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Por Sebastián de la Obra: "El edificio que la Junta de Andalucía ha construido anexo a la "Casa de la Alegría" (la Casa de Blas Infante) en Coria del Rio debería, inmediatamente, ser cubierto de ampelopsis. Ya sé que resulta paradójico que una planta que puede sufrir de tristeza sirva para suavizar el impacto de una casa enunciada como "de la Alegría", pero no se me ocurre otro recurso más inmediato ni más justo para semejante atentado. Una casa llena de luciérnagas que la han habitado desde el asesinato de Blas Infante. Como habitaron el campo de los Merinales, o la carcel de la Ranilla o tantos otros lugares de la memoria"

Ampelopsis en la Casa de Blas Infante

DSC00039[1]La Ampelopsis también conocida como Parthenocissus tricuspidata es un arbusto o planta trepadora, muy trepadora. Ésta, denominada “parra del Japón”, tiene origen chino. Su crecimiento rápido y su capacidad de adaptación la convierten en un instrumento magnífico para la modernidad de unos sicofantes que quieren ocultar , suavizar o disimular sus desaguisados. Cubrir con ampelopsis edificios y construcciones se ha convertido en un recurrente recurso de ocultamiento. Una de las características mas reseñables de este arbusto es que tiene una adaptación de color variable para cada contexto político, es decir, para cada estación: verde intenso en primavera, más desvaído en verano, rojo intenso en otoño… Tiene escasos problemas fitosanitarios, soporta toda crítica y, también, el fuerte calor del verano. Se adapta a casi todo tipo de suelos y clima. Sólo habría que destacar una enfermedad que de vez en cuando le ataca: la Botrytis cinerea (Podredumbre gris), conocida en algunos ambientes como “enfermedad de la tristeza”. El edificio que la Junta de Andalucía ha construido anexo a la “Casa de la Alegría” (la Casa de Blas Infante) en Coria del Rio debería, inmediatamente, ser cubierto de ampelopsis. Ya sé que resulta paradójico que una planta que puede sufrir de tristeza sirva para suavizar el impacto de una casa enunciada como “de la Alegría”, pero no se me ocurre otro recurso más inmediato ni más justo para semejante atentado. Una casa llena de luciérnagas que la han habitado desde el asesinato de Blas Infante. Como habitaron el campo de los Merinales, o la carcel de la Ranilla o tantos otros lugares de la memoria. Que han impedido el ruido oxidado de las toxinas amnésicas. Sigilosas han mantenido cada uno de los textos aljamiados, cada manuscrito, cada resto de memoria. Han atrapado todas las extravagancias. También los pensamientos, las apuestas, los compromisos de esta figura sorprendente, valiente, seductor, angustiado, de una curiosidad universal, que es Blas Infante. Dicen que las luciérnagas están abandonando la casa. Que en los alrededores, por la noche, se escuchan lamentaciones que semejan las antiguas kinot hebreas, verdaderos llantos por la perdida de las casas… La Casa de Blas Infante, como todas las casas, es una marca tangible, evocadora, restauradora. Es un pretérito que ya no es, y sigue siendo. Es un espacio de asilo. Las casas, nuestras casas, son espacios de memoria e imaginación que pueden y deben hilvanar una narración, al modo de ese pensador tan admirado por Infante que fue Ibn Arabí. Exhiben y despliegan (tanto como esconden y ocultan) pensamientos, recuerdos, apuestas, miedos, ternuras, sueños… Ya se que han restaurado la casa. Que han taponado las rendijas ¡ya no hay goteras!, barnizado las maderas, sacado lustre al metal y a las lámparas… ¡faltaría más! No es ese el origen de nuestro temor, de nuestra incertidumbre. Sabemos que la Casa es frágil, que no es de hormigón ni petrea…, es un ejemplo fiel de la levedad como reacción al peso del vivir, sin embargo, la construcción, el volumen, el impacto, la contaminación visual del denominado Centro de Investigación de la Memoria de Andalucía ( o Centro de Investigación de la Memoria Histórica o Centro de la Memoria Democrática, o como quieran que lo llamen) silencia y oculta el valor simbólico de la Casa. Esta construcción excede, con creces, la satisfacción de la necesidad básica de reconocer la Casa de Blas Infante. La distorsión de los espacios con sentido propio es siempre causa de olvido. Este modo abrupto de invadir el espacio hace que la Casa de la Alegría se vuelva anecdótica, extraña en su propio lugar.

Si no hay más remedio ¡que cubran todo el recinto con ampelopsis!, que ya nos encargaremos los demas de hacer que vuelvan las luciérnagas.

Sebastián de la Obra

Historiador. Documentalista

2 Comentarios

  1. Es cabreante y raya la indignación, estos tíos del PSOE empezaron a desmantelar la ilusión en el mismo 77 y posterior al cambiarlo al 28 de febrero el día de Andalucía, mataron sos pájaros de un tiro, los que creíamos en Andalucia quedamos desactivados y los que no, no lo celebrarían, todo quedaba ya para celebrarlo en el Alcazar, encerraditos y ajenos al pueblo andaluz,… no nos pueden hacer mas afrentas.
    Animo y p´lante
    Viva Andalucia libre

  2. antonio rebollo palacios

    Todos estamos de acuerdo: Un pueblo sin memoria está condicionado al olvido. De eso se trata. La explosión de júbilo y anhelos del 4 de Diciembre del 77 ¿Cómo fue posible? Un pueblo que celebra sus derrotas. Un pueblo con todas las papeletas para el sorteo de la sumisión. Con lo más importante de su cultura, fogotizada para mayor gloria de España.
    La enzima molecular “proteína Kinesia M zeta” preserva la memoria de largo tiempo, si se inhibe es posible borrar la memoria a largo plazo.
    Los inhibidores de la memoria del pueblo andaluz los conocemos, sus tácticas, sus inmensos medios, poder, le sirvieron de camuflaje para vestirse con el ropaje andaluz y como aviesos quintacolumnistas reventar las esperanzas desde el mismo corazón, donde habita el sentimiento, de Andalucía. Ya no creen necesitar ese impúdico camuflaje, se les llena la boca de España, sienten como azucarillo en agua jirviendo que Andalucía se diluyó. ¿Habrá que felicitarle por el trabajo bien hecho?

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