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Asamblea de Ronda 1918: cien años después

 

 

Pilar González. Hay pocos lugares en el mundo construidos sobre un abismo. Debe ser que en nuestro ADN  queda algún vestigio de las criaturas marinas que fuimos y, puesto que nuestra especie eligió caminar en vez de volar, vivir a la orilla del aire nos produce vértigo.

Ronda es uno de esos lugares mágicos donde podemos caminar por encima de los pájaros y estremecernos ante un paisaje telúrico. Ciudad antigua, extraña, magnética, elegante, no es raro que haya seducido a viajeros de todas partes, especialmente si tienen sensibilidad para las artes, ya sea en verso (Rilke), en prosa (Hemingway) o en imágenes (Welles).

O en palabras. Porque la política, si no fuera por la pulsión del poder, podría ser también un arte, un arte social, un arte de palabras, decisiones y equilibrios para mejorar la vida de la gente. El caso es que cuando Blas Infante y sus compañeros andalucistas pensaron en un lugar para celebrar la I Asamblea de las Provincias Andaluzas eligieron Ronda con la justificación de su cercanía a Bobadilla, punto de concurrencia de los caminos de la Región. No olvidemos que hablamos de comienzos del siglo pasado y que el transporte de personas se efectuaba generalmente en tren.

La convocatoria de la asamblea, que reproducimos en la ilustración,  es un documento extraordinario y lleno de significados: menciona a Andalucía, con toda naturalidad, como Región, como Nación, como Patria y como país. Critica con dureza el régimen político de la I Restauración al hablar de la oligarquía nacional que compone  los poderes centrales. Señala con claridad los objetivos políticos: fortalecer Andalucía y los municipios, creación de un pueblo consciente y capacitado y acabar con los caciques y oligarcas. Apunta los problemas más graves: emigración y analfabetismo. Y desglosa una serie de tareas imprescindibles: poner en cultivo y regar la tierra, construir carreteras, fomentar el crédito industrial y rural, explotar las minas, poblar los bosques, crear instituciones de enseñanza técnica y práctica. Apela al patriotismo regional y concluye con una proclama: la España centralista ha muerto, Viva Andalucía y la Federación de las Regiones Españolas.

Evidentemente hay que contextualizar la convocatoria y la celebración de la Asamblea en su tiempo histórico, que era ciertamente complejo: la primera guerra mundial, la revolución bolchevique, la crisis de la Restauración Borbónica en España en su faceta social, económica, territorial y política. La contextualización explica el lenguaje. Pero los temas, el modelo territorial del estado, la distribución del poder,  el modelo económico, la importancia del municipalismo, la pobreza y la desigualdad de Andalucía….. todos siguen en la agenda política… cien años después. Todos. Lo cual quiere decir que o bien Infante y sus compañeros estaban en la vanguardia política o bien que hemos sufrido una peste de insomnio y desmemoria como la que sufrieron los habitantes de Macondo y que los condujo hacia una idiotez sin pasado. O las dos cosas.

Y es que cuando Andalucía se sitúa en vanguardia, aparece una especie de gripe española que frena, retarda o da al traste con cualquier cambio posible. En 2018 la gripe española es sólo una metáfora, como en 1978 o en 1981. En 1918, en cambio, esa gripe fue una pandemia que causó millones de muertos, aunque se inició en Estados Unidos y no en España.

La importancia de la Asamblea de Ronda, celebrada en el Círculo de Artistas entre el 12 y el 14 de enero de 1918, no viene dada únicamente por la adopción de la bandera verdiblanca y el escudo de Hércules como símbolos de Andalucía. Siendo importantes los símbolos, sin duda, serían las marcas que José Arcadio Buendía fue poniendo por todas partes para no olvidar los nombres ni la función de las cosas.

La Asamblea de Ronda tiene, además, una gran originalidad y un importante sentido político: es un comienzo. Es la intuición de la existencia de Andalucía como entidad política intermedia entre los municipios y los poderes centrales. Es un paso en el sentido de su vertebración. Es una apuesta por un modelo descentralizado y federal, basado en la Constitución de Antequera de 1883. Está organizada y protagonizada por el Centro Andaluz, una entidad cívica, no partidaria, política, no electoral….. Contiene semillas de futuro.

Cien años después es necesario recordar la Asamblea de Ronda, no como un hecho remoto, sino como un modelo rabiosamente actual ante el catálogo de cuestiones que aún están pendientes en Andalucía.

La tarea es vital, no vaya a ser que se cumpla la profecía escrita en los pergaminos del gitano Melquíades y con cien años de olvido y soledad nuestras estirpes no tendrán otra oportunidad sobre la tierra.

 

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