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Cosmética

Jesús García / la política es tan habitual y cotidiana como fueron las píldoras para adelgazar o los programas de “TV basura”. Es tan antigua como el mundo y encuentra un mercado inusitado en las modernas democracias occidentales. En la “Tierra de Conejos” además no está exenta de un frívolo acento y olor rancio a las andanzas de época de Quevedo o Alatriste. Es más, en los tiempos primitivos se le atribuía un carácter mágico y no es raro, porque funciona. Aquí se ha maquillado de norte a sur. Se han utilizado todo tipo de fórmulas sofisticadas. Han crecido los expertos en la dermatología de las cortinas de humo. Desde “illo tempore”, se han sucedido estrategias que mejoren a gusto del “pizzaiolo” la apariencia del censo, la presencia de opositores y lo que es más importante, el resultado electoral.

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Siempre preocupa en cualquier caso el rostro, o sea la carátula principal, como si hoy en día los ciudadanos no miremos más allá de nuestras narices. Se empieza por unas simples pinceladas y como consecuencia de una adicción compulsiva, se acaba inundando con “Votos” ¡perdón botox! o alguna clase avanzada de cirugía plástica. Hay que tener en cuenta que la sustancia definida puede embellecer pero, en ningún caso, cambia la estructura ni funciones del organismo. Incluso en muchos casos, como en el de la toxina botulínica, acartona y deja las caras sin expresión alguna.

Cuando se deforma la realidad hasta tal punto, la reforma estética se vuelve insufrible. Curiosamente, lo único que hace falta en la vida pública es lo que está excluido de está categoría: El jabón que es lo que realmente limpia y da esplendor, como la Academia que también fija.

Son abundantes la perlas recientes aplicadas a viajes como los de aquel magistrado o los constantes devaneos de la monarquía. Se trata de una fiel aliada de los gestos, para explicar que la crisis se ha acabado o que una institución cercana sea la más transparente del entorno. El cuento de la mayoría silenciosa y la seguridad por bandera, la eficacia del sector privado en la sanidad o el que sobren empleados públicos.

En este plano la receta para el “nasciturus” no tiene precio. El Gallardón facultativo emplea materiales para el desequilibrio permanente de la historia. Ungüentos que impiden avanzar a las sociedades.

Pero hay más. Recuerdo las de la OTAN, Almunia, Pepote o el mismísimo Aznar. No es de extrañar ¡es algo tan consustancial al “Teatro”! En el día a día encubre intenciones, distrae y marea la perdiz de los pantanos, ciénagas, lodos y fondos de reptiles.

La experiencia de órganos de representación de instituciones, agentes sociales y partidos, así lo atestigua. La virtualidad de los comités intermedios entre congresos, direcciones ejecutivas supuestamente colegiadas, decisiones con apariencia democrática, primarias de sufragio más cantado que universal o avales totales que codifican el libre albedrío.

En el devenir de la complejidad humana las unanimidades son fruto de la imposición. La asunción de una especie de autoritarismo colectivo, mientras se susurra y “se mira la paja en el ojo ajeno”.

Hoy por hoy la calle tiene mucho que decir, los “Quinientos de Jete”, los miles de Burgos o de cualquier sitio. Los votantes, simpatizantes de UGT también. Todos y todas estamos mirando, no solo desde dentro. No se es consciente de la gravedad del asunto para una organización sindical legendaria, patrimonio de trabajadores y trabajadoras. No sabe UGT Andalucía el daño que se está haciendo a si misma con esta operación de enjuague cosmético; cuando lo que le hace falta es agua y jabón. No debe tirar por tierra el trabajo de cientos de personas, de gente que tiene nuestra admiración por su esfuerzo y dedicación a mejorar las condiciones de la vida laboral.

Se trata de sacar del abismo la credibilidad de un sindicato que jamás debía haberse situado al borde de este precipicio.Los trabajadores y quienes nos representan no estamos precisamente ahora para operaciones de cosmética, sino de ética.

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