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LA CRISIS ECOLÓGICA Y LA RESPUESTA “SOLO PARA UNA PARTE” DE LAS ÉLITES ECONÓMICAS GLOBALES

Rafa Rodríguez

a)      Una amenaza global de naturaleza estructural: la crisis ecológica

  1. Hoy vivimos una nueva época, la época de la crisis de la globalización, caracterizada por la aceleración del cambio tecnológico, la incertidumbre económica, la concentración del capital global, la destrucción ambiental, la desigualdad, la violencia de género, la precarización del trabajo, la desigualdad territorial, los masivos movimientos migratorios y el avance del neofascismo sobre la base del miedo al futuro.

 

  1. El factor básico que define y determina esta nueva época es que la humanidad se encuentra, de nuevo, ante una amenaza global por la crisis ecológica que tiene una naturaleza estructural (en el siglo XX conocimos las dos guerras mundiales, la amenaza del nazismo y el peligro de una guerra nuclear en el contexto de la guerra fría), aunque esta amenaza tiene una características distintas a todas las anteriores.

b)     No existen actualmente mecanismos eficaces para hacerle frente

  1. Ante esta crisis ecológica, y su manifestación más inminente la crisis climática, precisamente por su carácter global, no existen actualmente mecanismos eficaces para hacerle frente.

 

  1. Por una parte, carecemos de una institucionalidad política global que sea eficiente, a pesar de los esfuerzos de Naciones Unida Por el contrario, los marcos políticos de resolución de conflictos siguen siendo estatales. La fragmentación del sistema político impide que haya un ámbito político para gestionar la crisis ecológica, ya que no hay estructuras globales que legitimen decisiones vinculantes y, además, la necesidad de frenar el crecimiento, tal como lo conocemos, provoca un conflicto entre los Estados que tienden a defender intereses particulares.

 

  1. Por otra parte, el mercado, que sí tiene un ámbito global, excluye, en su funcionamiento, la valoración del deterioro de los bienes comunes de los sistemas naturales, como los océanos o la atmósfera, por lo que, al no suponer coste económico alguno, la contaminación, el agotamiento de los recursos naturales o la pérdida de biodiversidad, resultan gratuita a los efectos del mercado, impidiendo que se ponga el funcionamiento el mecanismo automático de coordinación que relaciona precios y cantidades.

 

c)      Desequilibrio en las relaciones entre el poder económico y el político a favor del poder económico global: las élites económicas mundiales controlan la dirección de la respuesta a la crisis ecológica

  1. Los sistemas que generan estructuras de poder son el político (poder público, formal) y el sistema económico (poder privado, informal). La fragmentación del espacio político en Estados, a pesar de la construcción de algunas estructuras supraestatales como la Unión Europea, y la concentración del poder económico en una escala global, han desequilibrado las relaciones entre el poder económico y el político a favor del poder económico global.

 

  1. La ausencia de mecanismos eficaces para hacer frente a la crisis estructural y la supremacía del poder económico global sobre el político, deja en manos de las élites económicas mundiales la dirección de la respuesta a la crisis ecológica.

d)     La respuesta por el que opte el poder económico global ante la crisis ecológica es el marco general que condiciona las posibles opciones para el futuro de la humanidad

  1. La respuesta a la crisis ecológica implica cambios estructurales sin precedentes por la intensidad y la velocidad de las transformaciones que exigen. Las élites económicas están en disputa sobre las nuevas posiciones de poder que estos cambios están originando en la reestructuración del poder global.

 

  1. La disputa ante las alternativas de respuesta estrategica frente a la crisis ecológica, se organiza en torno a dos grandes opciones: liderar una salida reformista global para el conjunto de la humanidad o, por el contrario, elegir una solución solo para una parte, lo que implica una ruptura disruptiva con la evolución democratizadora tras la II Guerra Mundial.

 

e)      La opción dominante, por ahora, de las élites económicas globales es “la solución sólo para una parte” de la humanidad.

  1. La respuesta a la crisis ecológica tiene, en cualquier caso, enormes costes en términos de poder y de capital para estas élites, por lo que la opción dominante de las élites globales se está decantando por una alternativa que abandona a la mayoría y solo tiene en cuenta el futuro de la minoría de los privilegiados.

 

  1. Las élites que han optado por una solución “sólo para una parte”, están organizadas políticamente en torno a Trump, que como presidente de EE.UU. ocupa la posición de clave de bóveda del sistema donde se conectan los poderes globales, público y privado, simbolizados por la FED y Wall Street. Se trata de una opción totalizante que contrasta con el fascismo porque esta nueva amenaza tiene una naturaleza global.

 

f)       La estrategia y los objetivos de las élites económicas globales que han optado por la vía de «solución sólo para una parte”

  1. Su estrategia es la pasividad ante la crisis ecológica, la bunquerización de los Estados que tienen una situación dominante como EE.UU. o el Reino Unido, la defensa de los privilegios de sus empresas multinacionales, sobre todo de las tecnológicas, financieras y extractivas de recursos, la exacerbación de los conflictos internacionales de todo tipo, con especial gravedad de los militares, el aumento del gasto militar y el abandono de acuerdos de limitación de armamentos, y, sobre todo, el desgaste de los poderes públicos e incluso la destrucción de la democracia.

 

  1. El objetivo de la desarticulación del poder público abarca tanto el escaso tejido multilateral público internacional y en particular de la Unión Europea, por ser un proyecto de ampliación de la escala estatal, lo que se traduce entre otros efectos en que está liderando la estrategia de transición ecológica para el conjunto de la humanidad, como, sobre todo, la conquista de los gobiernos de los Estados democráticos para destruir la democracia desde dentro, tal como han descrito autoras tan diversas como Ece Temelkuran (Cómo perder un país), Marlene Wind (La tribalización de Europa) o Yascha Mounk (El pueblo contra la democracia). En España, Ignacio Molina ha descrito esta estrategia como “el proceso (que) consistiría en la unión de varios factores, como el deterioro progresivo de los derechos civiles, el cuestionamiento del sistema judicial, la pérdida de fuerza de los partidos y un acoso a la prensa” y, sobre todo, el aumento de la polarización política mediante la utilización del nacionalismo excluyente que provoca un espejismo en torno a la recuperación de la capacidad de hacer frente a los retos del siglo XXI en un solo país.

g)      El fomento del nacionalismo excluyente, a través de regímenes y partidos autoritarios, es la principal arma que utilizan para la destrucción de la democracia

  1. La destrucción de la democracia es una condición para que triunfe la “solución sólo para una parte”, porque la democracia es un sistema cuyo fundamento consiste en la construcción de mecanismos que permitan la defensa de los intereses de la mayoría, salvaguardando al mismo tiempo los derechos básicos de las minorías. La defensa de la democracia es el cimiento en el que se basa toda la articulación progresista porque además, de ser el marco fundamental de la convivencia, cultural, social y política, es el único valor que no pueden atacar de frente, a pesar de ser, precisamente, lo que define en negativo a los nuevos agentes autoritarios. Por ello, la defensa de la democracia y del federalismo y la defensa de una alternativa de transición ecológica y social que no deje a nadie atrás, son vectores que se retroalimentan positivamente.

 

h)     La utilización de los ilusorios privilegios transversales, implementada por las fake news, y la “moral de la exclusión”, para la ruptura de los consensos mínimos que permiten la convivencia social, provocando la polarización social y política

  1. La estrategia de “solución sólo para una parte” se apoya en partidos y regímenes autoritarios que tratan de obtener un apoyo mayoritario invocando la defensa de los ilusorios privilegios transversales que actúan como vetas en el sistema social: el privilegio de la nacionalidad frente al emigrante, del hombre frente a la mujer, de los ricos frente a los pobres, de los heterosexuales frente a los homosexuales, de los fieles de las religiones con más poder frente a los infieles, de los depredadores del medio ambiente frente a la naturaleza, de los blancos frente a personas no blancas, de los portadores de armas frente a las personas desarmadas, etc. Todo ello implementado por el uso de las noticias manipuladas en las redes sociales.

 

  1. Este objetico, la desarticulación del poder público, tiene una primera fase de lucha cultural que se apoya en una “moral de la exclusión” que consiste en eliminar toda traza de culpabilidad en la defensa de una posición de aparente privilegio sectorial mediante la negación ontológica del “otro”, como una lógica de darwinismo social o de supremacismo nietzscheano, a pesar de que su caldo de cultivo es el miedo y el pesimismo. Esta moral de la exclusión llevada a sus últimas consecuencias conecta con el marco antimoral de “solución sólo para una parte”.

 

  1. La consecuencia política básica de esta ofensiva de la antimoral de la exclusión, fomentada por las élites económicas globales que se han decantado por “solución sólo para una parte” e instrumentada a través de los regímenes y partidos autoritarios, es la ruptura de los consensos mínimos que permiten la convivencia social sobre los que se asienta el Estado democrático, provocando la polarización social y política.

 

i)       Las condiciones materiales: la polarización de las condiciones de trabajo y el declive del “capital social

  1. La estrategia de polarización política tiene su apoyo material, por una parte, en la polarización de las condiciones de trabajo, que se ha acentuado a partir de la crisis de la globalización de 2008, mediante la combinación de los nuevos medios productivos que ha incorporado la digitalización de la economía y la acción de los gobiernos neoliberales con medidas de austeridad, devaluación salarial y desregulación del mercado de trabajo. Por otra, en el declive del “capital social” tal como lo ha definido Robert Putmam (Solo en la bolera). Jared Diamond, en su libro “Crisis”, lo relaciona con la crisis de la “virtud cívica”, y encuentra su causa en el “auge de las formas de comunicación que no requieren de una presencia cara a cara, en detrimento de la comunicación directa”.

j)       Defender los valores democráticos y desechar, de una vez por todas, la idea de “revolución en un solo país”

  1. La defensa de la democracia exige desechar por completo la ilusión de “la idea de la revolución en un solo país”, aunque sea de forma implícita, es decir, el espejismo de que en el marco de un Estado son posible cambios estructurales radicales al margen de la evolución internacional. Ese espejismo provocó en su momento que hubiera un marco moral que justificara “sacrificar la democracia” para construir el socialismo y hoy alimenta todos los espejismos en las culturas de izquierda que viven de los sectarismos que justifican visiones instrumentales de la democracia y la negación de la política por la defensa de “valores superiores”, cualesquiera que estos sean.

 

  1. Desechar la idea de la” revolución en un solo país”, supone aceptar la contradicción básica existente entre la escala de los problemas globales y la escala de resolución política de los conflictos que son el ámbito de los Estados, asumiendo los límites que implica esta contradicción y resolviéndolo en una doble dirección: por una parte, la prioridad en alcanzar los gobiernos de los Estados para defender los marcos de convivencia en un proyecto de transición ecológica y justicia social y, por otra, el impulso a una institucionalidad pública global que sea capaz de planificar y adoptar acuerdos vinculantes para una transición ecológica que no deje a nadie atrás, de ahí la importancia de la conexión entre democracia y la idea federal y la relevancia de la defensa de la Unión europea y multilateralidad, necesitada de autonomía real y de mecanismos cooperativos en este mundo globalizado, capaz de producir bienes públicos globales frente a la desigualdad, la violencia, el autoritarismo y la crisis ambiental, a partir de la institucionalidad democrática de los Estados.

La imagen es una reproducción de una obra de la artista Amalia Pica (Argentina 1978) que actualmente expone en el CAAC.

 

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