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De la economía extractiva a la economía verde, una necesaria apuesta estratégica para Andalucía

Mario Ortega / En los últimos meses venimos viendo cómo grandes corporaciones del sector de las materias primas vuelven a tener interés por explotaciones de mineral en Andalucía, y cómo en los últimos años se ha producido una connivencia entre el gobierno central y diversas multinacionales petrolíferas para dinamitar el subsuelo litoral y continental con objeto de exprimir el gas esponjado entre las rocas.

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Lo primero parece que podría tener reflejo en el BOJA ofertando nuevas concesiones extractivas de minerales con contenido metálico (el ejemplo de Aznalcóllar es el más paradigmático), y lo segundo ha tenido su reflejo en el BOE autorizando y dando los permisos pertinentes para prospecciones explosivas desde Cádiz hasta Almería y el fracking gasista salpicado en numerosos puntos de nuestra geografía.

Antes el “desarrollo” y su empleo asociado era excusa para cualquier aberración urbanística y territorial, ahora el mismo entrecomillado es la motivación para seguir apostando por una economía extractiva con tasa de reposición 0. Si el “paraíso” que nos prometía el modelo de la construcción y el ladrillo se demostró falso, el que nos promete el de la minería y las energías fósiles lo es aún más. Destrucción de naturaleza y territorio marítimo y agrario, uso indiscriminado de agua y emisiones y efluentes contaminantes, repercusiones cuantificables económicamente sobre la salud humana y ambiental, hiperexplotación de aguas subterráneas y superficiales, están garantizados a cambio de escasos empleos de baja calidad y bajas necesidades de cualificación.

Todo ello mientras dure, claro, porque el modelo es absolutamente no renovable y sólo espera su agotamiento más temprano que tarde y consiguientemente la herencia de un legado infernal. Entre tanto, la capacidad de presión de los lobbies mineros y energéticos mantendrá los gobiernos amenazados con irse y dejar nuevos territorios de desempleo y Eres, si estos no se pliegan a las autorizaciones pertinentes, la laxitud inspectora o normativa o el desvío de subvenciones directas o crediticias como apoyo público. El mecanismo se conoce y donde se aplica la ciudadanía queda al margen de la democracia, o la democracia se pervierte hasta el extremo en que vivimos en la actualidad.

A contrario, la situación y estructura geográfica, las características agrarias comarcales, los espacios naturales, la disponibilidad de sol y viento, la formación y cualificación de nuestra juventud, la presencia de universidades con personal altamente capacitado, las infraestructuras de comunicación, el suelo industrial ya calificado o el liberado por explotaciones que se han venido abajo, el potencial antropológico y cultural, la identidad mestiza y universal de Andalucía, y la administración autonómica desconcentrada, son pilares para construir un modelo económico propio apalancado sobre economías comarcales e intercomarcales con relaciones cooperativas de proximidad, cuyos excedentes productivos pueden ser competitivos y exportables si se ofrece calidad, ecología, diversidad e identidad.

El pilar central de esta economía ecológica es un modelo energético renovable que bloquee la explotación fósil, reduzca las importaciones de gas y petróleo y garantice la soberanía energética y la independencia tecnológica, y reinvierta sus beneficios en su autosostenimiento, el I+D+i y las políticas públicas de igualdad garantizando el acceso y uso racional de la energía como derecho inalienable.

Una apuesta estratégica de estas características requiere una perspectiva de medio y largo plazo no interferida por el cortoplacismo y los cantos de sirenas de los que habitualmente se hacen eco alcaldes, secciones sindicales y políticos de cuerpo a tierra, actuando como mano interfecta del capital.

La batalla por la democracia y la igualdad, por el empleo y la justicia distributiva, no se juega abriendo puertas institucionales, políticas o sindicales al fétido olor del mundo multinacional y financiero, si no en guerra abierta contra el modelo económico extractivo, y apoyando un modelo económico verde (ya dijo Aznar que los verdaderamente peligrosos eran los ecologistas) en cuyas alforjas se transporta el mejor aroma de la tradición revolucionaria de izquierdas.

Espero que la izquierda que cogobierna en Andalucía se sienta y sea cada vez más ecologista, y haga una apuesta estratégica de largo alcance para construir una economía verde, y lo traduzca en todo lo posible en las políticas de ingresos y gastos de la junta, y en la defensa de la autonomía andaluza para definir políticas económicas propias frente a un centralismo que no sólo pretende concentrar el poder limitando el autonómico para acabar con lo que de público queda en sanidad, educación y políticas sociales, si no que pretende impedir con su política económica y energética la salida equitativa y justa a la enfermedad capitalista.

@marioortega

Imagen extraida del blog de Juan Vida, un cuento chino

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