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Paz y esperanza

Rafa Rodríguez

El fracaso de los árbitros constitucionales

La democracia es un equilibrio inestable entre el consenso y el conflicto por lo que las instituciones arbitrales son imprescindible más aún cuando el conflicto cuando afecta al pacto social originario sobre el que se construye todo el armazón institucional que hace posible la vida en comunidad, que es lo que está sucediendo ahora cuando “una amplia mayoría de los representantes políticos del Estado consideran innegociable que el sujeto constitucional sea la nación española y por lo tanto imposible un referéndum de autodeterminación y una amplia mayoría de los representantes políticos de Cataluña consideran que el sujeto constitucional es la nación catalana y en consecuencia consideran innegociable tanto la celebración de un referéndum de autodeterminación del pueblo de Cataluña como una eventual declaración de independencia, a pesar de que suponga la ruptura del orden constitucional del que trae causa su propia representación“ (https://www.paralelo36andalucia.com/34856-2/).

El tribunal Constitucional es un órgano especial que participa en parte de la naturaleza de un legislador negativo y en parte de un órgano jurisdiccional porque juzga el caso concreto pero su objeto son normas jurídicas en un juicio de constitucionalidad. Esta singularidad corresponde a su función de arbitraje en los conflictos constitucionales. El TC ha ido deteriorándose en esta función, pero a partir de la STC 31/2010 ha pedido para la opinión pública catalana su credibilidad arbitral.

Solo quedaba un órgano con capacidad de arbitraje en última instancia que era el Jefe del Estado, al que la Constitución le atribuye expresamente arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones. En ese funesto discurso del 3 de octubre el Rey abdicó también de su función de arbitraje y cerró filas en torno a las posiciones más belicistas de la derecha española.

Cuando los árbitros (TC y jefatura del Estado) en vez de ejercer su función toman partido solo queda la opinión pública para decir basta ya de locura ¡es la hora de del diálogo ¡

 

La situación es mas que peligrosa

Ahora estamos bajo la amenaza de que el Parlamento de Cataluña realice en unos días la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) lo que significa la ruptura jurídica con la institucionalidad constitucional y autonómica que a pesar de toda ha seguido funcionando en Cataluña y por lo tanto la generación de un vacío jurídico que el Estado tendría que llenar. Es una invitación a la aprobación de las medidas de excepcionalidad autonómica para Cataluña que se derivan de la invocación del artículo 155 de la CE.

Pero es posible que la espiral de confrontación no se parase ahí, sino que el PP también declarase el estado de excepción previsto en el artículo 116 de la Constitución para lo que necesita la autorización del Congreso. Y aquí hay una clave. El discurso del rey se produjo tras el nuevo fracaso de Rajoy de doblegar a Pedro Sánchez y es posible que lo que estuviese diciendo entre las líneas de tanta dureza y ausencia de cualquier mención al diálogo es que Rajoy ya tenía los votos de una parte de los diputados del PSOE necesarios para que se abstuvieran o incluso votarán sí al Estado de Excepción del 116 de la Constitución aunque eso significase la ruptura del PSOE. Hay declaraciones de dirigentes del sector más neoliberal y centralistas del PSOE que no dejan lugar a muchas dudas.

Este escenario significaría un conflicto de larga duración con una escalada progresiva de violencia, pérdida de derechos, grave deterioro de la democracia y del Estado de las Autonomías, crisis económica generalizada, empobrecimiento de la población sobre todo de los grupos más vulnerables, enfrentamiento de la opinión pública y posibles consecuencias en cuanto a nuestra posición en la UE.

Hay salida

Hay una salida: que la opinión pública, el único árbitro que nos queda, se manifieste decididamente por el diálogo y la reinvención de nuevos arbitrajes. La opinión pública en el conjunto del Estado y en particular en Cataluña tiene que convertirlo en el mensaje dominante. Con carácter inmediato es imprescindible presionar para que se produzca una reunión inmediata entre Puigdemont y Rajoy.

Desde Andalucía tenemos que unirnos para que se nos oiga decir “pongámonos de acuerdo porque hay salida: Parad la DUI y el 155. Guardad vuestras amenazas y sentaros a hablar”.  Hoy más que nunca necesitamos que vuelva la bandera blanca y verde para decir muy alto PAZ Y ESPERANZA.

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