Rafa Rodríguez
En este artículo desatacamos tres singularidades políticas:
1. La singularidad del nacionalismo
El nacionalismo es un componente básico de la política contemporánea y el conflicto territorial un polo a veces determinante de la confrontación política. Hoy, tal vez con más fuerza, sigue siendo un componente ineludible de cualquier proyecto político. Está presente en la política contemporánea, determinando, en función de sus liderazgos, la hegemonía de clase por su potencia de transversalidad política.
No hay movimiento social que no comparta de forma explícita o implícita sentimientos nacionales de pertenencia que no tienen que ser unívoco, sino que pueden ser plurales. Los éxitos o fracasos de la experiencia nacionalista condicionan la política contemporánea. Puede ser un polo de confrontación o de cohesión política.
2. Singularidad e importancia del factor nacional en España
En todos los países de Europa occidental la relación centro periferia es uno de los ejes fundamentales de la vida política, pero no hay ningún país en Europa (y posiblemente en el mundo) donde se hayan producido tal diversidad de proyectos nacionales, incluido el nacionalismo español. Esta pluralidad de nacionalismos ha provocado una realidad política con una especial trascendencia porque:
- Se han generado, en la práctica, en la totalidad del territorio del Estado, incluso con uno o varios proyectos políticos nacionalistas.
- Con una continuidad de conflicto que persiste desde el último tercio del siglo XIX, el XX y lo que va de siglo XXI.
- Ha situado a los conflictos territoriales en el centro de la política, sobre todo en los momentos de mutación más importantes de la historia contemporánea española y en la actualidad.
- Por su aportación a la pluralidad, la relación entre proyectos nacionales y democratización es casi genética en el caso español.
- La diversidad de realidades y proyectos nacionalistas que hoy existen produce una situación particular en el sistema político español que le otorga una gran complejidad y un papel central, en el entorno de los grandes cambios que está provocando la crisis de la globalización.
3. Singularidad del caso andaluz dentro de los nacionalismos ibéricos
El andalucismo no se configura históricamente como un nacionalismo de base etnolingüística ni como un proyecto de construcción estatal propio, sino como un movimiento de reivindicación y afirmación social, cultural y político (Andalucía por sí), con un proyecto reformista para el Estado español (para España) y con una vocación universalista (y la humanidad).
Su desarrollo se vincula estrechamente a las condiciones socioeconómicas de Andalucía, marcadas por el atraso relativo, la desigualdad social y territorial y el dominio de una oligarquía depredadora y centralista, lo que le imprime al andalucismo un carácter marcadamente social y reformista con una orientación federalista y de autogobierno dentro del marco estatal.
4. Reconstruimos nuestra historia desde la “otredad”
Un elemento clave para comprender la singularidad del andalucismo es la forma en que los distintos nacionalismos ibéricos han construido sus relatos históricos de origen.
El nacionalismo español ha fundamentado su identidad en la idea de la “Reconquista”, concebida como un proceso de recuperación y cristianización de un territorio previamente considerado propio frente a una dominación extranjera.
Todos los nacionalismos peninsulares y no solo el español, sino también el catalán, el vasco, el portugués o el gallego, han construido sus relatos de identidad apoyándose en referencias históricas vinculadas a los reinos cristianos medievales y a su participación, directa o indirecta, en ese mismo proceso de la llamada Reconquista.
En este marco, al-Ándalus, al que se identifica con Andalucía, ha sido interpretado como una presencia ajena, musulmana y no europea, lo que implica su exclusión del denominador común de los relatos nacionales de todos los demás nacionalismos peninsulares, y la negación de la continuidad de la historia de Andalucía como parte constitutiva de la historia peninsular.
De este modo, mientras los demás territorios pueden anclar sus identidades en una continuidad histórica de reino cristiano dentro de los relatos nacionales compartidos, Andalucía aparece como “lo otro”.
El andalucismo, frente a la negación o marginación de su pasado andalusí, lo reivindica como un elemento constitutivo fundamental de la identidad andaluza, reinterpretándolo no como una ruptura, sino como parte de una continuidad histórica y cultural específica, en la misma dimensión que otros periodos de nuestra historia.
Esta operación implica no solo una resignificación del pasado, sino también la elaboración de una identidad más abierta y mestiza, menos apoyada en criterios étnicos o confesionales y más en elementos culturales, sociales e históricos.
5. Una identidad abierta
La forma en que los relatos nacionales dominantes han definido la historia peninsular constituye un factor determinante en el carácter del andalucismo: un tipo de nacionalismo que, a diferencia de otros, no se apoya en los marcos históricos legitimados por la tradición dominante y que, por ello, desarrolla una identidad alternativa basada en la recuperación de una memoria histórica parcialmente negada y en la reivindicación de la diversidad como elemento central de pertenencia colectiva.
La identidad andaluza se construye desde la perspectiva del “otro”, más como un espacio de pertenencia abierto que como una comunidad definida por criterios excluyentes, lo que lo aproxima a formas de nacionalismo cívico por su carácter inclusivo, mestizo y popular, como una reivindicación frente al subdesarrollo, la dependencia económica y la desigualdad territorial y social dentro de España.
La singularidad del andalucismo no es una anomalía, sino una variante específica de los procesos de construcción nacional, en la que la identidad colectiva se articula más en torno a la reivindicación de igualdad, justicia social y reconocimiento territorial que a la construcción de una identidad cerrada que legitime un Estado propio.
6. El cambio radical que ha supuesto la conquista de la democracia en España
Los nacionalismos alternativos han sido producto de la desesperanza sobre la posibilidad de reforma del Estado español. No hay movimientos nacionalistas alternativos hasta la frustración que produce la destrucción de la I República española, reforzada por dos siglos de Estado represivo, centralista y oligárquico que ha acabado con las dos únicas experiencias democratizadoras, la I y II República, la última a través del exterminio, el genocidio y cuarenta años de dictadura.
Pero esto ha cambiado radicalmente tras la conquista de la democracia. No es casualidad que el momento de eclosión del andalucismo fuera precisamente durante la transición. En esa coyuntura Andalucía contra todo pronóstico lideró la histórica implantación del Estado de las Autonomías con movilizaciones masivas los 4 de diciembre de 1977 y 1979, alcanzando la cuota más alta de autonomía a través de la vía del artículo 151 de la Constitución y orientando toda la construcción autonómica hacia una arquitectura federalizante, con el triunfo popular del referéndum del 28F de 1980. Este hito supuso además una restitución del prestigio de Andalucía.
Los avances de España en estos casi cincuenta años no tienen comparación con ninguna otra época de nuestra historia, demostrando que lo que necesitaba España era precisamente democracia, descentralización y cooperación internacional. Democracia que sigue sin ser aceptada por la oligarquía española que vuelve a desempolvar el nacionalismo españolista más rancio vinculado a la historia de los golpes de Estado.
La asignatura pendiente sigue siendo la igualdad territorial y social, porque a pesar del desarrollo durante estos cincuenta años, no se ha conseguido alcanzar niveles socioeconómicos de igualdad social e interterritorial aceptables.
Por eso el andalucismo hoy sigue teniendo más sentido porque ha demostrado que sus bases eran acertadas (España era reformable), su identidad una forma contemporánea de entender la pluralidad y la inclusión, y su horizonte reivindicativo, la necesaria igualdad social y territorial vinculada a la construcción federal de España y la Unión Europea.
Paralelo 36 Andalucia Espacio de pensamiento y acción política
