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Nadie cuestiona ya que estamos viviendo la crisis económica más importante de las últimas décadas, hasta el punto de retroceder a 1929 para encontrar precedentes. Probablemente éste sea ahora mismo el único elemento de consenso: la gravedad de la crisis. Sin embargo, los movimientos que se están haciendo desde las academias y desde los principales gobiernos tratan de establecer una interpretación “conveniente” de lo que sucede, para justificar que la salida que debe tomarse es... “hacer lo de siempre, pero mejor”. Perturbador.

El gran aviso

1.INTRODUCCIÓN
a) La hiperrealidad

Este artículo defiende, ante todo, una vuelta a la realidad, orillada por el sistema económico y manipulada en todos los ámbitos sociales; busca proporcionar un marco conceptual unitario para explicar las catástrofes observables que se han producido en la economía mundial desde comienzos de 2006 y contribuir a la construcción de una perspectiva sistémica para avanzar hacia un sistema social más civilizado, sobre una base realista, a partir de una reflexión sobre la actual crisis.

El primer interrogante sobre la crisis que se platea es sobre su causa: ¿qué proceso gestado en estos últimos cuarenta años puede explicar porqué hemos pasado de un crecimiento económico mundial durante décadas al abismo de la depresión económica?. Pensamos que la respuesta está en el auge, en un mundo sin bloques, de la globalización que ha sido producto y causa de un desarrollo tecnológico vertiginoso mediante el cual el sistema económico único se ha expandido por todo el planeta convirtiéndolo en un mercado integrado al mismo tiempo que ha permitido en gran parte la sustitución del trabajo por la automatización de los procesos productivos, acelerando la productividad de forma constante: “El sistema evoluciona hacia un límite interno en el que la producción y la inversión dejan de ser lo suficientemente rentables”(2). Es decir, el proceso de globalización ha provocado que el capitalismo se enfrente, cada vez de forma más dramática, a sus límites ecológicos y económicos.

Ya en 1972 el Club de Roma publicó el informe “Los limites del crecimiento”(3), en el que se desenterraba el concepto de “estado estacionario”, ofreciendo una dirección opuesta al crecimiento exponencial de la economía y de la población. Sin embargo, el capitalismo optó por el crecimiento sin límites confiando en que el progreso tecnológico iría resolviendo las contradicciones y avanzó en la construcción de la “sociedad del espectáculo” que ya desde comienzo de los años sesenta habían denunciado los situacionistas(4). Desde entonces esa dinámica ha estado jalonada de triunfos, al menos de forma aparente: superación de las crisis petroleras, desmoronamiento del bloque soviético, bienestar económico en el mundo occidental al que se ha ido incorporando parte de la población de los países emergentes, innovación tecnológica sin precedente o marginación de los críticos al sistema. La desigualdad estructural, el deterioro medioambiental, la deshumanización de la sociedad o la ritualización de la participación política parecían inconvenientes menores que en ningún caso ponían en cuestión al sistema.

A medida que la producción ya no era capaz de valorizar los capitales acumulados y que los costes ambientales crecían hasta el punto que su interiorización podría hacer inviable el propio sistema, el capitalismo ha ido acentuando la construcción “hiperrealista”: Los conglomerados de multinacionales, financieras, industriales y de servicios, sobre todo de la comunicación, asociados a los fondos soberanos de los Estados emergentes no democrático y bajo el liderazgo de EE.UU. han ido diseñando un sistema complejo y completo para sortear los límites físicos y humanos de forma que permitiera la acumulación de los excedentes brutos de explotación de manera ilimitada, en el contexto de la globalización de los mercados, bajo el paradigma de un comportamiento egoísta cuya patología parte de la negación en la práctica del concepto de lo finito tanto individual como socialmente. Se trata de un sistema radicalmente irracional que practica un nuevo “idealismo”, “más allá del bien y del mal, al margen de lo verdadero y de lo falso”(5).

Jorge Wagensberg(6) comienza su libro “La Rebelión de las formas” afirmando que: “La realidad se compone de dos cosas: objetos y fenómenos. Los objetos ocupan el espacio, los fenómenos ocupan el tiempo. Los objetos son distribuciones espaciales de materia, energía e información. Los fenómenos son cambios temporales de los objetos.”. Reproduzco esta definición sintética de la realidad porque nuestra hipótesis es que la actual crisis es consecuencia de la sustitución de la realidad por la hiperrealidad, entendida como una construcción social en gran parte artificial dirigida hacia una finalidad muy real, la de concentrar la acumulación de plusvalías de forma ilimitada, sobre todo a partir del sistema financiero. Precisamente es la naturaleza en parte irreal del sistema lo que está produciendo tal cantidad de entropía que se ha manifestado como una crisis económica estructural: a más irrealidad más desorden.

Las sociedades, como parte de la realidad, también tienen como sustento profundo una concepción del tiempo y del espacio que se va modificando con la evolución de su estructura. Actualmente estamos asistiendo a un cambio muy profundo en la percepción social de cada una de estas dimensiones. El tiempo está perdiendo su perspectiva y tanto los individuos como las instituciones tienden a la instantaneidad. El corto plazo lo domina todo. El espacio, el molde de la singularidad, tiende a difuminarse a la par que se reestructura la división política entre lo público y lo privado.

Los poderosos han construido una hiperrealidad basada en la imperceptibilidad del espacio y del tiempo, una construcción que abarca todas las manifestaciones sociales: la economía (desconexión entre la economía real y la financiera, sustitución de la persona por el homo economicus, negación de la existencia del medio físico como límite económico evaluable); el medio ambiente (desconexión entre el metabolismo ambiental y el sistema productivo); la política (sustitución de los contenidos racionales por el marketing y los relatos); los valores sociales (manipulación del sentido de la vida y de la felicidad) y el espacio (invisibilidad de las culturas y los intercambios desiguales).

Ha sido precisamente el “éxito” de la globalización en las dos últimas décadas el que ha dado lugar, entre otras cosas, a que esta construcción social, la gran burbuja, estalle por tres frentes: el cambio climático, el crack de la industria financiera y el horizonte del fin del petróleo como energía barata. La crisis sería una irrupción salvaje de una realidad económica, territorial y medio ambiental que no ha podido ser controlada por el actual sistema político basado en unos valores que han prescindido de cualquier componente comunitarista. Los responsables del actual modelo social están atrapados por los resultados de su propia hiperrealidad construida. La malo es que el Pueblo (todos los que carecemos de poder efectivo) somos los que estamos pagando las consecuencias de forma dramática de esta manipulación programada y multifuncional de la realidad, de esta voluntad de no respetar ningún límite en su construcción social.

La idea de que el actual sistema de dominación se basa en una construcción social sustentada sobre la manipulación y la ocultación de la realidad comienza a ser afirmada desde ópticas y sensibilidades muy diferentes: Vargas Llosa(7) escribía recientemente: “¿Cómo hemos llegado a esta crisis sin que nadie lo advirtiera? El mundo financiero comenzó a vivir en la ficción, pero fuera de la novela y el arte, en la política y en la economía eso supone un suicidio.”; Christian Salmon(8) afirmaba: “Vivimos en la gran mentira” y Zizek: “El peligro, por tanto, es que la narración predominante sobre la crisis sea una que, en vez de despertarnos de un sueño, nos permita seguir soñando.”(9).
b) Un sistema incuestionado

El fracaso de la experiencia comunista, personalizada en el terror estalinista y simbolizada en la construcción del muro de Berlín, en las invasiones de los países del Europa del Este por los tanques soviéticos o en los Gulag de Siberia, produjo el derrumbe de uno de los dos sistemas que había dividido el mundo durante la mayor parte del siglo XX, por la desaparición de la URSS y la integración de China, de facto, en el sistema capitalista globalizado.

El capitalismo triunfante, sin alternativa ideológica sólida, se erigió en el único modelo posible y por tanto incuestionado. El mundo se integraba en un sistema único de Estados mayoritariamente democráticos, se globalizaba y avanzaba sustentado en las espectaculares innovaciones tecnológicas que hacían posible la existencia de un solo mercado.

Sin embargo, la profundidad y la radicalidad de esta crisis ha vuelvo a cuestionarlo, aunque la inmensa mayoría de las explicaciones de sus causas tienen un tono “reformista”. No se cuestiona la bondad del sistema sino que se intenta descubrir los elementos circunstanciales o los mecanismos no estructurales que la han causado. Como dice Zizek(10) “La principal tarea de la ideología dominante en la crisis actual es imponer una versión que no responsabilice al sistema capitalista globalizado como tal, sino a sus distorsiones secundarias accidentales (normas legales demasiado relajadas, corrupción de las grandes instituciones financieras, etcétera).”.

Sin embargo, todos necesitamos un diagnóstico certero para poder combatir de forma urgente sus consecuencias catastróficas, para poder articular remedios eficaces que palien el paro, la pérdida de ahorros o el cierre masivo de empresas pero hasta ahora ni los diagnósticos ni los remedios parecen acertados y útiles.

La información nos llega de una forma fragmentada sobre los distintos fenómenos y etapas de la crisis y dirigida a una sociedad, a su vez, fragmentada. Pero, por vez primera comienza a propagarse una gran desconfianza sobre el futuro. El pesimismo sobre el futuro es tal que incluso la palabra progresismo empieza a dejar de tener sentido. La falta de comprensión de lo que realmente está sucediendo y el miedo puede desatar consecuencias dolorosas para los más débiles que siempre se han convertido en la carne de cañón de la irracionalidad colectiva. Por todo ello es fundamental establecer un diagnóstico profundo de esta crisis.
c) Una crisis estructural y tendencial

La desvinculación con la realidad para evitar la asunción de sus límites ha sustentado el crecimiento de la etapa del capitalismo globalizado, hasta que han confluido distintas manifestaciones de la entropía producida por su propia hiperrealidad que pasamos a señalar de forma muy sintética:

1.Economía

La crisis ha hecho visible la separación existente entre la economía real y la economía financiera. Ya en mayo del 2006 José Manuel Naredo(11) explicaba como “La “desregulación” del panorama financiero internacional iniciada en la década de los años setenta permitió que la intermediación financiera se extendiera por el mundo empresarial llevando los fenómenos de creación monetaria más allá de los confines de la banca y de las fronteras de los Estados… Pues junto a la cadena de créditos y depósitos que originaba la creación de “dinero bancario” se desplegaron otras cadenas más amplias de activos y pasivos financieros que se respaldan a sí mismo en los balances de las empresas y son fuente de una nueva creación monetaria globalizada amparada en la confianza de los ahorradores.”. La generalización de este “dinero financiero” ha acentuado la ruptura de la economía monetaria con la economía real, al margen del control de los Estados, de forma que su crecimiento no ha tenido respaldo en la creación de riqueza “La tendencia al crecimiento continuado de la burbuja financiera mundial permite mantener entre los jugadores la idea de que se está produciendo un enriquecimiento generalizado, idea que se mantiene siempre y cuando la mayoría de ellos no quieran “realizar” sus ganancias.”(12). Precisamente la aparición de las subprimes, una gota de agua en el océano del dinero financiero, introdujo un elemento de desconfianza en los ahorradores que al querer realizar sus ganancias están poniendo al descubierto que el “dinero financiero” carece de soporte real.

André Gorz, poco antes de su muerte, explicó con precisión cómo se comporta el capital financiero en este escenario: “Se constituye una industria financiera que no deja de refinar el arte de hacer dinero comprando y vendiendo solamente diversas formas de dinero. El dinero mismo es la única mercancía que produce la industria financiera a través de operaciones cada vez más arriesgadas y cada vez menos controlables en los mercados financieros. La masa de capital que la industria financiera drena y gestiona supera desde luego la masa de capital que valoriza la economía real (el total de los activos financieros representa 160.000 millones de millones de dólares, es decir de tres a cuatro veces el PIB mundial). El “valor” de este capital es puramente ficticio ; descansa en gran parte sobre el endeudamiento y el “good will”, es decir sobre anticipaciones: la Bolsa capitaliza el crecimiento futuro, los beneficios futuros de las empresas, el futuro alza de los precios inmobiliarios, las ganancias que podrán aportar las reestructuraciones, fusiones, concentraciones, etc.. Las cotizaciones de la Bolsa se hinchan de capitales y de sus plus-valías futuras : los bancos incitan a las familias a comprar (entre otras cosas) acciones y certificados de inversión inmobiliaria, a acelerar así el alza de las cotizaciones, a pedir prestado a sus bancos importes crecientes en la medida que aumenta su capital ficticio bursátil.
La capitalización de las anticipaciones de beneficios y crecimiento mantiene un endeudamiento creciente, alimenta la economía en liquidez, debidos al reciclaje bancario de plus-valías ficticias, y permite a los Estados-Unidos un “crecimiento económico” que, basado en el endeudamiento interno y externo, es claramente el motor principal del crecimiento mundial (incluso del crecimiento chino). La economía real se convierte en un apéndice de las burbujas especulativas sustentadas por la industria financiera. Hasta el inevitable momento en que las burbujas estallan, arrastran a los bancos hacia bancarrotas en cadena que amenazan de colapsar el sistema mundial de crédito, y que amenazan a la economía real de una depresión severa y prolongada.”(13).

Con otro lenguaje Vargas Llosa ha manifestado la misma idea: “Una respuesta posible es que, a partir de un momento dado, la economía de los países occidentales perdió amarras con la realidad y comenzó a vivir en la ficción, en una construcción ilusoria que, durante un buen tiempo, permitió en quienes se embarcaron en la aventura imaginaria repartir altísimos dividendos y embolsillarse fortunas sin percatarse de que, de este modo, iban cavando bajo sus pies un foso que nos tragaría por igual.” (14).

Además, como demuestra Naredo, la radical desconexión operada durante el proceso de globalización entre la economía real y la economía financiera tiene su origen en “Los cimientos de la ciencia económica establecida y tienen que ver con su propio estatuto como disciplina que se desenvuelve en el universo cerrado y autosuficiente de los valores monetarios.”(15), sobre todo a partir de la escuela neoclásica. Esta concepción de la economía conceptualmente desvinculada del medio físico y por tanto basada implícitamente en un contexto infinito ha ido evolucionando hasta la creación de oferta monetaria, de naturaleza financiera, desconectada del valor real de la producción.

2.Medio Ambiente

Aunque la visibilidad de la crisis sea de carácter económico, la negación práctica de la realidad medioambiental como límite del crecimiento ha generado una situación de emergencia tanto desde el punto de vista de los recursos (horizonte de escasez de materias primas) como de los residuos (efectos medioambientales y económicos del cambio climático) a causa de la explosión demográfica y del incremento del consumo per cápita que ha agudizado la primera etapa de la globalización al producir un aumento exponencial del consumo de materias tanto agroalimentarias como industriales y energéticas.

Hay que recordar que el crecimiento demográfico desbocado ha provocado que pasemos en el ultimo siglo de 1.600 millones de habitantes a los 6.500 millones existentes (16), inoculados con la nueva religión del consumo. Además la población se ha concentrado en las grandes ciudades, incrementando la huella ecológica: por vez primera los habitantes de las grandes ciudades superan el 50% de la población del planeta.

Todo ello han provocado profundas disfunciones en el metabolismo socio – físico que además se han retroalimentado: el horizonte de escasez permite la especulación, las subidas del petróleo encarecen la producción de alimentos, la búsqueda de combustibles alternativos como el bioetanol provocan escasez en los mercados de cereales, el cambio climático con sequías e inundaciones destrozan las cosechas, etc.

Esta negación de la realidad medioambiental participa de la misma lógica que la desvinculación entre la economía real y la economía financiera: los que detentan de forma efectiva el poder mundial han optado por el dominio del presente aún a costa de hacer inviable el futuro. Sin embargo, los propios mecanismos de sofisticación financiera que han generado, como los mercados de opciones y futuros, han anticipado el horizonte de escasez, agravado por las consecuencias del cambio climático y el fracaso de los compromisos para reducir las emisiones de efecto invernadero, con las consiguientes tensiones especulativas que han coincidido con la pérdida de confianza en los mercados financieros por la aparición de las subprimes en un contexto de agotamiento de la burbuja inmobiliaria.

Hay que insistir en que una de las bases materiales de la crisis ha sido el horizonte de escasez entre otras cosas porque el sistema económico no ha interiorizado la realidad física como un determinante estructural de toda su actividad. Los que sólo ven la causa de la subida en el precio de las materias en los especuladores quieren ocultarnos la crisis del actual sistema de producción.

Paradójicamente ahora que empiezan a hacerse realidad previsiones del coste económico del calentamiento del clima, como las del informe Stern, el medio ambiente ha desaparecido de la escena política y, salvo excepciones que lo ligan sobre todo a la explicación de la escasez de recursos, casi ningún analista ha utilizado la hipótesis de la desconexión de la economía con la realidad física, tanto entre la producción y el sistema financiero como por la no valoración de los impactos de la actividad económica sobre el metabolismo del planeta. Es más, las políticas ambientales han pasado a ser consideradas un artículo de lujo del que hay que prescindir en tiempos de crisis porque son un lastre para el desarrollo económico. Además, los políticos atenazados por las encuestas quieren evitar la explicación medioambiental porque sus resultados son a largo plazo, por lo que optan por presentar los problemas aisladamente para poder vender soluciones a corto.

3.Política

El actual sistema político está basado en una polarización aparente entre una izquierda socialdemócrata y una derecha liberal – conservadora que teatralizan un enfrentamiento electoral sobre cuestiones de fuerte contenido simbólico y escasas consecuencias reales porque comparten una misma concepción sobre el sistema económico aunque necesitan transmitir una fuerte competitividad para movilizar al electorado. Los ciudadanos/as han interiorizado esta polarización hasta el punto de convertirla en una seña de identidad personal.

La teatralización del enfrentamiento electoral es posible por la progresiva despolitización del cuerpo electoral compuesto por personas cada vez más aisladas, una vez disueltos los grandes sujetos colectivos, que se relacionan con la información política de forma casi exclusiva a través de los medios audiovisuales, sobre todo la televisión. Esta dinámica está convirtiendo en irrelevante los contenidos políticos programáticos al mismo tiempo que el objeto electoral ha pasado del partido al candidato. Su imagen como producto, que no la realidad política, es el elemento relevante para unos consumidores – electores que legitiman el sistema cada convocatoria electoral pero del que se sienten ajenos y desconocedores de su funcionamiento y que sólo quieren oír promesas de más consumo y menos impuestos.

Esta adhesión al sistema parte del axioma implícito de su racionalidad y de su “necesidad” ya que parece que es el único posible para sociedades complejas, muy pobladas y con altos niveles de consumo y de bienestar. Sin embargo este reparto de roles basado en la aceptación acrítica del sistema está impidiendo cualquier innovación política. El sistema se conduce por inercia gestionado por equipos de gestores que establecen en su alternancia el objetivo de su actuación y que han demostrado su incapacidad de liderazgo para enfrentarse a la irracionalidad estructural del sistema capitalista globalizado.

La crisis ha puesto por un lado en evidencia la falta de funcionalidad de este sistema cuya conexión entre representantes y representados cada vez es más ficticio. El sistema ha sido incapaz no sólo de impedir el estallido de la crisis sino siquiera de preverla o diagnosticarla. La crisis es, en primer lugar, una crisis política ya que ha puesto de manifiesto la incapacidad del actual sistema político. Los partidos y sus gobiernos han ido perdiendo el liderazgo de la economía y se han convertido en meros gestores de unas reglas impuestas en la práctica por los poderes económicos. Su acción se ha dirigido casi en su totalidad hacia los temas de consumo electoral con resultados visibles cada cuatro años. La teatralización de la política está provocando una pérdida de calidad de los parlamentos y de los gobiernos al mismo tiempo que se instrumentaliza a la administración politizándola mediante prácticas clientelares ajenas a la profesionalización que requiere la defensa de los intereses generales.

También la crisis ha desvelado la artificialidad de la polarización ya que los partidos y los gobiernos han compartido sin el menor debate las medidas de apoyo al sistema financiero, impuestas por los poderes económicos como remedio “sintomático” y urgente a pesar de que para los Estados significan perder las últimas herramientas de que disponen para intervenir en el futuro. En efecto, el endeudamiento y la bajada de tipos de interés dejan prácticamente sin capacidad operativa a los Estados frente a las manifestaciones de la crisis en la economía real. Los grandes totems de las diferencias entre las dos opciones del sistema como son intervencionismo frente a liberalismo y apoyo a las clases populares o a las élites económicas muestran su naturaleza de simples tabúes para consumo electoral, ya que cuando ha llegado el gran momento ni siquiera ha dado de sí para un poco de debate.

El inmovilismo del sistema político es especialmente dramático en Europa, tanto en la Unión como en sus Estados. La “revolución regionalista” combinada con empuje de la unión política de las últimas décadas del siglo XX ha sido desactivadas por los Estados que se han convertido en mixtificadores de la desigualdad y de la falta de democracia real. El fracaso de la Constitución europea, gestado desde su misma elaboración, y la formación de gobiernos de coalición izquierda – derecha en Estados tan relevantes como Alemania, en los que se renuncia hasta a la teatralización de las diferencias “irreconciliables”, muestran la decadencia del sistema político en Europa, dramático porque en esta crisis podía haber sido un referente para el cambio. En palabras de José Ignacio Torreblanca, a propósito de las elecciones norteamericanas del 4 de octubre. “Una vez más, el dinamismo del sistema político estadounidense contrasta con el anquilosamiento dominante en el Viejo Continente, donde hasta en democracias tan jóvenes como la nuestra los partidos políticos han logrado, en un brevísimo lapso de tiempo, sofocar todo atisbo de debate interno y convertirse en un cuerpo extraño, imposible y a la vez imprescindible.”(17).

4.Valores sociales

Los valores que equilibran nuestra vida, como la afectividad, la sociabilidad, la solidaridad y los valores de uso de los objetos, se desarrollan en un marco comunitario donde es posible un lenguaje interactivo sin esfuerzo y donde la cooperación con los demás es fácilmente recompensada porque es simétrica, en definitiva donde la alegría no tiene precio.

La globalización de la información permitiría además la estructuración de los ecosistemas culturales en un sistema mundial interconectado, ampliando naturalmente los mecanismos de cooperación al conjunto del planeta, el ecosistema más delimitado, frente a las afecciones que producen el aislamiento tradicional.

La hiperrealidad sin embargo necesita individuos aislados, sin identidades, sin referencias reales, conectados con el mundo sólo a través de los medios de comunicación de masas unidireccionales. El individualismo, el aislamiento y la soledad han sido el caldo de cultivo para la gran manipulación de los creadores de la hiperrealidad social. Querían convertir a los ciudadanos en consumidores compulsivos de objetos de consumo ligados sobre todo a los valores inmateriales de los productos para que fueses objetos de deseabilidad infinita configurando una demanda para una oferta basada en una productividad que también tenía que crecer de forma ilimitada.

La eliminación de los marcos de convivencia comunitarios, de los ecosistemas culturales de base territorial e histórica, han sido sustituidos por un sistema hiperreal de valores que identifica desarrollo, consumo, triunfo individual o fama sin esfuerzo. La homogeneización de la cultura y la negación de los marcos culturales históricos ha pretendido acabar con los sistemas inmunológicos populares.

La televisión ha sido el instrumento más potente para la creación del “desierto de lo hiperreal” como lo denomina Gérard Imbert(18): “Con esto la televisión cumple cada vez menos una función referencial y crea mundos virtuales (en los juegos, en los realities, en las series), deviene cámara de eco del imaginario colectivo). Esta evolución no es baladí, entronca con las mutaciones que se están operando en los imaginarios y en la relación con la realidad, la tendencia a jugar con la realidad y con la identidad, la maleabilidad mayor del concepto mismo de realidad, erosionado por los avances de la ciencia y el desgaste del discurso público y de las prácticas políticas.”.

Al mismo tiempo que se les cercenaba la profundidad a los valores sociales dominantes también se les cercenaba la extensión. Los Estados han servido para oscurecer la percepción global de los ciudadanos de la universalización de los valores, al ligar implícitamente valores democráticos y funcionalidad democrática en su ámbito. Ha sido un cortafuego para las conciencias con el objeto de evitar la evidencia de que la globalización exigía también la globalización de la igualdad, de la libertad y de la democracia.

Naomi Klein(19) y ahora Chistian Salmon han ido explicando las sucesivas técnicas de manipulación para convertir a los ciudadanos en consumidores compulsivos de mercancías no por sus valores de usos sino por sus valores inmateriales. Primero marcas, luego historias: “Los grandes relatos que jalonan la historia de la humanidad, desde Homero hasta Tolstoi y desde Sófocles hasta Shakespeare, contaban mitos universales y transmitían las lecciones de las generaciones pasadas, lecciones de sabiduría, fruto de experiencias acumuladas. El storylleting recorre el camino en sentido inverso: pega sobre la realidad unos relatos artificiales, bloquea los intercambios, satura el espacio simbólico con series y stories. No cuenta la experiencia pasada, traza conductas, orienta el flujo de emociones, sincroniza su circulación. Lejos de los “recorridos del reconocimiento” que Paul Ricoeur descifraba en la actividad narrativa, el storylleting establece engranajes narrativos según los cuales los individuos son conducidos a identificarse con unos modelos y conformarse con unos protocolos.”(20).

Se trata en definitiva de acabar con la autonomía de las personas aislándolas para manipularlas para los fines del consumismo – productivismo sin límites, mediante la confusión entre los planos de la realidad y la irrealidad: “Los usos instrumentales del relato con fines de gestión o de control conducen así a denunciar el contrato ficcional (que permite discernir la realidad de la ficción y suspender la incredulidad del lector durante un relato) al imponer a “lectores” transformados en cobayas lo que el management llama experiencias trazadas, es decir, conductas sometidas a protocolos de experimentación.”(21).

5.El territorio

La hiperrealidad pretende hacer invisibles la relevancia del territorio como transmisor cultural, como contendor de actividades económicas, como ecosistema que metaboliza directa o indirectamente todos los inputs y outputs provocados por la sociedad o como distribuidor de las desigualdades sociales.

El territorio es el principal transmisor de los hábitos culturales que crean los individuos por la intensidad de sus intercomunicaciones durante un tiempo prologado; eso lo dota de un sistema de comunicación singular, tal vez de una lengua pero sobre todo de un código, que es lo que conforma un grupo humano. Estas construcciones culturales en el territorio se han comportado como palimpsestos y constituyen el patrimonio cultural más importante de la humanidad, determinante además para la articulación económica, ecológica, social y política. Esta conexión entre territorio y cultura es la que proporciona una mediación entre el individuo y el mundo porque nos relacionamos con nuestro entorno y con los demás individuos desde una determinada realidad cultural transmitida a través del territorio. Pues bien, el hiperrealismo borra esta realidad compleja en la imagen de la realidad que construye, banaliza el territorio e incluso quiere hacerlo invisible como producto cultural singular.

De la misma manera tiende a desconectarlo de las actividades económicas. La desvertebración económica actual del territorio como escenario económico permite que muchos productos cotidianos que consumimos hayan recorrido miles de kilómetros de distancia sin que se contabilicen los costes medioambientales que esto conllevan ya que no son costes económicos. Así los territorios se han desvertebrado desde el punto de vista productivo porque se ha roto la cadena básica de producción, distribución y consumo y se ha incrementado la dependencia de los mercados internacionales y de sus sistemas de transporte, lo que ha generado una gran dependencia y por lo tanto una gran vulnerabilidad para todos.

El crecimiento urbano a costa del territorio productivo ha multiplicado en los últimos años la huella ecológica. El hiperrealismo trata de ocultar la realidad de la huella ecológica, lanza el mensaje de la autosuficiencia de las ciudades y quiere introducir un espejismo mediante la inmaterialización de los productos.

Igualmente, difumina el balance de los intercambios entre territorios centrales y periféricos, al mismo tiempo que las justifica: las insoportables desigualdades entre los territorios serían productos de la historia y no del presente.

En definitiva el territorio, el elemento más determinante no sólo de la realidad física sino también de la realidad social, es el mayor escollo para la construcción social del hiperrealismo, por lo que trata de neutralizarlo en todas sus manifestaciones. Frente a ello, como dice Serge Laotuche, hay que reterritorializar no sólo la economía sino también la vida.
2.ANÁLISIS DE LA CRISIS.
a)Etapas.

1.Introducción.

La crisis no es sólo una crisis del sistema financiero. Es una crisis multifuncional del sistema que lleva manifestándose desde comienzos del 2006 en distintos episodios aunque la información cotidiana nos haga perder la perspectiva. Por ello creo que es importante establecer una propuesta de periodificación con el objeto de observar con precisión las distintas exteriorizaciones que ha ido mostrando:

2.El punto de partida.

Hasta comienzos del 2006 los indicadores macroeconómicos parecían excelentes: crecimiento del PIB mundial en torno al 5%, sobre todo gracias al empuje de los países emergentes, creación de empleo, tasas de interés muy bajas (incluso tasas reales negativas), revalorización de los activos inmobiliarios, inflación controlada en torno al 2%, precio del petróleo en los 50 $ el barril de Brent, y, sobre todo, grandes ganancias en todas las bolsas que funcionaban totalmente interconectadas. Sólo había un elemento que distorsiona esta panorama: el fuerte deterioro de la balanza por cuenta corriente de las economías desarrolladas, sobre todo a partir del 2005, al mismo tiempo que crecía el saldo de la economías emergentes, y sobre todo el enorme déficit exterior de EE.UU. agravado por su presencia militar en Irak. Además, a finales del 2006 comienzan dos procesos inquietantes: el deterioro del mercado de la vivienda en EEUU y la depreciación del dólar frente al Euro (paridad en torno a 1,30 $/€).

1ª Etapa (Primer semestre del 2007): comienzan los síntomas de inestabilidad aunque no afectan a la aparente buena marcha de la economía mundial.

Durante el primer trimestre del 2007, continuó el crecimiento del PIB mundial en torno al 5%, bajo el tirón de las economías emergentes y el crecimiento en la zona euro y EEUU. La inflación se mantuvo controlada, en particular en la zona euro se cifró por debajo del 2%, y se prolongó la tendencia alcista en los mercados de renta variable.

Por otro lado persistió la bajada del precio de la vivienda en EE.UU. y se desencadenó un primer episodio de morosidad, que repercutió con rapidez en los mercados financieros, en el segmento con más arriesgo del mercado hipotecario, el que tituliza y vende con ayuda de una agencia de calificación de riesgo que cobra comisión por la venta. Como consecuencia de esto, los mercados financieros y cambiarios experimentan a finales de febrero de 2007 una disminución generalizada en la valoración de los activos de más riesgos, aunque a mediados de marzo parecía que se había corregido. En el segundo trimestre, sin embargo, comienza un aumento de morosidad de la titulación hipotecaria en el segmento de deudores hipotecarios de baja calidad (subprimes) que desempeñan un papel importante en las carteras de un gran número de inversores. En mayo de 2007 Bear Stearn comenzó una senda descendente que le llevó al desplome en marzo de 2008.

Además se mantiene la depreciación del dólar y empieza la subida del petróleo que se sitúa a finales de abril de 2007 en 68 $, un 30% por encima de su valor a finales del año, alcanzado a finales del segundo trimestre los 77 $, cerca de los máximos históricos que se registraron en agosto de 2006.

Segunda etapa (Segundo semestre de 2007 y primer semestre de 2008): estallan las subprimes; continua la escalada de los precios del petróleo y de los productos de primera necesidad y la depreciación del dólar aunque se mantiene el dinamismo económico mundial.

Durante esta etapa continúa el crecimiento de la economía mundial, sobre todo por el tirón de las economías emergentes aunque hay síntomas de estancamiento en los países industriales. Empeora la economía en el Reino Unido y Japón así como en las economías más dependientes de la actividad inmobiliaria.

Durante el tercer trimestre de 2007 se acelera el fenómeno de las subprimes, lo que provoca que se revisen al alza las primas de riesgo de liquidez y crédito al mismo tiempo que se reducen las rentabilidades de la deuda pública. Crecen las necesidades de liquidez asociadas a la refinanciación de los instrumentos financieros afectados por las hipotecas de alto riesgo y se publican importantes pérdidas en los bancos de inversión de EEUU y en dos importantes firmas hipotecarias.

En los mercados de valores descienden las valoraciones bursátiles y se incrementa su volatilidad. Continúa la subida del petróleo hasta llegar a los 145$ en el segundo trimestre de 2008 y la elevación del precio de determinados productos básicos, lo que produce una crisis alimentaria que afecta a cientos de millones de personas. Se prolonga la depreciación del dólar y comienza una senda ascendente de la inflación mundial al pasar de un 2,4 a un 4,3% en tasa interanual.

Se intensifican las medidas de respuesta de las autoridades económicas ante la situación económica: EE.UU. baja los tipos al 2% y los Bancos Centrales incrementan las inyecciones de liquidez.

Tercera etapa (Segundo semestre de 2008): hundimiento del sistema financiero internacional y de la economía mundial; intervención de los Estados.

La crisis se extiende a las economías emergentes mientras que en los países desarrollados se producen ya crecimientos nulos o negativos, se paraliza la demanda y aumenta el paro.

El sistema financiero se tambalea: se desploma la banca de inversión americana; dos grandes agencias de financiación hipotecaria y la primera aseguradora del país tienen que ser intervenidas por la Reserva Federal; quiebran cajas y bancos comerciales y otras entidades financieras en EE.UU., Reino Unido, Alemania, Islandia, Países Bajos, Portugal, etc. El desplome de las cotizaciones bursátiles alcanzan caídas superiores al 15% desde el mes de junio y se bloquean los mercados interbancarios a pesar del suministro de liquidez por los bancos centrales.

Por el contrario baja el petróleo hasta alcanzar los 60$ el barril, el dólar se aprecia frente al Euro y desciende la inflación.

Comienzan a celebrarse foros internacionales: en julio se reúne el G – 8 sin resultados. El 8 de octubre la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra acuerdan una reducción concertada de los tipos de intervención en 50 puntos básicos, decisión que fue seguida por las autoridades monetarias de algunos países emergentes. El 12 de octubre la UE hace público un Plan de acción concertado para la elevación de los umbrales de garantía de los fondos nacionales de garantía de depósitos; evitar la interrupción de flujos crediticios y ofrecer a las entidades financieras operaciones de recapitalización, a través de los tesoros correspondientes, para que mejoren sus ratios de capital. El 15 de noviembre se reúne en Washington el grupo de los veinte y firman una declaración sobre los mercados financieros y la economía mundial.
b)Algunas conclusiones.

1.La crisis se ha generado desde el centro del sistema.

La construcción hiperreal ha inducido a nuestro sistema social en su conjunto a vivir por encima de sus posibilidades físicas y económicas; en particular los países desarrollados han consumido mucho más allá de lo que le corresponde tanto por su huella ecológica como por el valor de su producción.

El déficit exterior norteamericano ha sido el mayor exponente de esta deuda con la realidad. Su ampliación por el desastre de la intervención norteamericana en Irak, el horizonte de agotamiento de las materias primas y la intensificación del cambio climático a causa del incremento de la demanda mundial, anticipados en los mercados de opciones y futuros, ha incidido en el desinflamiento de los activos más sobrevalorados, en particular de la burbuja inmobiliaria de EE.UU.

La bajada de precio de las viviendas en EE.UU. provocó, a su vez, el deterioro de la titulación hipotecaria de baja calidad lo que introdujo un factor de desconfianza en el conjunto del sistema financiero que, sumado al incremento del precio de las materias primas, provocó la depreciación del dólar, el aumento de la inflación, el reajuste a la baja de los mercados secundarios y la escasez de liquidez con una intensidad tal que los distintos tipos de intervención pública no provocaban resultado alguno.

El derrumbe de las distintas empresas financieras, en particular de la banca de inversión norteamericana, terminó de colapsar el sistema, privando de liquidez a las empresas y a las familias y bloqueando el mercado interbancario. La economía en su conjunto se relentizó y frenó la demanda y en particular la demanda exterior norteamericana; la crisis se extendió a los países emergentes y cambió la tendencia en la valoración del dólar y el precio de los productos básicos, sobre todo del petróleo: el dólar empezó a apreciarse y los productos básicos a bajar, hasta el punto que el petróleo ha caído hasta los 50 $ el barril.

Las medidas de intervención pública, reduciendo los tipos de interés y aumentando el déficit público, para apuntalar el sistema financiero casi han agotado la capacidad de maniobra de los Estados para estimular la economía real y hacer frente a las situaciones de emergencia social que empiezan a producirse. Los estados ahora se encuentran con un escaso margen frente a aumento del paro y el cierre de empresas en un contexto generalizado de recesión en los países de la OCDE.

Es significativo que el epicentro de la crisis se haya situado en el centro del capitalismo: en Wall street; la crisis no se ha originado en la periferia del sistema como en ocasiones anteriores sino que, al igual que en la crisis de 1929, ha sido precisamente el núcleo del sistema el generador de la entropía, rompiendo con los precedentes anteriores a partir de la segunda guerra mundial y es que EEUU ha utilizado los ahorros del mundo para financiar su consumo interno gracias al dólar como moneda internacional (22).

2.Una perspectiva territorial.

La crisis va a cambiar muchas cosas en la actual distribución territorial del poder. Ha acelerado los movimientos de inversión de los flujos de riqueza en el mundo. EEUU y otros Estados como España acumulan una deuda desorbitada mientras que países productores de petróleo, exportadores con industrias basadas en mano de obra barata y paraísos fiscales se han convertido en acreedores netos. Según Roland Berger “en 2030 los estados de la OCDE que actualmente tienen en sus manos casi el 60% del PIB mundial, pasarán a tener el 40%; en tanto que los emergentes acapararán el 60% de la riqueza internacional. China se convertirá en el mayor poder económico del globo. Mientras esta situación llega, el deterioro económico se agudiza.” (23).

China se está convirtiendo en el banquero de EEUU, a través de los fondos soberanos, al mismo tiempo que está sufriendo con mucha intensidad el parón sus importaciones; aumentan las dudas sobre el futuro del dólar como moneda internacional única; se abren muchos interrogantes sobre cómo va a afectar a Oriente Medio el derrumbe de empresas como Leheman Brother y Golman Sachs vinculadas al lobby judío; los mercados rusos han experimentado la mayor fuga de capitales desde el desplome del rublo en 1998; en África se intensifican las guerras por el control de los recursos estratégicos como está sucediendo en el Congo, etc.

3.Nos esperan años difíciles.

La teoría de las crisis cíclicas exige un contexto básico estable y un ecosistema totalmente renovable dentro de los cuales se reajusta un sistema económico en continuo movimiento. Pero estas premisas no son reales. Estamos ante una situación completamente nueva, sin precedentes en otro tipo de crisis, que sólo puede interpretarse como cíclica desde la ceguera de un marco lógico que interpreta como posible el crecimiento como infinito.

Además, el sistema intenta que se visualice como una crisis exclusivamente financiera. El medio ambiente, en concreto el cambio climático y el fin de la era del petróleo se han aislado como componentes de la crisis. Es más, las políticas medioambientales se han arrinconado como si fuesen elementos superfluos de los que hay que prescindir en tiempos de crisis. Pero la crisis en su evolución demuestra que estamos ante una alternancia terrible: o encarecimiento de las materias primas o parón económico. En todo caso, las economías más parasitarias o más dependientes, sobre todo con gran déficit exterior, dependencia energética y con una fuerte presencia en el PIB de sectores no directamente productivos como la construcción son las más vulnerables.

Nos esperan años difíciles. Las consecuencias de esta tenaza han sido letales para el actual sistema: grandes empresas que se desmoronan como si sus estructuras se hubiesen desintegrado de la noche a la mañana (fábricas de coche, bancos, sobre todo los de inversión, compañías aeronáuticas, compañías de seguro, empresas constructoras y promotoras, etc.) y de pequeñas empresas (comercios, agencias de viaje); paro y pérdida del poder adquisitivo de los asalariados por la inflación, la subida de las hipotecas, la depreciación de los fondos de pensiones y la devaluación de los activos inmobiliarios; comienzan los desahucios y los sistemas de protección social no van a ser suficientes para hacer frente a la situación. No es que vayamos a salir de la crisis en el plazo de un año, es que podemos encontrarnos ante una situación de emergencia social, sobre todo en países como Andalucía donde actualmente hay ya un 18% de tasa de paro (24).

4.La crisis ha provocado una nueva situación internacional.

Después de los atentados terroristas del el 11 de septiembre de 2002, la administración Bush, bajo la dirección estratégica de los neoconservadores, diseñó la invasión de Irak como una ambiciosa operación con múltiples objetivos: conseguir la hegemonía interior, afianzar el liderazgo mundial de EE.UU., controlar una parte importante de la producción de petróleo y construir nuevos marcados para las multinacionales americanas que aportaran ingresos para disminuir el déficit exterior. Se trataba de una huida hacia delante, de una profundización “manierista” en la hiperrealidad del sistema. La catástrofe de la gestión de la posguerra no sólo ha impedido alcanzar algún objetivo sino que ha acelerado la crisis del propio sistema: incremento del déficit exterior norteamericano, crisis del unilateralismo, incremento de los focos de terrorismo, derrota ideológica de los neoconservadores y de la ideología liberal pura, etc.

La crisis ha sido decisiva para el triunfo de Obama. El recién elegido presidente de EE.UU. ha triunfado por ser el protagonista de un relato de superación frente a la crisis. Con un background que arranca desde la esclavitud, el relato comienza cuando una mujer negra anónima se niega a ceder el asiento a un blanco en un autobús de Mongómery (Alabama) en 1955. El acto de rebeldía de Rosa Park ha sido escogido como el inicio simbólico de un proceso de lucha contra la injusticia que, gracias el sacrificio de millones de personas anónima, ha terminado en toma de posesión de Obama en el sillón presidencial del salón oval. El mensaje es que “Si hemos podido recorrer este proceso en menos de 50 años, también podremos vencer a la crisis, con el esfuerzo de todos los ciudadanos anónimos.”

Obama aporta no sólo la legitimidad añadida de representar lo mejor de la democracia americana, su capacidad de convivencia multirracial, sino que hacia fuera representa la ruptura con la cultura blanca y su cercanía simbólica con África, pero también con Asía y Latinoamérica. Veremos cuál es su autonomía y su voluntad de cambio real ante la reforma de las instituciones internacionales, la adhesión al tratado de Kyoto, la finalización de la Ronda de Doha, la pacificación de Oriente Medio, el fin de los conflictos de Irak y Afganistán, el respeto a los Derechos Humanos comenzando por el cierre de Guantánamo, la tragedia del Congo y la aceptación del tribunal Penal Internacional, por citar sólo algunas de las decisiones inmediatas ineludibles.

Paralelamente se han intensificado la acción concertada de los Estados, lo que contrasta con el unitateralismo de la era Bush. La reunión infructuosa reunión del G – 8, la coordinación de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra para tomar medidas monetarias o las medidas tomadas por la Unión Europea han sido los antecedentes de la reunión del G – 20, un organismo prácticamente insistente, que puede ser una estructura de transición entre la oligarquía del G – 8 y la participación de todos los Estados. La reunión del 15 de noviembre en Washington ha aprobado un calendario de acción a corto y medio plazo que puede ser el inicio de una regulación global.

3.SIGLO XXI: CIVILIZACIÓN O BARBARIE.
Introducción.

Pensamos que para superar la crisis, además de articular medidas paliativas para proveer las necesidades de las personas, es necesario refundar la economía sobre bases reales, fomentar otro estilo de vida, otra civilización, otras relaciones sociales: sin estas premisas, sólo se podrá evitar el colapso a través de restricciones, racionamientos, repartos característicos de una economía de guerra, como afirmó Gorz. Y esto sólo podremos conseguirlo mediante la innovación de las ideas.

Proponemos fijar como norte, para medir la bondad o maldad de las políticas y de la acción social en general, el realismo. Cuando más se acerquen las construcciones sociales a la realidad más favorecerán la autonomía de las personas; cuanto más hiperrealistas sean más hipotecarán a las personas hasta el punto de hacer imposible la propia vida.

Es necesario además diseñar un proyecto para la transición desde la actual artificialidad hasta una construcción social sustentada en la realidad física y humana, lo que significa compaginar ideas y políticas incluso contradictorias que permitan pasar de un modelo a otro con los menores costes posibles. Se trata sobre todo de proponer tendencias para generar dinámicas flexibles que se adapten a las situaciones imprevisibles de esta etapa del capitalismo, que eviten simplificaciones y marginaciones que nos impidan influir tanto frente a los que quieran aferrarse a la hiperrealidad como frente a los que propugnen una alternativa autoritaria y populista como salida. “La salida del capitalismo tendrá lugar sí o sí, de forma civilizada o bárbara. Sólo se plantea la cuestión del tipo de salida y su ritmo con el cual va a tener lugar.” (Gorz). Un proyecto para la transición que esté basado en el conexión entre el realismo como base del funcionamiento social y la autonomía como base del funcionamiento personal y que priorice el trabajo estable como el primer objetivo realista irrenunciable ya que sin él no es posible la autonomía sino la destrucción personal.

A continuación exponemos objetivos de carácter general a modo de grandes ideas referenciales:

1.Una nueva ideología.

Necesitamos ir construyendo un proyecto para afrontar el cambio. Hay que dibujar una cartografía para salir de la hiperrealidad desde la realidad de cada territorio. “La tarea de pensar y debatir libremente es hoy tan necesaria como siempre pero quizás más urgente que nunca. El agotamiento de los modelos políticos, económicos y sociales de la era industrial y su inutilidad ante los retos del siglo XXI es cada vez mas evidente. Pero la ausencia de un marco cognitivo alternativo hace que este agotamiento provoque más vértigo que esperanza. La respuesta ante este vacío no puede ser el silencio o la banalización.” (25)

Debemos ser capaces de articular una nueva ideología entendida como una propuesta de formas sociales nuevas, racional y razonablemente deseables, con vocación práctica de transformar o al menos de orientar la convivencia futura de la sociedad (26), para salir del laberinto del presente. El “desconcierto teórico” es el principal activo de la hiperrealidad.

2.Salir del capitalismo.

Salir del capitalismo, como afirmó Gorz, implica necesariamente nuestra emancipación de la influencia que ejerce el capital sobre el consumo y de su monopolio sobre los medios de producción.

Pero “La eliminación de los capitalistas, la prohibición de la propiedad privada sobre los medios de producción, la abolición de la relación salarial o de la moneda, sumirían a la sociedad en el caos, al precio de un terrorismo masivo que sin embargo no alcanzaría a destruir el imaginario mercantil. Escapar al desarrollo, a la economía y al crecimiento, no implica renunciar a todas las instituciones sociales que la economía anexó (moneda, mercados e incluso régimen salarial, sino “reinsertarlas” en una lógica diferente.” (27).

En esta sentido es muy importante diferencias entre capitalismo y mercado. “El mercado es una forma de intercambio que, desde luego, no inventa el capitalismo… (es) un sistema de intercambio de bienes privados. La sociedad capitalista contemporánea es sociedad de mercado porque el mercado está en el núcleo de la economía.” (28). “A partir de un cierto nivel de complejidad de la vida económica, el mercado, sencillamente, s insustituible.” (29). Otra cosa es otorgarle propiedades casi mágicas sobre su poder de autorregulación por la existencia de una mano invisible como hace el pensamiento liberal. Además, “Como bien sabía Polanyi, el mercado, dejado a su suerte, es un poderoso disolvente del que la sociedad tiene que aprender a autoprotegerse. Podrá ser necesario dado un nivel de complejidad y diferenciación social, pero ni el más eficiente de los mercados en capaz de hacer sociedad.” (30).

Una salida democrática al capitalismo implica al menos dos grandes tendencias. Por una parte la limitación de beneficios de las grandes empresas y de sus gestores y por otra el desarrollo de los nuevos bienes comunes que están generando la revolución tecnológica como innovadoras herramientas para la creación de mercancías.

3.Desplegar la energía social.

El cambio sólo lo puede protagonizar la gente de a pié, el pueblo definido como los que no detentan el poder. Por ello todo proyecto de cambio tiene que tener una intensa capacidad comunicativa, enraizarse en la cotidianidad y en las necesidades de los que más están padeciendo la crisis, poseer una potente carga pedagógica capaz de contrarrestar la sofisticada manipulación de los medios y provocar una nueva energía social que conecte con los valores comunitaristas y desconecte los valores del consumismo y el productivismo. “El desaliento social” es una condición de la hiperrealidad.

4.Volver a los valores de uso.

Gorz escribió que “No es tanto el crecimiento hacia donde se tienen que dirigir las críticas, sino a la dinámica de necesidades crecientes y siempre frustradas sobre las que se apoya, a la competición que organiza incitando a las personas a querer situarse, cada una, por encima de los demás” (31). Es imprescindible que los valores comunitaristas triunfen frente a los valores individualistas, tal como dice Vargas Llosa “La frialdad en las relaciones humanas y en el trabajo que la moderna sociedad industrial provoca está contrarrestada por una vida ética y espiritual intensa que mantiene a la comunidad unida, decente y solidaria.” (32)

Tenemos que recuperar la capacidad de pensar como actividad cotidiana y no de “especialistas” para tener una vida autónoma en nuestro espacio y en nuestro tiempo.

5.Las naciones culturales pueden ser las nuevas estructuras para el cambio.

Las naciones culturales son ecosistemas interconectados que tienen una múltiple funcionalidad como alternativa al actual sistema de individuos colonizados por el mercado global. Son las estructuras reales que pueden generar valores comunitaristas, profundizar en la democracia, organizar las redes para una nueva economía y darle un valor añadido al territorio como patrimonio social y cultural. Son ecosistemas culturales donde pueden fundirse la economía, ecología, cultura y autonomía política con la suficiente entidad para autoregularse sobre la base de una amplia democracia local y en conexión con los sistemas políticos de ámbitos más extensos. Tal vez la idea que mejor se acerca a esta propuesta sea la “Bioregión”, un concepto acuñado por Raimon Panikkar.

La nación cultural está íntimamente ligada a la producción de bienes comunes o públicos como elementos centrales de la nueva sociedad: “Estar integrado significa sentir la comunidad como propia y la propia identidad como perteneciente a la comunidad. El ideal de ciudadanía tiene mucho que ver con esto. Pues bien, difícil resultará mantener estos lazos de pertenencia e identidad que ligan al individuo con su comunidad, sin garantizar a los individuos (y a los grupos) determinados derechos de existencia social. Estos derechos, lejos de asignarlos, el mercado tiende a disolerlos, porque estos derechos se construyen a base de bienes públicos” (33)

Es también el ámbito para relocalizar la economía: que los bienes consumidos por la comunidad sean producidos en un lugar cercano para minimizar los costes ambientales de transporte y dotarnos de autonomía real.

La institucionalización de las naciones culturales significa igualmente incrementar nuestra autonomía política ahora que vemos como el poder al que nos enfrentamos tiene dimensión planetaria y que ni siquiera los macroestados tienen capacidad suficiente de acción. La extensión de la democracia global tiene que ir paralela de la creación de ámbitos comprensibles para la participación política mediante una clara diferenciación funcional.

6.Más democracia.

El sistema político actual ha perdido la capacidad de innovación. Sólo ha sido funcional en situaciones de continuidad y no de cambio radical como sucede en estos momentos. No ha sido capaz de anticiparse a la crisis ni incluso de reconocerla. Nuestra alternativa consiste en una profundización en la democracia. La conversión de la política como una profesión de gestores que necesitan réditos rápidos, la generalización del consumo como sucedáneo de la felicidad, la aceptación social del egoísmo como el prototipo del comportamiento racional han convertido la democracia en un ritual y han eliminado la energía social que la sustenta, pero ya David Hell explicó que existen muchos modelos de democracia (34).

Debemos propiciar un modelo basado en la máxima potenciación de la autonomía personal: la más deliberativa sobre los contenidos frente a la democracia mediática del márketing, la más activa y la más amplia frente a la ritualización pasiva del voto cada período de tiempo, la más sociabilizadora frente a la pasividad que trata de que las personas se desentiendan de la esfera pública o colectiva, la más amplia frente a la que limita los derechos por razón del status.

Hay que lograr que la agenda política contenga las cuestiones decisivas y no cuestiones anecdóticas y de repercusión a corto plazo que ocultan la información sobre las cuestiones verdaderamente importantes y que en todo caso hacen referencia a los grandes mitos que han sido por cierto destruidos durante la actual crisis como el medir la bondad de las políticas por su grado de intervensionismo. Se trata en definitiva de articular las relaciones sociales de poder sobre el ciudadano y no al margen de éste (35).

7.Gobernar la globalización.

El dominio de los mercados financieros en el ámbito internacional sin contrapeso de los poderes públicos democráticos ha sido el mecanismo de máxima generación de entropía. Es imprescindible la creación de instituciones internacionales democráticas que regulen una nueva contabilidad que registre también el coste de reposición de los recursos naturales, sustituya los actuales indicadores productivistas por indicadores que proporcionen una imagen real del bienestar, controle la creación ficticia de dinero financiero y de dinero bancario en línea con la propuesta de Simons de banca limitada, establezca compensaciones para el intercambio desigual y globalice la igualdad, la libertad y la democracia.

8.Conectar economía y ecología.

Una de los principales claves para el cambio de modelo consiste en acabar con el divorcio entre economía y ecología. Lo que Naredo llama ecointegración. El capital físico es un factor productivo que hay que cualificar y reponer como cualquier otro. Los precios deben decir la verdad ambiental. Dilapidar los recursos naturales y desequilibrar el clima global no puede seguir siendo gratis.

Además, la alternativa entre una salida democrática o autoritaria a la crisis se concreta en las alternativas al fin de la era del petróleo: puede dar paso a un modelo descentralizado (energías renovables) o centralizado (energía nuclear) o la destrucción completa de las zonas aún poco exploradas como los polos para exprimir la era del petróleo (estiramiento del actual sistema).

La progresiva sustitución del petróleo por energías limpias y renovables es una prioridad frente al cambio climático y el agotamiento de las reservas de fuentes energéticas no renovables, que además debe configurar un futuro energéticamente autónomo y descentralizado, reduciendo todas las tensiones geoestratégicas.

9.Romper con la lógica del crecimiento continuo.

Georgescu – Roegen (36) acuñó el término decrecimiento no tanto como una teoría económica sino como una consecuencia inevitable de las leyes de la entropía aplicadas a nuestra realidad vital. Vivimos en un planeta finito y con una determinada capacidad para asimilar los procesos vitales de las especies que alberga, pero hay que convertir esta obviedad en la estrategia política del realismo mediante la planificación de un horizonte de decrecimiento controlado. “El decrecimiento es un imperativo de supervivencia” (Gorz). Desde la demanda hay que introducir valores sustitutivos al consumismo en un imaginario no mercantilista para racionalizarla y disminuirla y en la oferta hay que introducir criterios de eficiencia y transformación hacia una producción sostenible tanto desde el punto de vista de los recursos como de los residuos. La crisis es la crisis de la lógica del crecimiento continuo. De lo que se trata es su cambio no se produzca en una dinámica autoritaria sino civilizada. Es por ello que Edgar Morín propuso el término de “política de civilización” para referirse al proceso democrático y controlado hacia el decrecimiento.
Andalucía, 16 de noviembre de 2008.

CITAS:

(1)rrodriguezleon@gmail.com
(2)Gorz, André “La salida del capitalismo ya ha empezado” (17 de septiembre de 2007). Este artículo es deudor, con mayor o menor éxito, de las ideas expuestas en sus últimas publicaciones por André Gorz, José Manuel Naredo y Serge Latouche y especialmente quiere ser también un modesto homenaje a André Gorz, cuando ya hace más de un año que murió voluntariamente junto con Doreen, su mujer. La muerte de Gorz ha pasado demasiado desapercibida entre nosotros con la excepción desde luego de la reivindicación permanente de su recuerdo y de sus ideas que realiza José Vidal – Beneyto.
(3)Este informe, cuya autora principal fue Dennis Meadows, fue encargado por el Club de Roma en 1968 y publicado en 1972. Habría que reflexionar sobre el momento crucial que supuso Mayo del 68 como encrucijada donde el capitalismo opta por la salida desarrollista frente a los modelos autoritarios vigentes.
(4)Es sintomático el interés que ha vuelto a tomar todo lo relacionado con la Internacional Situacionista. Ver, Perniola, Mario: “Los Situacionistas. Historia crítica de la última vanguardia del siglo XX.” Acuarela & A. Machado.
(5)Glucksmann, André: “Una crisis muy posmoderna”. El País, 27 de octubre de 2008.
(6)Wagensberg, Jorge “La Rebelión de las formas”. Tusquets Editores (Matatemas). Barcelona, 2004.
(7)Vargas Llosa, Mario: “La era de la sospecha”. El País, 19 de octubre de 2008.
(8)Salmon, Chistian: entrevista en El País, 19 de octubre de 2008.
(9)Zizek, Slavoj: “Una gafas para leer entre líneas a McCain”. El País, 2 de octubre de 2008.
(10)Zizek, idem.
(11)Naredo, José Manuel: “Raíces económicas del deterioro ecológico y social. Más allá de los dogmas”. Siglo XXI, Madrid, 2006. Se trata de un libro decisivo sobre el divorcio entre la economía y la ecología que sin duda ha constituido un hito en el panorama intelectual español.
(12)Naredo, idem pág. 76.
(13)Gorz, artículo citado.
(14)Vargas Llosa, artículo citado.
(15)Naredo, op. cit. Pág. 12.
(16)Sartori, Giovanni y Mazzoleni, Giani. “La tierra explota. Superpoblación y desarrollo”. E/ Santillana Ediciones Generales. Madrid, 2005. pág. 49.
(17)Torreblanca, José Ignacio. “Estar a la altura”. El País, 3 de noviembre de 2008.
(18)Imbert, Gérard: “Bienvenidos al desierto de lo hiperreal”. El País, 1 de noviembre de 2008. Acaba de publicar “El transformismo televisivo. Postelevisión e imaginarios sociales”. (Cátedra).
(19)Klein, Naomi: “No logo. El poder de las marcas”. Paidós. Barcelona. 2002.
(20)Salmon, Chistian. “Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear mentes”. Península. Barcelona. 2008. pág. 38,
(21)Idem, pág. 35.
(22)Lo mismo ha hecho España con Europa aprovechando su entrada en el Euro.
(23)Roland Berger, Presidente de Roland Berger Consultants, en una entrevista publicada en el diario El País, el 24 de agosto de 2008.
(24)EPA, tercer trimestre 2008. INE.
(25)De la “Propuesta de manifiesto para Paralelo 36”.
(26)Esta definición ha sido tomada de Fernando Sabater.
(27)Latouche, Serge: “Ecofascismo o Ecodemocracia”. (19 de noviembre de 2005), en Galiza Indymedia.
(28)Francisco, Andrés de: “Ciudadanía y democracia”. La catarata, Madrid, 2007, nota 1 de la pág. 52.
(29)Idem, pág. 29.
(30)Citado por Andrés de Francisco, pág. 49. (Polanyi, Kart:” La gran transformación”. Ediciones de La Piqueta. Madrid, 1987, pág. 325).
(31)Gorz, artículo citado.
(32)Vargas Llosa, artículo citado.
(33)Francisco, op. cit. pág. 48.
(34)Held, David: “Modelos de democracia”. Alianza Universidad. Madrid, 1993.
(35)Es una idea tomada de Marcos Roitman: “Pensamiento sistémico. Los orígenes del social – conformismo”. Siglo XXI, México, 2004.
(36)Ver Georgescu – Roegen, Nicholas: “La ley de la entropía y el proceso económico”. Visor. Oscar Carpintero ha publicado un magnífico libro sobre Georgescu: “La bioeconomía de Georgescu – Roegen”. (Montesinos).

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