo que no se entrevé para salir de la crisis en el gobierno andaluz, la han dado un sin fin de camisetas naranjas de padres y madres y niños y niñas con el lema “no me toques la olla”.

No me toques la olla

El AMPA del colegio Público Gómez Moreno, sito en el Albayzín, una de las dos o tres AMPAS que gestionan el comedor de forma ecológica en toda Andalucía, se ha echado a la calle para defender un modelo que es el único que puede sacar a Andalucía de la crisis si se hace extensivo a todo el sistema productivo. Según me han contado la orden de deshaucio ecológico ha llegado desde la Intervención de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte, y aquí, al parecer, sólo nos queda la presión y la protesta. Hace diez años, tras muchas luchas y papeleos, consiguieron ser el primer comedor público ecológico de Andalucía, un comedor sin interés de lucro. Ahora el poder real se lo quiere cargar para que no haya mancha en el único modelo que le interesa, el de la comida industrial y la concentración en pocas manos del beneficio mercantil.

Las políticas de externalización y privatización no son nuevas ni exclusivas de Andalucía, son muy viejas aquí, y en todas las administraciones públicas del Estado. La intensidad con la que se aplican son muy superiores en Madrid y Cataluña, es verdad, pero eso no exime a los anteriores ni actual gobiernos de la Junta de una fuerte responsabilidad ante sus consecuencias.

Estas políticas han permitido en tiempos de crédito fácil y construcción diabólica que los partidos en el poder, cualquiera que fuese su ideología, estableciesen vínculos clientelares con la sociedad que gobernaban, repartiendo las migajas del gasto presupuestario, porque el grueso se acumulaba y se acumula en pocas manos.

Estas estrategias permitían concentrar el fuerte del gasto público sobre un puñado de grandes empresas, la mayoría ellas con sede social fuera de Andalucía, con sus implicaciones de expolio del presupuesto andaluz y la extracción de valor añadido. Como ejemplo diré que el nombre de Florentino Pérez y su trama empresarial no es ajeno al afán externalizador. Aquí, en Andalucía éste ha sido el modelo del PSOE, ese que ha vuelto. Un modelo que sumado a la privatización neoliberal de sectores clave como el del agua o la bancarización de todo el sector de las cajas de ahorros ha dejado enclenque y sin herramientas al poder político andaluz.

El AMPA del Gómez Moreno da de comer ecológico a 164 alumnas y alumnos, emplea a dos cocineras y cinco monitores y monitoras, cobra el precio público tasado por decreto andaluz y compra ecológico hasta el 80% en Granada y el 20% restante fuera. la cocina está in situ, alta calidad sin blister ni conservación ultrafría para toda la semana como hacen las grandes empresas del cátering (hoy me han dicho que hasta alguna está en Zaragoza).

Si el modelo del Gómez Moreno se extendiese a toda la enseñanza pública andaluza estaríamos hablando de unos 9.000 empleos directos, de la dinamización de la agroecología con un fuerte mercado interno, multiplicando el empleo y sentando las bases del sector para, teniendo en cuenta la economía de escala, ponerlo como referente europeo y mundial, con capacidad de exportación competitiva sobre las bases de la calidad y la lucha contra el cambio climático.

Frente a esto, el modelo del catering concentrado en tres, cuatro o cinco empresas, algunas de ellas con sus domicilios fiscales fuera de Andalucía, supone como poco un 40% menos de empleo, un empleo en condiciones de semiesclavitud, una comida industrializada, un promoción de déficit sanitarios y de hábitos poco saludables, una externalización de los daños ambientales provocados por la agricultura tradicional, y un expolío del capital monetario del presupuesto andaluz.

¿En qué piensa nuestro gobierno? ¿Cambiará su inercia neoliberal? ¿Pensará en verde de una vez por todas? O todo ello quedará como en todos estos años para hacer bonito en los papeles.

De momento parece que a la Junta no le gusta el olor de un buen puchero, prefiere el del plástico que envuelve el precocinado, con sus consecuencias económicas, sociales y ambientales.

@marioortega

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *