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En zona de alto riesgo

hombre y mujer

EditorialP36.26/11/2010.

Recordamos el contexto: esta globalización, liderada por EE.UU., está llevando al capitalismo a sus límites como sistema productivo. Es muy importante, aunque seamos reiterativos (perdón, por ello) que no perdamos la visión general porque entonces careceríamos de perspectiva.

Por un lado hay un círculo vicioso (retroalimentación negativa) entre la caída de la tasa de ganancia (que mide la rentabilidad del capital total invertido) y el exceso de capacidad productiva en el sector industrial americano, que ha provocado una huida hacia delante inflando la demanda mediante un gigantesco déficit público y una burbuja financiera sin precedentes propiciada por la desregulación del sistema financiero mundial y la conversión de las viviendas en activos financieros. Esta artificialidad de la demanda ha producido múltiples efectos tales como el crecimiento industrial de los Estados emergentes, niveles de vida sin precedentes en los países occidentales, aumento de las desigualdades relativas o surgimiento de una clase cosmopolita de especuladores.

Por otro lado, el aumento vertiginoso de la producción y del consumo ha propiciado la explosión demográfica, la urbanización de nuestros hábitat y la alteración del metabolismo terrestre tanto desde el punto de vista de los recursos (agotamiento) como de las emisiones (cambio climático).

Desde luego, esta dinámica ha tenido múltiples efectos en los marcos cognitivos (percepción del espacio y del tiempo, concepto de felicidad, etc.), en las estructuras políticas (banalización de la democracia, debilitación y desprestigio de lo público, despolitización de las sociedades occidentales) y sociales (destrucción de los vínculos comunitarios y de las identidades culturales) que se han implementado mediante técnicas de manipulación sin precedentes (incentivación de los instintos evolutivos, por ejemplo) gracias a las innovaciones tecnológicas de comunicación y marketing.

La explosión de esta burbuja financiera (de demanda) desencadenó la crisis provocando múltiples efectos: crisis bancaria, cierre de empresas, despidos masivos, efecto pobreza, sequía de los créditos, bajada de los tipos de interés entre el 0 y el 1%, desequilibrios territoriales entre Estado deudores y acreedores, contracción del consumo y del comercio mundial y ahora una guerra monetaria.

El fracaso de la reciente cumbre del G20 ha acentuado por un lado la guerra monetaria entre EE.UU y China, con episodios como las devaluaciones competitivas de la FED (Reserva Federal)  o el acuerdo Ruso – Chino para sustituir al dólar en sus transacciones comerciales por sus propias monedas, sin olvidar el surgimiento de la tensión militar (indirecta) provocada por el bombardeo de Corea del Norte a una Isla de Corea del Sur, con varios muertos y heridos. Por otro, ha acentuado la debilidad de la zona Euro, que carece de institucionalización política, y en la que Alemania ha impuesto su rumbo: moneda fuerte, dura disciplina presupuestaria para los Estados miembros, inalterabilidad en los objetivos de inflación y creación de un fondo de rescate para los Estados con dificultades extremas. Mucha presión ha tenido que emplear Merkel para que los Estados con altas tasa de paro, en particular España, acepten estas medidas. Incluso parece posible que haya amenazado no con expulsar a los Estados con dificultades del Euro, sino con salirse de éste y volver al marco, lo que sería mucho peor.

La caída de Irlanda y su petición de rescate ha colocado a España en zona de alto riesgo. Así lo han corroborado los mercados que tienen en el punto de mira la desestabilización de un Estado con 50 millones de habitantes. En efecto, inmediatamente después, el IBEX ha caído hasta acercarse a los 9.000 puntos y la deuda pública ha alcanzado el máximo diferencial histórico con la deuda alemana, lo que supone un aumento de gasto en el pago de intereses de miles de millones de €. Las grandes empresas, bien armadas ideológicamente (ver informe everis), se van a entrevistar este próximo sábado con Zapatero en lo que parece un golpe blando para imponer una hoja de ruta clásica: privatizaciones, bajada de salarios, desmantelamiento del Estado del Bienestar y del federalismo, destrucción ambiental, etc. Lo tienen claro: piensan que España está a mitad de camino entre una economía avanzada, que compite mediante la economía del conocimiento, y una economía que compite mediante el abaratamiento de los costes y optan por esta última vía. El problema es que la izquierda política carece de alternativa porque el partido hegemónico de la misma ha olvidado la perspectiva, lo que le va a costar una derrota histórica.

De forma muy sintética, y por supuesto muy modesta, desde P36 queremos sugerir algunas ideas en estos momentos tan críticos. Pensamos que hay que trabajar en tres planos (de forma paralela ya sea adoptando medidas finalistas ya sea impulsando una tendencia):

a)     Un plano inmediato defensivo porque si el encarecimiento de la deuda se agrava y arrastra al sistema bancario, el “rescate” de España, además de una catástrofe interna, pondría en peligro al conjunto de la zona euro y agravaría la crisis internacional hasta extremos impensables. Las medidas para eliminar riesgo no pueden ser solo financieras sino sobre todo estructurales, porque las dudas sobre la viabilidad del pago de la deuda pública no está en la cuantía de ésta sino en la tasa de paro existente. España tiene que presionar para que el € se devalué como está haciendo la FED con objeto de poder competir en los mercados internacionales; tiene que conseguir un periodo mas amplio para reducir el déficit (el objetivo de reducirlo a un 6% en el 2011 es un suicidio) para no retirar los incentivos, las inversiones y las transferencias de renta a los parados y tiene que emprender una reforma fiscal radical que en primer lugar reduzca el fraude fiscal.

b)    Un segundo plano que garantice los derechos sociales básicos y acometa las reformas con resultados mas a corto plazo: instaurar la renta básica, priorizar sectores y vectores económicos que sean capaz de equilibrar la balanza de pago mediante la producción de bienes exportables o sustitutivos de las importaciones; racionalizar el gasto corriente de las administraciones desde una perspectiva federal eliminando duplicidades y vestigios del centralismo como las diputaciones; reactivar el circuito del crédito mediante la publificación de las cajas de ahorro, marcándoles objetivos planificados; aumento de la transparencia de las administraciones y erradicación de la corrupción; nueva ley de financiación y régimen local que garantice la viabilidad financiera de los ayuntamientos; revisión de la financiación a los partidos políticos, sindicatos, asociaciones empresariales y religiosas y apoyo rotundo a la energía renovable, en particular la eólica marina.

c)     Y un tercer plano de reformas estructurales para cambiar el modelo y adaptarse a la transición hacia otra formar de convivir, producir y consumir, sobre la base del fortalecimiento de los ecosistemas ambientales, sociales, económicos y políticos, y de los valores comunitaristas, igualitarios y de armonía con la naturaleza. La hoja de ruta de esta meta es la reducción del consumo de materiales y el aumento de producción de bienes públicos inmateriales; la territorialización de la vida, de la cultura y de la economía (de la sociedad, en definitiva); la generalización de la cultura y el conocimiento; formas cooperativas de organización del trabajo; federalización de las estructuras político – culturales (naciones); equidad redistributiva; universalización de los derechos de la ciudadanía; cooperación frente a la competencia, etc. Es decir, sustituir un modelo basado en la finalidad de la ganancia privada que necesita del crecimiento ilimitado, la desigualdad, la alineación y el conflicto por otro basado en las necesidades de la sociedad, el respeto a los ecosistemas, la libertad, la participación y la cultura. Suena utópico pero hoy lo utópico es la viabilidad del capitalismo globalizado. A la vista está.

4 Comentarios

  1. El “liberalismo realmente existente” es irracionalista en lo público y calculador optimizador en lo privado (mercado). Esto demuestra que este irracionalismo no es sincero y que es sólo un disfraz ideológico para encubrir la naturaleza antisocial del mismo. Los liberales dicen creer que se debe y se puede usar la racionalidad para diseñar grandes multinacionales privadas pero que la política urbanística de un simple ayuntamiento no puede ser diseñada racionalmente. O sea, que el ayuntamiento democrático no puede ser racional pero las constructoras privadas si. Todo muy racional y consistente, como ven.
    Pero este doble juego de medidas (racionalidad pública mala, racionalidad privada buena) muestra que el irracionalismo liberal no es sincero y responde más a una estrategia política que a un error cognitivo: es una ideología, en el sentido marxiano de “falsa conciencia”, destinada a ocultar (mixtificar) la dominación y bloquear las potencialidades de la cooperación y la acción colectiva. Por eso el liberalismo realmente existente ha mantenido, y mantiene en la actualidad con votos renovados, un sólido matrimonio político con el irracionalismo religioso (de raíz preliberal) como se demuestra en el caso de Estados Unidos pero también de las derechas liberales europeas. Tampoco es ningún accidente contra natura que sean los liberales los que tienen montado en le presente una durísima cruzada anticientífica. En España son los foros y panfletos liberales (Instituto Juan de Mariana o Libertadigital entre otros) el núcleo impulsor del negacionismo del cambio climatico. “Tea Party ha identificado claramente a los enemigos: la ciencia y la ideología de género.

    Negar la posibilidad del diseño colectivo del futuro es negar la posibilidad de la democracia. Si no es la razón pública quien nos gobierna será la astucia privada quien nos domine. El diseño colectivo del futuro basado en el uso libre de la razón pública está en el corazón de la democracia y de la ciencia desde Atenas hasta nuestros días. La ciencias sociales y la biología evolutiva han desarrollado en los últimos años un potentísimo arsenal teórico, metodológico y experimental para refinar la calidad y consistencia de las tomas de decisiones colectivas y del diseño institucional. Hay que ser un “palurdo liberal” al modo de Sarah Palin para ignorar esto y plantear como explicación funcional lo que no es más que un mitificación reaccionaria (Hirschmann lo analizo muy bien como una de las formas de las retóricas de la intransigencia) mito reaccionario. Maquiavelo, gran republicano y racionalista, ya identifico la función central de la política como la del “control y domesticación de la fortuna” Venir a “estas altura del partido” con ese cuento antiguo de los “cambios no naturales” entendido estos como misteriosos o azarosos; es un poco chocante el marco de la izquierda. Salvo que uno no este en ese marco sino en el de los que han confundido “liberalistas” con “liberal” y a Bakunin con Bankunión

  2. No es que suene utópico, es que suena imposible. Y suena imposible porque que yo sepa, nunca un sistema económico cambió previo diseño. Todas las transiciones fueron ‘naturales’. Es decir, creo que políticamente es inviable. Mucho tendría que cambiar el mundo para que lo fuera. Sin embargo, me resulta muy atractivo el planteamiento del autor. Naturalmente, me gustaría estar completamente equivocado.

  3. todavia con si estamos en una crisis politica o financiera?…ya decia Einstein que desde el mismo estado de conciencia no se pueder ir a ningun sitio que no sea…ese mismo estado..

  4. que podemos hacer las personas normales,para frenar todo este lio??? es demasiado complicado,pero….la verdad si pudieramos hacer algo seguro que muchos nos apuntariamos…..

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