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SOBRE GESTACIÓN SUBROGADA Y TAL…

Laura Frost

Andaba yo pensando, que ya sabéis que soy mucho de pensar, sobre esto de la gestación por subrogación, o los vientres de alquiler o mejor aquello de vamos a comprar niños y niñas. El fenómeno Gattaca, que le llamo yo. Me sigue sorprendiendo, sin lugar a dudas, esta necesidad que presentamos los seres humanos de hacernos transcendentes a cualquier precio, y si es a costa de los más desfavorecidos, pues mejor que mejor, así no tenemos que cuestionar el sistema de privilegios y desigualdades, que nos va muy bien. Nos hacemos unas buenas leyes al gusto, como aquel que se hace su pitillo, y a disfrutar.

Preguntas, yo me hago preguntas, y eso que las preguntas las carga el diablo. ¿Es la maternidad y la paternidad un derecho? ¿O se trata, por el contrario, de un deseo? Para mí es lo segundo, lo primero —los derechos, quiero decir—, están más relacionado con la vida digna, la equidad, la justicia y el amor. Entonces, ¿ha llegado el momento de legislar los deseos? Pues menudo festival, ¿no? La judicatura se va a echar unas buenas risas con todos nosotros, será que con la corrupción, las agresiones a mujeres y menores, y la reforma laboral no van ya más que sobrados. Será que a las señoras y señores de la toga les hace falta un poquito más y que les va la marcha, no sé.

Veamos, la cosa va de genes, ¿no? Y si son los más bonitos, pues mejor que mejor, que nos salga la criatura guapa y lista, que ya que estamos. Total, para eso la pagamos. En estas que ya podrían hacer un catálogo o mejor, una plataforma online y los compramos desde casa, a golpe de click o “like”, ¡cómo mola un like!

Pero yo digo una cosa, bueno digo muchas, pero voy a empezar por esta que se me viene al pensamiento de un modo recurrente. Vamos a ponernos en el siguiente escenario. Una señora se implanta unos óvulos fecundados en principio por su señor o compañero, y luego resulta que después de haber gestado —con lo que conlleva un embarazo, que telita— y haber parido, que de eso ya no te digo nada, van y le dicen: ¡Anda, que nos habíamos equivocado! Que le implantamos los óvulos de otra, y aquella señora de allí acaba de parir a su descendencia genética. Bueno, pues llegados a este punto, ¿quién es tu hijo o hija, querida? ¿Al que has parido o el que lleva tu carga genética? ¿Con cuál te quedas? Y lo más importante, ¿a cuál de ellos amas? Porque digo yo, que en el fondo la cosa va de amar, ¿no? ¿O se trata de una cuestión de ego? Mira que con los egos no pudo ni Freud, que de haber existido las redes sociales en su época hubiera necesitado tres plataformas para él solito.

Es que este asunto es la mar de curioso, ¿no? Porque claro, entonces, la mujer o el hombre que adopta, sin carga genética, entonces… ¿aman menos? Y otra preguntita más, ya que estamos lanzadas… ¿los niños y niñas que nacen de progenitores incapaces de cuidarlos y amarlos, esos no tienen derechos a una vida digna y a la felicidad? Es mejor que mueran de un traumatismo craneal a los cinco meses después de una paliza no, total, como no tienen derechos. O deseos, claro, porque como son diminutos, frágiles y no tienen voz, pues sus derechos no se legislan. Bueno, se legislan regular, a la vista esta. Podemos tirar de hemeroteca, o hacer un bonito análisis del Sistema de Protección de Menores. ¿Os cuento un poquito? Lo vais a flipar. Eso para otra columna. Es que quedan muchos años hasta que puedan votar, claro, y hasta que puedan generar plusvalía y perpetuar el sistema heteropatriarcal y capitalista. ¡Porras, ya se me escapó lo de heteropatriarcal! Y yo que me había prometido que no lo iba a mencionar. No tengo remedio.

¡Cómo mola esto de comprar bebés, de verdad! El tal Maslow ese de la pirámide debe estar alucinado con lo que hemos llegado a hacer con sus propias teorías. La realización suprema, sin lugar a dudas. Venga, vamos a trascender un poquito más allá, a proyectar nuestras expectativas sobre nuestra descendencia para que la historia no nos olvide, que si no tenemos prole con carga genética no somos nada en la vida. Unas fracasadas, unas yermas que acabaremos adictas a los ansiolíticos. Y yo que pensaba que de ser rica mi mayor deseo sería comprarme un Mazda 6 en rojo Rusia. Debo ser una estúpida.

Y digo más, estas chicas que se van a poner a tener criaturas por aquí y por allá; ¿Son señoras con sus vidas resueltas, con hijos e hijas propios, conscientes de lo que implica la maternidad y que van a profesionalizar sus servicios? ¿Van a montar un experto o master para madres de alquiler? A no, van a ser personitas desesperadas que ya no saben de dónde sacar dinero para sobrevivir, incluso para mantener a sus propios hijos en el seno de un modelo de garantías sociales que se apoya en pies de barro. Eso es lo que me parece a mí. Y total, como los ricos siempre van a pagar. Bueno, y los no tan ricos, que los habrá que se endeuden hasta las cejas para comprar un chiquillo o dos, que ya puestos. Como quien se compra una segunda residencia en la playa.

Concluyendo, que gestar y parir se regulariza y se profesionaliza, te tendrás que sacar un buen Curriculum, digo yo. Y por otro lado, que ser madre y padre se compra, y entonces ese es el amor verdadero, como el que le profesamos al IPad o al teléfono móvil de última generación, que también lo compramos y su dinero vale. Adoptar, por el contrario, es amor de segunda categoría, que no hay genes de por medio y 21 cromosomas tienen mucho peso. Y que los niños sin voz, mejor que se mueran, hombre, será que son material defectuoso. Y que los que han decidido que no tienen prole porque la biología se lo ha puesto difícil, se hacen su trabajo personal (incluidas unas cuantas terapias), y viven una vida plena, esos son unos fracasados que se conforman con las migajas de la vida.

Pues sí que está interesante el asunto, ¿eh? Da que pensar, cuánto menos. Y mientras tanto, pues las cifras de pobreza infantil se disparan, el SPM (Servicio de Protección de Menores) se colapsa y se desintegra, la ciudad de Sevilla alberga tres de los barrios más pobres de todo el Estado español, de los refugiados —donde hay muchos niños que necesitan un hogar y mucho amor— sabemos poco, o no se hace ningún esfuerzo por regularizar nada y mueren bebés en los hospitales, desaparece el modelo de bienestar, el acogimiento familiar es una mentira mediática que no funciona y que sigue sacando el dinero a los contribuyentes en campañas inútiles y los cortijos permanecen a golpe de brazo de madera.

Bonito, bonito esto de comprar la vida. Yo voy a ver si me compro un corazón nuevo que el mío anda remendado de tiritas, total, todo sea por contribuir con el capitalismo y sus fórmulas sagradas. Y sobre los derechos de la infancia, la vida digna y el sufrimiento de los más débiles, las agresiones a mujeres en todas sus fórmulas (incluidas la de comprar sus úteros), bueno… pues ya tal.

 

2 Comentarios

  1. lo tengo claro, ahora mismo le hago la prueba de paternidad a mis hijos por que como no sean míos, paso de amarlos.me compro otros y listo…..

  2. Totalmente de acuerdo contigo, Laura (menos en lo del Mazda 6, aunque tampoco por eso debas ser lo que dices que debes ser)

    Si ligamos el amor únicamente a los genes, lo llevamos claro.
    Y con tanta infancia desprotegida, más. Deberías contarlo.

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