Rafa Rodríguez
1. Un escenario complejo
La información que ofrece el barómetro del CIS de julio de 2026 dibuja una sociedad interesada por la política que quiere participar masivamente en las próximas elecciones generales a pesar de sumar altos niveles de desconfianza hacia la política y sus representantes.
Presenta un electorado polarizado en los bloques de izquierda y derecha, con mucho trasvase de votos entre los partidos del bloque.
Un electorado mayoritariamente progresista, en un espacio muy fragmentación con Pedro Sánchez y el PSOE como hegemónico en el bloque de izquierda y una derecha sin liderazgos apreciados.
La mayoría ideológica no garantiza la mayoría electoral por eso la derecha que suma con la extrema derecha tiene mayoría porque es electoralmente más competitiva y la izquierda no es capaz de traducirlo en votos la mayoría ideológica del electorado. Es resultado es que la derecha gana por ahora a pesar de que el electorado es más de izquierda
2. Alta participación
Un 86,2% de las personas encuestas afirma que probablemente va a acudir a votar en las próximas elecciones generales y casi tres de cada cuatro (73,8%) expresan que acudirían con toda seguridad, en línea con el aumento de participación en las elecciones andaluzas que alcanzó el 64,84%, casi seis puntos y medio más que en 2022 (58,36%).
Esta elevada participación sugiere que el interés político continúa siendo alto y que el electorado percibe las próximas elecciones como especialmente relevantes para el futuro del país.
3. Desconfianza hacia la política y sus representantes
Las cuestiones relacionadas con el malestar a cerca de la política aparecen como uno de los grandes focos de preocupación ciudadana, solo por detrás de cuestiones como la vivienda, la economía, la sanidad o el empleo.
Si agrupamos todas las respuestas relacionadas con el malestar sobre la política (problemas políticos en general, corrupción, mal comportamiento de los políticos, Gobierno y partidos, funcionamiento de la democracia, falta de acuerdos, falta de confianza en los políticos y lo que hacen los partidos), obtenemos aproximadamente un 30 % de menciones acumuladas.
En la valoración de los principales líderes políticos, ninguno alcanza el aprobado. Pedro Sánchez obtiene la nota media más elevada, 4,25 sobre 10, seguido por Yolanda Díaz (4,00), Núñez Feijóo (3,64) y Santiago Abascal (2,96).
4. Fragmentación
La encuesta del CIS refleja una elevada polarización política en torno a los bloques de izquierda y derecha, donde tanto la izquierda como la derecha encuentran importantes dificultades para ampliar sus apoyos fuera de sus propios espacios electorales.
Los líderes generan apoyos intensos entre sus propios votantes, pero elevados niveles de rechazo en el bloque ideológico contrario, pero esto no significa necesariamente que la mayoría de la población se encuentre en los extremos. De hecho, el 48,5 % se sitúa entre las posiciones 4 y 7. Significa más bien que la competencia política, los discursos y las identidades partidistas se organizan alrededor de dos bloques claramente enfrentados.
5. Reagrupamiento en dos bloques
Los datos sugieren que la competición política funciona en dos niveles. Primero existe una división general entre izquierda y derecha, pero, dentro de cada bloque, los partidos compiten entre los electores que comparten una orientación ideológica similar.
El recuerdo de voto de las elecciones generales de 2023 confirma igualmente la estabilidad básica de los grandes bloques políticos. Cuando se pregunta por una segunda opción electoral, muchos votantes muestran disponibilidad para cambiar de partido entre las formaciones del mismo bloque ideológico. Esto refleja una fidelidad partidista inferior a la existente durante el antiguo bipartidismo y una mayor competencia dentro de cada espacio político.
Solo el 17,7 % afirma votar siempre al mismo partido y otro 22,4 % suele hacerlo habitualmente. En cambio, el 55,1 % declara que decide entre distintos partidos, o incluso no votar, según lo que le convenza en cada momento.
6. Trasvase de votos dentro de cada bloque
La ideología en los votantes sigue siendo relativamente estable: una persona puede considerarse de izquierda, centro o derecha durante muchos años, pero el partido elegido es cada vez más variable. Esa misma persona puede cambiar de opción dentro de su bloque, abstenerse o votar estratégicamente.
España no es una sociedad desideologizada. Lo que se ha debilitado es la identificación permanente con un partido concreto. El elector puede conservar su identidad de izquierda o derecha y, al mismo tiempo, desplazarse entre distintas candidaturas del bloque. Esta competencia interna ayuda a explicar por qué la segunda opción de voto suele encontrarse dentro del mismo bloque ideológico.
Ell voto progresista circula entre PSOE, Sumar, Podemos y la abstención, pero en esa circulación siempre hay una pérdida por la abstención.
7. Una sociedad inclinada hacia la izquierda
El electorado no se ha desplazado ideológicamente hacia la derecha. La autoubicación media permanece prácticamente estable que dibuja una sociedad más de izquierda, con un centro amplio y una derecha minoritaria respecto a la izquierda. La mayoría sigue identificándose más con la izquierda que con la derecha. La suma de posiciones entre el 1 y el 4, da un 43,1 %.
La suma de la derecha de las posiciones 7 al 10 supone el 24,3 %. La diferencia entre los bloques de derecha e izquierda alcanza casi 19 puntos porcentuales. La derecha se reparte principalmente entre PP y Vox, junto a formaciones menores.
En los extremos de la escala, el 16,7 % se sitúa en el 1, la posición más a la izquierda, mientras que el 7,3 % se coloca en el 10, la posición más a la derecha. No significa necesariamente que todas estas personas estén en los extremos. En las encuestas, algunos votantes quieren expresar una identificación clara con su bloque político, sin compartir necesariamente posiciones radicales. El dato muestra una asimetría: la identificación intensa con la izquierda es bastante más frecuente que la identificación intensa con la derecha. Las posiciones 1 y 2 reúnen el 22,6 %, frente al 8,9 % de las posiciones 9 y 10.
El centro reúne al 28,1 %, al sumar el 5 y el 6, pero es un espacio amplio difícil de interpretar. Incluye personas centristas; electores moderados de izquierda o de derecha, pero también ciudadanos poco ideologizados que no desean identificarse claramente con ningún bloque para evitar definirse políticamente.
8. La fragmentación de la izquierda
El espacio de izquierda, aunque numéricamente amplio, se encuentra dividido entre PSOE; Sumar; Podemos; partidos nacionalistas y regionalistas de izquierda y otras posibles candidaturas. La intención directa de voto del barómetro refleja precisamente esta fragmentación. El PSOE obtiene un 25,4 %, Sumar un 4,4 % y Podemos un 1,8 %. La suma de esas formaciones no alcanza por sí sola el porcentaje de personas que se ubican entre el 1 y el 4, porque una parte de ese electorado duda, se abstiene o vota a formaciones territoriales.
9. Pedro Sánchez y el PSOE tienen ventaja, pero también un fuerte rechazo
El PSOE y Pedro Sánchez sigan encabezando las preferencias del electorado. La valoración de Sánchez continúa estable. Inspira mucha o bastante confianza al 29,6 %, mientras que el 69,1 % declara tener poca o ninguna confianza en él.
En cuanto a la intención directa de voto, el PSOE aparece como primera fuerza política con un 25,4 %, seguido por el PP con 18,6 % y Vox con 11,5 %. Tras ellos se sitúan Sumar (4,4%), Se Acabó la Fiesta (2,0), Podemos (1,8) y el resto de fuerzas parlamentarias.
El CIS incorpora la simpatía hacia los partidos entre quienes inicialmente no declaran una intención de voto concreta, para aproximarse mejor al comportamiento final del electorado incorporando las preferencias latentes de quienes todavía dudan. Aquí el PSOE amplía su ventaja hasta el 28,3 %, frente al 19,8 % del PP y el 12,2 % de Vox.
10. La falta de liderazgo de Feijóo
En la valoración del líder de la oposición, únicamente un 18,4 % manifiesta mucha o bastante confianza, frente a un 79,8 % que expresa poca o ninguna confianza sobre Núñez Feijóo.
Cuando se pregunta quién debería ser presidente del Gobierno, Pedro Sánchez con un 26,7 %, dobla en las preferencias a Feijóo (13,9 %) y está muy por delante de Santiago Abascal (9,2 %).
11. Una mayoría ideológica no garantiza una mayoría electoral
La autoubicación ideológica expresa una identidad política general pero un bloque ideológicamente más amplio no tiene por qué transformarse automáticamente en una ventaja electoral equivalente.
Las elecciones no se deciden únicamente por el tamaño de cada bloque. El voto concreto depende de otros muchos factores, de la participación, de la capacidad de los partidos para cooperar dentro del mismo bloque, de la movilización de los electores del bloque y la desmovilización del contrario, de la capacidad de los candidatos de ofrecer confianza, la gestión, la coyuntura económica, la confianza, los problemas territoriales, la oferta partidista o de cómo se distribuyen los votos en el sistema electoral.
12. La derecha es electoralmente más competitiva
La derecha suma hoy una mayoría electoral, pero por acumulación de bloque y desmovilización ajena, no porque amplíe su espacio electoral. Vox aparece como el reorganizador del espacio y crece principalmente a costa del PP. La derecha está compitiendo por redistribuir lo que ya tiene, con un electorado muy movilizado, pero es incapaz de ampliar su espacio.
13. La izquierda no es capaz de traducir en votos la mayoría ideológica de izquierdas
Los partidos de la izquierda no son capaces de convertir la afinidad del 43,1 % en apoyo electorales.
Los casos de corrupción en el entorno del PSOE y la agresiva campaña de la derecha contra el gobierno, desmovilizan al votante progresista, pero no hace que se pase a la derecha. os pactos del PP y VOX y el descarado acoso judicial al entorno de la izquierda, producen el efecto contario, movilizando el voto.
El problema es el espacio que representa sumar que, con una estimación de 6,2 puntos porcentuales, pierde la mitad de su apoyo electoral respecto a las elecciones generales de 2023 (12,31 %).
La izquierda alternativa se ha convertido en un abastecedor de votos dentro del bloque de izquierda. Sin candidato/a, modelo organizativo, siglas consensuadas y reducido a un grupo parlamentario, apenas retiene entre el 30% y el 40% de sus votantes, pero el voto que está huyendo de la izquierda alternativa no se va a la derecha, sino que alimenta a los otros partidos del bloque de izquierda. Cede más de un 22% a Podemos y casi un 13% al PSOE[1].
14. La derecha gana por ahora a pesar de un electorado más de izquierda
Aunque el electorado sigue siendo, en identidad ideológica, más de izquierda, la derecha logra convertir casi toda su simpatía en voto efectivo, mientras que la división y la desmovilización en la izquierda, sobre todo en el espacio de la izquierda alternativa, reduce el voto a los partidos del bloque. El sistema electoral amplifica esa brecha hasta volverla decisiva en las circunscripciones provinciales de las 44 provincias y ciudades autónomas con menos de 9 escaños, que suman 210 escaños.
Para alcanzar una mayoría electoral progresista hay que reconstruir el espacio de la izquierda alternativa que tiene que aspirar como mínimo a obtener el respaldo del 15% del electorado, umbral donde se elimina el efecto negativo del sistema electoral por la división de circunscripciones provincial y la regla D’Hont. El votante progresista no ha desertado solo está expectante.
[1] Según el último barómetro de 40dB
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