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SOBRE LA TRANSVERSALIDAD

Rafa Rodríguez

La transversalidad es un concepto que ha sacudido el marco ideológico de la izquierda en España durante los últimos años, pero cuyo significado se mantiene a un nivel intuitivo en torno a la idea de ampliar el espacio social con políticas y reivindicaciones que sean asumidas por amplias capas sociales, más allá de la ubicación ideológica de la izquierda.

Sin embargo, esta idea es demasiado ambigua y crea confusiones sobre qué restricciones políticas son necesarias o sobre si es conveniente que las organizaciones que la defienden se definan como organizaciones de izquierda. Por eso, vamos a realizar algunas reflexiones en torno a la idea política de la transversalidad para intentar acotar su significado.

Empecemos por definirla como un proyecto de liderazgo y hegemonía desde izquierda no socialdemócrata que, manteniendo toda su fuerza transformadora, se dirige al conjunto de la sociedad, con propuestas políticas asumibles más allá de su electorado tradicional, mediante la escucha, el diálogo y el pacto, para alcanzar consensos de país desde la defensa de los intereses de las clases no privilegiadas, a través de gobiernos progresistas, movilizaciones populares, experiencias de autoorganización social y de apoyo a innovaciones alternativas.

Este ambicioso proyecto tiene a su favor las nuevas experiencias colectivas que ha implicado la lucha contra la pandemia en la que está siendo clave la acción de los poderes públicos, tanto de la Unión Europea, como del Estado central, las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales, para garantizar la cobertura médica y sanitaria facilitando vacunas gratuitas en función del riesgo y no en función de la capacidad de compra, pero también el despliegue de múltiples iniciativas para compensar la parálisis de la actividad económica, impulsando una nueva confianza en lo público para que lidere, a través de la planificación, la intervención en la economía o la gestión de los servicios, como alternativa a la hegemonía cultural del neoliberalismo.

Es importante no confundir transversalidad con políticas centristas que se dirigen también a amplias capas sociales con iniciativas redistributivas y de extensión de los derechos civiles, pero aceptando el marco neoliberal dominante. Ese fue el proyecto de la “tercera vía” que promovió parte de la socialdemocracia a partir de la década de los 80 del pasado año y que tuvo como principales impulsares a Tony Blair, Schröder o Felipe González en España.

Lo novedoso es que la transversalidad es una propuesta de partidos y organizaciones que están a la izquierda de la socialdemocracia con una voluntad de cambio profundo, con políticas públicas no solo redistributivas sino también políticas predistributivas que actúan sobre las causas de la desigualdad y la crisis ecológica, para modificar el modelo económico, las relaciones laborales y los servicios públicos.

Conciliar transversalidad y transformación ha sido posible porque las organizaciones “transversales” han asumido plenamente la democracia como un fin en sí mismo y como un medio para la transformación, rompiendo con cualquier atisbo de dogmatismo a través de una nueva epistemología que entiende la política desde la horizontalidad de la subjetividad colectiva y no como una relación vertical donde el partido era el depositario de la verdad objetiva que tenía que “descubrir” a la gente mediante una “acción pedagógica”.

Así, desde la perspectiva de la ubicación ideológica, las organizaciones “transversales” se sitúan dentro del eje izquierda – derecha, que es el eje a través del cual se estructura el comportamiento electoral en la mayor parte de las Comunidades Autónomas españolas, incluida Andalucía, en la izquierda, aunque en completa ruptura ideológica con la extrema izquierda, entendida como aquella parte de la izquierda que se considera en posesión de la verdad objetiva y que tiene, por lo tanto, una concepción instrumental de la democracia.

Sus políticas no miran solo al electorado afín, sino que se dirige a la inmensa mayoría, porque tienen como objetivo construir un “proyecto de país” con propuestas que calen en el elector medio a través no solo de los contenidos apropiados sino de liderazgos que se identifiquen con la gente corriente, lejos de cualquier superioridad moral, y con un nuevo estilo de comunicación y una estética que no busca la diferencia sino la empatía, “desempaquetando” los lugares comunes de la cultura de izquierda para adaptarse a la dispersión cultural y social que los cambios económicos y tecnológicos de la globalización y sus crisis está ocasionando en las clases populares y medias.

La ecología, el feminismo y la pluralidad y cohesión territorial son ejes horizontales que, a diferencia del eje vertical de izquierda – derecha, que es el eje del conflicto social y la confrontación política, están ya conectados con los fundamentos de la propia democracia y suscitan un amplio consenso ciudadano, al menos en su formulación genérica, excepto para la extrema derecha que tiene como uno de sus principales objetivos romper este consenso mediante una guerra cultural negando la crisis climática, la violencia de género o la pluralidad de identidades territoriales.

El “proyecto de país” va íntimamente ligado a la capacidad de llegar a consensos y a pactos políticos incluso con los adversarios en algunos temas específicos, pero, sobre todo, con los partidos progresistas para gobernar y fortalecer las instituciones haciéndolas más participativas y extendiendo sus campos de acción, como la mejor herramienta para hacer frente, partiendo de la realidad existente, a la pandemia, la crisis ecológica, la desigualdad en todas sus dimensiones y a los problemas que se derivan de la crisis de la globalización como la inflación o el endeudamiento masivo.

Esa idea de pacto inclusivo está presente en el significado del “Green New Deal” (nuevo pacto verde) que hace referencia al “New Deal” tal como Franklin D. Roosevelt definió sus políticas públicas para atajar la crisis durante la Gran Depresión, y que ha sido popularizado por congresista norteamericana Alexandria Ocasio-Cortez o por las publicaciones de Naomi Klein para defender una política climática transgresora que al mismo tiempo abra camino para una sociedad justa y próspera.

 

(*) La imagen corresponde a la obra de Hugo Fontela, “Entre el límite de lo visible y lo invisible”

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