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Socialdemocracia europea y síndrome de Estocolmo

Mario Ortega / El ex presidente Zapatero certifica en su libro lo que ya sabíamos, que tenemos una democracia secuestrada por los poderes financieros contrademocráticos y por las instituciones financieras globales y europeas, creadas y amparadas por los gobiernos para cederles la maquinaria pública de control de la economía capitalista.

Zapatero se echa a las espaldas, en su libro, la culpa exclusiva de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Pero es falso, no nos puede engañar. Es falso que fuese idea suya y sólo suya, tomó la decisión por presiones y amenazas externas para dar prioridad absoluta al pago de la deuda de Estado, frente al sostenimiento de las pensiones, la sanidad, la educación, los servicios sociales y otras políticas públicas de igualdad.

Recordemos que el mecanismo que protege la redacción actual de artículo 135 es el círculo viciosos entre deuda privada (fundamentalmente bancaria) que pasa a ser déficit público mediante inyecciones de capital directas o prestamos avalados por el Estado, con el nombre de ayudas y rescates. Prestamos del FMI o del BCE, contabilidad imaginativa y permisividad de marrullerismos varios a la banca. Este déficit público se convierte en deuda pública adquirida por la banca a un interés muy superior (≈4-5%) al que lo obtiene del BCE (ahora al 0.25%). Negocio redondo que constitucionalizado destroza la capacidad política del poder democrático.

Digo que es falso que la idea fuese única y exclusivamente de ZP, como es falso que Rubalcaba no tuviese nada que ver, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolás Sarkozy, habían “sugerido” que las constituciones de los países miembros de la Unión debían incorporar un compromiso de disciplina fiscal–. Rubalcaba se resistió pues sabía que tenía que enfrentarse a las elecciones de noviembre de 2011, pero finalmente acabó negociando con nocturnidad y alevosía, en paralelo con ZP, el texto del artículo y su posterior desarrollo en una ley orgánica (Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera). El PP vivió unos días loco de alegría, ZP le había hecho un trabajo impagable y le estaba entregando la absolutísima mayoría. que ahora utiliza para arrasarlo todo.

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Al situar toda la culpa sobre él, Zapatero, sabedor del daño definitivo que hizo al PSOE, pretende, en un acto de lealtad post mortem política, despejar el futuro del partido eliminándole la gran culpa de haber votado casi en bloque junto con el PP en el Congreso una reforma Constitucional infame para la mayoría de la población y de sus votantes.

El PSOE que dice que ha vuelto, necesita limpiar el pasado y construir la historia a conveniencia, Zapatero se presta a ello.

Estos comportamientos de connivencia con el capital, no son el fruto de aciertos o desaciertos individuales de los liderazgos socialdemócratas, son fruto de algo más profundo. Representan una deriva ideológica liberal que ha llevado a la socialdemocracia española, y a toda la socialdemocracia europea a padecer el síndrome de Estocolmo respecto de los secuestradores de la democracia.

Una debilidad que los poderes fácticos capitalistas han aprovechado para insertarse en la estructura orgánica de los partidos socialistas europeos, situando en ellos a personajes y economistas en posiciones de privilegio para ser los cancerberos internos del secuestro de las instituciones democráticas por parte del poder financiero. Basta recordar la retahíla de ministros de economía del PSOE, desde los Boyeres y Solchagas hasta los Solbes, el amor por las puertas giratorias y la presencia de destacados socialistas a sueldo en los componentes de la Troika. Y aquí en Andalucía, basta leer las declaraciones Sánchez Maldonado, Consejero de Economía, innovación, Ciencia y Empleo, para comprobar que el PSOE-A está ayuno de novedades.

La estrategia de secuestro ideológico en materia de economía política, anclada sobre la  inserción orgánica, ha dado excelentes resultados. Son tan excelentes que toda la socialdemocracia europea padece el síndrome de Estocolmo, y cuando llega al poder acaba conniviendo de nuevo con los secuestradores y traicionando a su electorado hasta inmolarse.

Donde más visiblemente se han visto las consecuencias han sido en Grecia, con un PASOK prácticamente desaparecido de la opción de gobierno. Después en Italia, con la debacle de Bersani fruto de su campaña electoral sin coraje, y el posterior gobierno de Letta. Luego en Francia con un Hollande, que de tanto derechizarse y tanto temor ha dejado el campo abierto al populismo fascistoide del Frente Nacional de Marie Le Pen. Y cómo no, en Alemania, donde el SPD se sube al carro de Merkel para no enfadar al poder financiero alemán, pudiendo haber formado gobierno con la Die Linken y Die Grunen.

Esto es lo que ocurrirá en Andalucía y en España si no emerge una nueva izquierda, ideológicamente renovada, con liderazgos potentes aupados por primarias, capaz de aguantar el empujón mediático y de hacer frente a la mecánica electoral del socialismo español con sus conocidas habilidades.

@marioortega

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