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Ejemplos para pensar la educación y el procomún. Por Pedro Jiménez

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cartel calidadEn Copylove aprendimos que el procomún era más divertido activarlo que nombrarlo. En los últimos meses se está escribiendo mucho y bueno sobre procomún, bienes comunes, y esas otras formas de propiedad que ni son públicas, ni son privadas. Uff, definir el procomún ahora mismo es lo que está más en tensión. Un recorrido no exhaustivo nos podría llevar desde a textos históricos como el Governing the Commons de Elinor Ostrom (Premio Nobel de Economía) al recientemente traducido al castellano “El Manifiesto de la Carta Magna. Comunes y libertades para el pueblo.” de Peter Linebaugh. Además hay textos, encuentros y debates, y cuestiones polémicas sobre la utilidad o no del término para enfrentarnos a la situación política actual; por poner ejemplos que he leído (y que si no estás acostumbrado a leer sobre este tema quizás no son los mejores lugares para empezar) “La ilusión de los bienes comunes” de César Rendueles y la respuesta de Rubén Martínez “La ilusión de los bienes comunes. Cierto, pero…“; “La carta de los comunes” de Madrilonia; “El procomún no es un commons” de Adolfo Estalella; el imprescindible post sobre modelos económicos alternativos en el que situar Empresas del Procomún; la sesión de ayer del Laboratorio del Procomún titulada “La tensión entre lo público y lo común“; o la crónica “La revolución del Común” de Rubén Martínez de donde extraigo una cita para situarnos:

El común, los comunes, la comunidad, el procomún, los bienes comunes, estos conceptos se han instalado de nuevo en nuestro imaginario y parece que están aquí para quedarse. Sin necesidad de escarbar demasiado sobre qué comparten o qué las diferencia, estas palabras conforman un lenguaje que entra en batalla con la dualidad de «lo público» y «lo privado», un escenario en plena asfixia, esclerótico, incapaz de responder al cambio de época que vivimos. Lo común nos desplaza a otra posición, un espacio desde el que señalar y actuar sobre la continua expropiación de recursos y modos de hacer que muchos creen que ya no nos pertenecen. Lo común recupera el hilo de las luchas que históricamente se han enfrentado a un régimen basado en la mercantilización del todo social; es un espacio de poder, de defensa, de reapropiación de la riqueza colectiva. Los abrazos fraternales entre lo público-estatal y lo privado-mercantil nos aplastan, ya va siendo hora de deshacer esta perversa historia de amor.

Yo venía aquí a hablar de educación
Uno de los problemas que se apuntaban en la sesión de ayer de Medialab-Prado es que faltan ejemplos que nos ayuden a pensar qué relación o de qué puede servir el procomún a las luchas de hoy en torno a lo público. Mi primera respuesta fácil hubiera sido acudir a la pedagogía, pero voy a ponérmelo un poco más difícil, para acudir a un terreno más hostil, el de la “política educativa”. Parto de la idea de que no lo tengo claro, que tengo la sensación de andar y desandar constantemente, y que no sé bien a quién le estoy hablando en este post (¿a mi?, ¿a mis afines?, ¿a las investigadoras del común?, ¿a los movimientos políticos-sociales?, ¿a umpy?) pero quería trazar en modo abierto algunas prácticas educativas que pueden servirnos para pensar en el común, en los bienes comunes, y sobre todo en las luchas por la educación pública. Mi intención no es cerrar los ejemplos.

 

El primer punto que tenemos que salvar es entender (dejando en pause el análisis crítico de la institución, que lo hay y es muy interesante) que el Sistema Educativo es un bien público que es normativizado con Leyes Generales de Educación y que aún así estamos de acuerdo en que hay que defenderlo. Esta ley (la vigente) garantiza tres maneras posibles de gestión: la manera público-estatal (transferida a las Comunidades Autónomas en las que cada una hace un desarrollo propio a partir de los decretos del gobierno y que es la que se supone que defendemos cuando hablamos de “marea verde”), la manera concertada (con una gestión privada que recibe una subvención pública para el pago de los sueldos de los trabajadores, que no son funcionarios, se supone que el alumnado no paga nada por recibir esta educación pero ahí entramos en el pantanoso mundo del “donativo obligatorio“), la manera privada (en las que las familias pagan matrícula y todo lo que haya que pagar, atendiendo a una Ley de Educación que regula las enseñanzas básicas y los requisitos mínimos curriculares, etc).

El segundo punto que tenemos que salvar es que, yo al menos, creo en la educación pública como un sistema que debe combatir al neoliberalismo, llamadme romántico, pero es lo que he aprendido y es lo que defiendo desde hace mucho tiempo. No es el lugar de criticar la LOMCE ahora, pero ahí os dejo con la noticia de última hora: ¡¡¡Wert ficha a Mourinho!!!

Con esas dos premisas, quiero apuntar algunas ideas que me vienen rondando la cabeza en los dos últimos años y para evitar palos obvios, utilizo laxamente las definiciones para que nos/me ayuden a pensar en todo esto que tanto nos pone de los bienes comunes, cultura libre, el procomún y bla bla, disculpen mi tono no académico, estoy orgulloso de él:

  • ¿Son las cooperativas educativas un “commons”? Las cooperativas educativas es un movimiento singular y lleno de contradicciones, nacen como respuesta al sistema educativo tradicional (como cooperativas de “consumo” de padres y madres), luego también como colectivizaciones de centros privados (cooperativas de trabajo asociado) y luego también como iniciativas mixtas que buscan una excelencia o un método educativo diferenciado (la que mejor conozco/admiro es la Escola Gavina). Las cooperativas suelen estar concertadas y tienen el mismo régimen que los centros educativos religiosos para hacer itinerarios formativos completos. ¿Son una forma de privatización porque la educación debe ser solo pública estatal? ¿Es el sesgo ideológico un elemento a valorar cuando hablamos de procomún (muchas de estas cooperativas son lugares bastante pioneros / innovadores al mismo tiempo que las hay elitistas y segregadoras)? ¿Qué pasaría con la escolarización si suprimiéramos todos los conciertos educativos? Un dato, en Andalucía solo hay 50 centros cooperativos en enseñanzas básicas. ¿Hay donativos obligatorios en las cooperativas de enseñanza? El debate o la línea para pensarlo está ahí encima de la mesa. Y yo tengo muchas dudas, sobre todo desde un punto de vista ideológico, porque muchas de estas cooperativas (como se menciona aquí) no son más que fórmulas de autoempleo o que no generan realmente una transformación educativa. Yo siempre he pensado que la concertación con la Iglesia Católica debe eliminarse (porque las confesiones no deben tener tantos privilegios) pero ahora dudo de si un sistema concertado no es una forma de gestión comunitaria de la educación.
  • Las comunidades de aprendizaje, son interesantes fórmulas de gestión pedagógica y comunitaria de un centro público, se definen así: “Las Comunidades de Aprendizaje implican a todas las personas que de forma directa o indirecta influyen en el aprendizaje y el desarrollo de las y los estudiantes, incluyendo a profesorado, familiares, amigos y amigas, vecinos y vecinas del barrio, miembros de asociaciones y organizaciones vecinales y locales, personas voluntarias, etc.” Lo que me parece interesante (más allá del grado de innovación pedagógica) es que están reconocidas, al menos en la Junta de Andalucía desde 2012, y como tal son proyectos de intervención comunitaria gestionadas desde lo público con una serie de garantías interesantes (el profesorado obtiene más puntuación en los concursos de traslados, las entidades no docentes obtienen un certificado por parte de la administración, permanencia de los docentes en el proyecto, etc) ¿Es este un modelo de “procomunar” la educación en un sentido abierto y expandido? ¿No dejan de ser proyectos educativos reducidos o especiales que tienen sus estatus especial? Sé bien las críticas pedagógicas que se le puede hacer al concepto y conozco experiencias que no son satisfactorias, pero intento plantear una visión más allá del propio modelo, si se ha conseguido que esto se reconozca quizás podemos hacer fuerza porque otros movimientos pedagógicos sean reconocidos en el sistema (nótese aquí que en leyes de educación – hasta la LOMCE – lo que se ha hecho mal es es no aplicarla con mayor ahínco), quizás uno que no tenga asignaturas, ni reválidas, ni autoritarismo por decir algo. Está claro que con la LOMCE este tipo de cosas están mucho más amenazadas pero siempre existen recovecos, grietas… y bueno, no caigamos en purismos que muchos de nuestros referentes históricos de la escuela libertaria o de experiencias pedagógicas tipo Institución Libre de Enseñanza han sido siempre reducidas y privadas.
  • Otras prácticas cooperativas, de menor calado que las anteriores, son las “cooperativas de consumo de material escolar“. Aquí las tensiones entre el “free-rider/privatización del conocimiento de las grandes editoriales” vs “pequeña comunidad que gestiona eficientemente unos recursos” son muy interesantes. Las primeras obligan y son ayudadas por la administración con el engañoso “libros de texto gratis” (entre otras cosas porque el libro de texto impone una organización escolar que ya está desfasada, véase la iniciativa #librodetesto), además actúan cual lobbys mafiosos (la propia organización que agrupa a las editoriales ha enviado recientemente esta carta sobre el código de conducta de las editoriales) en el que hay pequeñas corruptelas, se regalan pizarras digitales, proyectores, portátiles que en el mejor de los casos van para los centros. Eso es así. El caso es que frente a este modelo existen las cooperativas formadas por familias para gestionar de manera transparente los materiales que se usan en clase. Aquí se explica muy bien en el blog de Bea. A mi sirven para seguir pensando en aquello de las comunidades godzilla, también en relación a la gestión de lo público, seguro que no está exento de problemas, pero aquí no estamos para dar soluciones únicas sino para tener sitios donde agarrarnos en nuestras prácticas del día a día
  • Y en relación a los libros de texto mencionaba Marcos en el Medialab que él pensaba que una de las cosas interesante que podríamos atender al hablar de “lo público y lo común” es la gestión colaborativa que se están haciendo de “libros de texto libres” a partir del movimiento de la Marea Verde. Son reacciones espontáneas contra el sistema que obliga a la privatización y que encarece la educación. Como mecanismo de reacción puede ser interesante ver cómo se organiza (en este caso en un wiki no abierto) el profesorado para dotar al alumnado de un material de clase libre y construido colaborativamente. Lo que apuntaba Marcos era la idea de cómo usar el procomún, en este caso las licencias Creative Commons, para mejorar un bien público. Ese es el valor que tiene ApuntesMareaVerde, pero a mi me genera muchas más dudas que los ejemplos anteriores porque no puedo extraer mi crítica pedagógica a la idea/metáfora del libro de texto cerrado (en este caso son PDF pensados para imprimir) y porque creo que esa metáfora sí que encierra un sistema que no es ni libre, ni abierto en cuanto a la educación que estamos pensando. Este ejemplo, aún siendo el único que se autoposiciona desde la cultura libre, es el que menos me pondría a dar como tal si antes no repensamos los objetos de conocimiento. Esta propuesta/reflexión es lo que hace Carlos Escaño en este paper titulado “EDUCACIÓN MOVE COMMONS. Procomún, Cultura Libre y acción colaborativa desde una pedagogía crítica, mediática y e-­visual”. También sabemos que las licencias como tal no generan o no tienen por qué generar procomún, aún así tanto este movimiento, como el de miles de docentes que trabajan en abierto (los proyectos de implantación de Software Libre en la educación, el blog sufragado por fondos públicos Educ@conTic, los eventos autogestionados por docentes como EABE o NOVADORS o asociaciones como ESPIRAL se convierten en este sentido ejemplos paradigmáticos) son una buena respuesta al aberrante planteamiento estadounidense titulado “Don’t copyright the classroom!” que nos descubrió Paco el otro día.
  • Lo anterior me lleva a mencionar un movimiento interesante, que creo que ha perdido peso pero que está también dentro de lo público y que bebe de la filosofía de los proyectos anteriores. En este caso me refiero a la elaboración de materiales para la formación a distancia, basados en el aprendizaje por proyectos, con una licencia que permite el uso comercial y la remezcla. Nosotros hemos participado, la Junta de Andalucía nos contrató para diseñar los contenidos de la asignatura Cultura Audiovisual del Bachillerato Artístico, el caso es que el compromiso que firmamos es que cedíamos al común los derechos de explotación (y también en cierto modo los “morales” porque nuestros trabajos están firmados por la Consejería de Educación aunque sí que existe un reconocimiento – certificado válido – de nuestra “autoría”) sobre ese contenido con una licencia abierta. ¿Es esto lo mismo que lo anterior? Creo que no porque aquí se genera, me váis a permitir este redoble de palabras, una especie de “cercamiento hacia lo libre”, es decir, contratan nuestra fuerza de trabajo para generar un contenido libre, además esto es así obligatoriamente para todas las personas que están desarrollando estos contenidos. La infraestructura (que no es poca y no es precisamente barata) y el material automáticamente se pone un repositorio libre gestionado por la administración: Agrega. ¿Sería este entonces un modelo a seguir? Todos los contenidos que se producen por la administración ¿no deberían ser de uso libre y estar de manera accesible? ¿Ha tenido un impacto que esos materiales se hayan puesto libres en la red más allá del uso propio de cada autonomía? ¿Hay una comunidad que cuide esos materiales? ¿Todos los materiales en Agrega están hechos desde esta misma filosofía? No, pero aquí están puedes aprender desde Chino a Filosofía de segundo bachillerato pasando por inglés o dibujo artístico. Lo que sí tengo claro es que esto es mucho más interesante que los MOOCs.

Y ya está, creo que se me ha ido de madre, pero seguiré pensando en esto porque tanto la sesión de ayer en Medialab-Prado como nuestras propias prácticas educativas nos llevan a reflexionar sobre esa tensión y a buscar brechas entre lo público y lo común. Ah bueno y porque estoy escribiendo para “Ni apocalíptico ni integrado” algo sobre Educación y Cultura Libre pero allí solo tengo 2455 caracteres. Si tienes algo que decir usa los comentarios. cartel calidad

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