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“Su cuento” y nuestra vida no se parecen en nada

Manuela Martínez / Imagino que a estas alturas ya no habrá casi nadie que crea que la política de austeridad y los recortes aplicados por el gobierno de Rajoy son la única medicina posible para reactivar la economía y sacarnos de la crisis. Imagino que también tendrán claro que el gobierno actúa movido por principios ideológicos muy claros, de derecha neoliberal en lo económico y de ultra derecha en todo lo demás.

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Y es que a nuestro gobierno le viene bien que le eximamos de responsabilidad, echándole la culpa a Europa o a Frau Merkel de todos los sacrificios que nos impone.  Se le olvida que eso sólo podría servir para un gobierno que se hiciese respetar en Europa, que antepusiese los intereses de la ciudadanía a los de los mercados financieros,  que priorizase el empleo, la protección social y la calidad de vida, frente al enriquecimiento fácil de una minoría a costa del deterioro y la privatización de lo público y, en definitiva, del desmantelamiento del Estado del Bienestar.

Es evidente que ya engañan a muy poquitos.  Incluso a muchos de sus votantes les cuesta ya no poner cara de incredulidad cuando cualquiera de sus ministros se lanza a contar “su cuento”, ya sea en el Congreso de los Diputados, en el Senado o ante los micrófonos de uno u otro medio.

Por más que se empeñen, “su cuento” y nuestra vida no se parecen en nada. Porque nuestro  problema no es la sanidad, la educación, la dependencia o las pensiones. O al menos no lo era hasta que el gobierno decidió meterles la tijera o entregarlos al sector privado para que sus amigos hicieran negocio con ellos. Nuestro problema es el trabajo o mejor dicho, la falta de trabajo.  Y ese problema parece que al gobierno no le interesa lo más mínimo.

A las pruebas me remito. Ni una sola medida ha puesto en marcha el gobierno para abordar el cambio de modelo productivo; ni siquiera se ha planteado la necesidad de reconfigurar la composición sectorial de nuestra economía, tras el ajuste duro sufrido por el sector de la construcción; no ha hecho el más mínimo esfuerzo para obligar a la banca a abrir el grifo del crédito a empresas y familias;  ha reducido la inversión pública a la mínima expresión, obviando su papel como agente dinamizador de la actividad productiva en general; ha reducido drásticamente la inversión en I + D + i y en formación para el empleo; no cuenta con una política industrial orientada hacia el crecimiento de un sector industrial sólido, fuerte y diversificado; no ha abordado una verdadera reforma del sistema energético, fundamental para que nuestras empresas ganen en competitividad; no se ha tomado en serio la lucha contra el fraude y la evasión fiscal, tampoco ha puesto en marcha una reforma fiscal que permita una más justa redistribución de la riqueza, lo que garantizaría ingresos suficientes para reducir la deuda pública.

Y lo que ha hecho, ha ido en detrimento de la creación de empleo. Ha deteriorado los servicios públicos, destruyendo decenas de miles de empleos; ha puesto en marcha una reforma laboral que ha resultado ser una máquina de destrucción de empleo y de precariedad laboral; ha subido impuestos de manera indiscriminada;  reducido salarios en el sector público y congelado pensiones; ha reducido las políticas activas de empleo a la mínima expresión y pretenden hacer lo mismo con las prestaciones por desempleo. Suma y sigue…

En definitiva, ha abandonado a su suerte a millones de españoles y mientras, alguno de sus ministros, nos cuenta “su cuento” de que se ve la luz al final del túnel… en 2014 se empezará a crear empleo… en 2015 bajarán los impuestos…

Y colorín, colorado…  después de las elecciones, todo se le habrá olvidado.

@Manuela_MJ

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