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España, un país en el camino de servidumbre, y el auge y caída de las Cajas de Ahorros

ESPA—A-CAJAGRANADA-RENOVACI”N

La Proa del Argo. 13/06/2013.
Es feo ser digno de castigo, pero poco glorioso castigar.
<<Michel  Foucault>>
Tras el colapso de nuestra burbuja inmobiliaria el país se encuentra con un sistema financiero que sigue siendo insolvente, y una sociedad abrumada por el peso de sus deudas.
El origen de la citada burbuja estuvo en la especulación sin freno de un sistema financiero que buscaba bonus y salarios cada vez mayores para sus gestores, la corporatocracia empresarial (y política, en el caso español), sin responsabilidad legal o patrimonial alguna por sus actos y decisiones al frente de las entidades que dirigían. Mientras esto ocurría, los burócratas miraban para otro lado y hacían dejación de sus responsabilidades en la regulación.
Pero es también consecuencia de dos circunstancias únicas de la historia contemporánea. Una de ellas está transformando el mundo en que vivimos, otra tenía vocación de hacerlo, aunque ha resultado hasta ahora un sonoro fracaso.
El origen poco publicitado de la burbuja global (y española)
La experiencia ha mostrado que las burbujas financieras, y el boom de crédito que llevan aparejado, vienen precedidas por un periodo inusualmente favorable de flujos de capital del extranjero hacía el país afectado. Una avidez singular de los prestamistas internacionales por adquirir acciones en la bolsa local, o por prestar ingentes sumas a la banca local, es decir, un periodo de exuberancia irracional de capitales flotantes:

La antesala de una crisis bancaria suele caracterizarse por un incremento sostenido en los flujos de capital, lo que Reinhart y Reinhart llaman una “bonanza en el flujo de capital” […] Estos hallazgos en torno a las bonanzas en el flujo de capital coinciden asimismo con otras regularidades empíricas asociadas con los ciclos crediticios. En un estudio sobre los ciclos crediticios en las economías avanzadas y emergentes, desde una perspectiva muy distinta a la apenas expuesta, Mendoza y Terrones muestran que en los mercados emergentes los booms crediticios suelen venir precedidos de oleadas de flujos de capital. [1]

Uno de estos periodos de exuberancia irracional se desarrolló en Asia durante la década de los 90. Los países del sudeste asiático habían sido convencidos, bajo presión de EEUU, para levantar todas las restricciones a la entrada de capital. Ese capital acababa en una gigantesca burbuja inmobiliaria, muchos lo sabían, pero no querían perder los dividendos. Cuando comenzó la crisis financiera esos países rápidamente se quedaron sin dólares; en un gesto cargado de ingenuidad las amas de casa fueron a entregar dólares al gobierno, en Corea del Sur. Pero el que llevó los dólares fue el FMI, que impuso duras condiciones, draconianas en comparación con las impuestas ahora a Grecia. Los dólares del FMI tan solo sirvieron para pagar a los acreedores internacionales, que cuando recuperaron su dinero retiraron inmediatamente su capital. Se habían socializado las deudas de los bancos locales con los inversores occidentales.
Pero lo peor fue la crisis política que se desató. En un momento en el que el presidente de EEUU estaba inmerso en una crisis personal, a causa de sus devaneos amorosos, la gestión de la crisis fue llevada personalmente por el secretario del tesoro, Robert Rubin, antiguo gerente de Goldman Sachs. Los banqueros hicieron y deshicieron a su antojo, con la excusa de salvar la economía mundial, pero en realidad se estaban salvando a ellos mismos. Pidieron la cabeza de líderes locales, la vieja excusa del capitalismo clientelar, la corrupción política, que pierde gran parte de su atractivo cuando compruebas que países como Suecia o Finlandia han pasado crisis similares. Hubo disturbios, muertos, millones de personas fueron enviadas a la pobreza, pero sus nuevos líderes pensaban que la corrupción en realidad estaba en otra parte, en los banqueros occidentales.
Todo podía haber acabado en un expolio más, pero en realidad la crisis no había afectado solo al sudeste asiático, la práctica totalidad de los países emergentes fueron afectados, todos excepto uno, al que todos miraban: China. El politburó chino había desarrollado un sistema para “manejar” a EEUU. Si la probabilidad de una crisis aumenta significativamente con los flujos de capital, la solución estaba en convertirte en exportador neto de capital, en prestamista. Parecía un “disparate económico”: los pobres prestando a los ricos. Y lo es, pero así es la globalización.
Para convertirse en exportador de capital China mantenía su moneda lo más baja posible, para así inundar EEUU con sus productos; pero cuando los dólares fluían hacia China, debían tomar una dura decisión: en lugar de invertirlos en China, donde aumentarían el nivel de vida de sus habitantes y darían una buena rentabilidad, debían prestarlos de nuevo inmediatamente a EEUU, para seguir manteniendo la moneda lo más baja posible.
Había damnificados entre los trabajadores fabriles de EEUU, pero no se les hizo mucho caso. El modelo beneficiaba a las corporaciones, y por tanto a los accionistas y a la corporatocracia que no solo triunfaba, fabricaba ídolos de adorar y olvidar para consumo de la alienada clase media.
¿Qué tiene que ver eso con España? Nuestro país había entrado en el euro precisamente para atraer capital extranjero. Una moneda “seria”, bajo el paraguas del Bundesbank, que eliminase las molestas devaluaciones que disminuían drásticamente el rendimiento de las inversiones. Nadie podía imaginar que justo en ese momento el mundo se vería inundado por el ahorro de los pobres.
Un dólar a la baja, con su sempiterna política de devaluación, y los países emergentes intentando seguirle, presionaron al euro en sentido contrario, mientras los inversores que no querían reciclar sus excedentes en dólares lo hacían en la moneda única. Entre esos inversores había muchos de un país también europeo, que había decidido no deslocalizar su industria. Frente a la devaluación monetaria ellos aplicaron represión salarial, con el mismo resultado, cuantiosos excedentes a reinvertir en la burbuja global.
Evolución de los costes laborales desde el año 2000 en países seleccionados
Las fuerzas que se pusieron en juego fueron colosales, y el resultado fue la mayor burbuja de la historia. Finalmente todo se derrumbó, y entonces comienza la historia que realmente os quiero contar hoy.
Las garantías sociales al pago de la deuda externa

La deuda tiene nombre y apellidos, o mejor dicho, un CIF. Descontando las ayudas directas a la banca, que a día de hoy andan en torno a los 60.000 millones, quiero creer que el grueso de la deuda externa, que son unos 1,8 billones de euros (unas 25 veces las ayudas directas a la banca), y de los cuales unos 200.000 millones corresponden a las administraciones públicas, será manejado por los respectivos deudores. Pero si no fuese así el peso de la misma caerá sobre el contribuyente español. Un peso, que en el peor de los casos, la materialización del riesgo catastrófico, será inasumible, y quizás esa es la parte positiva, que una vez concentradas las deudas en el estado, es mucho más sencillo cancelarlas ¿Cómo ocurrió?
En octubre de 2008 los líderes europeos estaban reunidos en Paris, en el palacio del Elíseo, “viendo cómo se derrumbaba la economía mundial”, según palabras del ex-presidente Zapatero. España sacaba pecho: mientras nuestros socios recapitalizaban bancos, creaban fondos públicos de adquisición de activos y concedían avales a la banca, en España solo fueron necesarias las últimas dos medidas. Aquí no era necesario recapitalizar, pese a que Martinsa Fadesa había suspendido pagos en julio, y los señores del ladrillo se habían agrupado casi un año antes, para salvaguardar su poder en medio de la tormenta.
En España se interpretaron los hechos, al menos oficialmente, como un problema del mercado mundial, provocado por Wall Street. La banca española era sólida en la medida que no había adquirido titulizaciones de hipotecas de alto riesgo. El preámbulo del Real Decreto con el que se creaba el Fondo de Adquisición de Activos reza lo siguiente:

En este contexto, las entidades de crédito españolas tienen una posición sólida, gracias a su elevada solvencia, su amplia base de depósitos y la supervisión del Banco de España [2]

¿Se lo creían o era una cortina de humo? Se lo creían. Este fondo debía primar la adquisición de nuevo crédito, concedido con posterioridad a octubre de 2008. Los activos debían ser de máxima calidad, pero más adelante, mediante resoluciones de la Dirección General del Tesoro y Política Financiera, se concretó el tipo de activos elegibles, que serían cédulas hipotecarias y bonos de titulización, en su mayoría también de deuda hipotecaria. En definitiva, el fondo trataba de fomentar la formalización de nuevas hipotecas, parecía diseñado por el grupo de inmobiliarias para continuar la burbuja, pero los 19.000 millones concedidos no compensan el cierre del grifo del crédito internacional. Además, faltaba una de las patas de la burbuja, la del riesgo, el crédito promotor, el fondo invertía en activos respaldados por viviendas construidas y gracias a eso cerró con beneficios.
En la misma fecha comenzaban las garantías públicas al pago de la deuda externa, se avalaron 47.000 millones de deuda bancaria, lo cual significa que si el banco no puede hacer frente a su compromiso, este recae sobre el contribuyente español ¿Era razonable? En aquel momento había un problema de liquidez, de hecho muchas entidades que hoy se consideran solventes necesitaron avales para refinanciarse. La solvencia, oficialmente, no estaba en duda, el problema era la liquidez y la burbuja americana, no la española.
Unos meses más tarde, en marzo de 2009, Caja Castilla-La Mancha solicitaba auxilio, si bien el mensaje seguía siendo el mismo: es la liquidez,

El responsable de economía del Ejecutivo ha querido transmitir un mensaje de tranquilidad sobre el sistema financiero español, que ha calificado “como uno de los más sólidos”. “No hay ninguna otra entidad en estas circunstancias. Las cajas y los bancos son sólidos“, ha insistido Solbes, quien ha matizado que “nadie es invulnerable a la falta de liquidez pero no es un problema a corto plazo“. [3]

Pero tres meses más tarde se creaba el FROB, y en el Real Decreto-Ley que le daba cuerpo, además de los problemas de liquidez se citaba por fin el deterioro de sus activos. Este era el momento quizás más apropiado para dejar caer a las entidades pequeñas, que eran las que realmente tenían problemas.
La solución a aplicar hubiese sido simple, que los accionistas cargasen con las pérdidas, hasta que se agotase el capital, y si no hay suficiente se venden los activos a precio de mercado y con ello se paga a los acreedores y a los depositantes. El estado solo debe poner fondos en el caso de que no haya suficiente para abonar los depósitos inferiores a 100.000 euros.
Es cierto que es infinitamente más fácil decirlo ahora, en aquel momento la economía caía a ratios máximos y había miedo a los problemas causados por la liquidación de Lehman Brothers. Todo eso es cierto, pero no justifica la intervención que se realizó.
El FROB nacía con dos objetivos, en primer lugar evitar el espectáculo que se estaba dando en la Caja de Castilla-La Mancha, a la que se avaló para evitar una corrida de los depositantes, pero que no se reestructuró hasta siete meses más tarde. Con la creación del FROB se pretendía crear un instrumento para intervenir y reestructurar con rapidez.
El segundo objetivo era promover una ronda de fusiones que se decían necesarias para reducir la capacidad instalada del sector. Mientras en el preámbulo del Real Decreto-Ley, se hacía referencia al deterioro de los activos, básicamente por el aumento de los préstamos morosos, en la práctica se actuaba como si el único problema que existía fuese el exceso de oficinas.
El FROB ayudaría a las fusiones inyectando efectivo, pero a cambio de “participaciones preferentes”. En realidad lo que hacía el ente público era comprar deuda subordinada de las entidades, en el peor de los casos se convertirían en acciones, pero mientras tanto cobraba alrededor de un 8% por su dinero. Más adelante el entonces presidente afirmaría:

Cuando hemos apoyado a los bancos, no les hemos dado dinero a fondo perdido, ni subvenciones. Les hemos prestado dinero por el que el Estado les está cobrando un interés. De momento, estamos ganando dinero, cerca de 3.000 millones de euros. [4]

¿Qué clase de ayuda era esa? En realidad lo que se pretendía era iniciar un largo camino, en el que las pérdidas por el deterioro de los activos se mantuviesen ocultas, y solo se reconocerían cuando se hubiesen capitalizado beneficios para absorberlas. Las fusiones servirían para reducir oficinas, unir estructuras y ser más eficientes para generar ese lento goteo de beneficios. Para evitar que las pérdidas aflorasen demasiado pronto se controlaría el activo de referencia para los demás, el precio de la vivienda, y para ello se meterían todos en un gigantesco congelador
y se refinanciaría el crédito a las inmobiliarias ¿Qué sentido tenía todo esto? Es difícil encontrarle sentido, salvo que se analice en términos de poder. La burbuja había potenciado las estructuras regionales de poder, que ahora se querían mantener a toda costa. Los acontecimientos hablan por sí mismos, inicialmente el FROB solo pudo potenciar tres fusiones, todas ellas regionales, dos a nivel de Cataluña y una en Castilla y León.
Mientras, las comunidades de Madrid, Cataluña, Galicia y Extremadura habían recurrido la constitucionalidad del FROB, preocupadas por perder el control de las cajas. Para solucionar estos escollos se echó mano de un concepto bastante exótico en España hasta ese momento, las “fusiones frías”. Gracias a este “nuevo” invento, que se abrazó como el nuevo “bálsamo de fierabrás”, las cajas seguían siendo hasta cierto punto independientes, y mantenían los mismos órganos rectores, es decir, se mantenía el “status quo”, pero formaban una entidad central que sería la garante de la solvencia y liquidez del conjunto. Las cajas podían incluso abandonar el acuerdo al cabo de 10 años. Este es el origen y fundamento de Bankia, el gran Frankestein del sistema financiero español, concebida como la gran caja del Partido Popular.
En abril de 2010 se dio carta de naturaleza legal a las “fusiones frías”, por el camino se continuaba garantizando el pago de las deudas privadas, y se avalaron otros 22.000 millones de euros de deuda bancaria, que no pudieron evitar el segundo cajazo, con tintes almodovarianos, cuando los sacerdotes que dirigían la cordobesa Cajasur, decidieron rechazar la fusión con la malagueña Unicaja, porque “no se fiaban”, del presidente de esta:
Gestores de Cajasur

El presidente de Cajasur, el sacerdote Santiago Gómez Sierra, defendió en el consejo la intervención del Banco de España en lugar de la fusión con Unicaja. Su principal argumento: Gómez Sierra no se fía del presidente de Unicaja, Braulio Medel, con quien ha mantenido constantes enfrentamientos en los meses que ha durado la negociación entre las dos cajas andaluzas. [5]

El cierre de los mercados internacionales de crédito se estaba compensando gracias a las garantías públicas, pero también se recurría más intensamente al ahorro nacional, los pequeños ahorradores, en definitiva los jubilados patrios. De esta forma las cajas conseguían refinanciarse a duras penas, y a su vez refinanciaban a las inmobiliarias.
El timo de las preferentes y productos híbridos se gestó en gran medida en 2009
En 2009 se vendieron intensamente preferentes y deuda subordinada, un escándalo que no estallaría hasta finales de 2011, cuando la Comisión Nacional del Mercado de Valores pidió a los bancos que informasen a sus clientes del precio al que cotizaban estos productos, que hasta ese momento habían ocultado. El FROB por su parte prestaría otros 10.000 millones, suscritos también en participaciones preferentes. Entre avales y préstamos habíamos comprometido 80.000 millones y teniendo en cuenta la protección a los depósitos, la posibilidad de liquidaciones comenzaba a complicarse.
En julio de 2010 el gobierno reformaba la Ley de Cajas. Uno de los objetivos era que pudiesen ejercer su actividad a través de un banco, pero también hacía más atractivas las “cuotas participativas” (las acciones de las cajas) a las que daba poder de voto. Hasta este momento la propiedad había estada completamente desvinculada de la gestión. Era por tanto, una forma de permitir a las cajas buscar dinero privado para recapitalizarse, pero también era una puerta abierta a cambios de poder en la dirección de las mismas.
Como era previsible nadie movió un dedo. El Banco de España realizó un test de stress con un escenario supuestamente muy adverso, considerando una caída del precio de la vivienda del 28% (pero tenía que haber considerado como mínimo un 38%, teniendo en cuenta que entre 2008 y 2010 había caído solo un 12%). Solo suspendían 5 cajas, que necesitaban unos 2.000 millones.

Pero una nueva crisis se estaba gestando, una crisis que dejaría claro quien realmente tiene poder, y despojaría a los políticos autonómicos de su poder en las cajas. En noviembre de 2009 el tipo de interés de los bonos griegos comienza a subir, de forma similar a lo que había pasado en Asia en los noventa. Los europeos no se ponen de acuerdo sobre cómo atajar la crisis y Grecia debe ser rescatada con préstamos públicos, como también había ocurrido en Asia.
En noviembre de 2010 son los tipos de interés del bono español los que comienzan a moverse de forma convulsa. Comienza así un periodo de casi 2 años, hasta septiembre de 2012, en el que no solo las cajas de ahorros tuvieron problemas para financiarse: ni los grandes bancos, ni las grandes empresas cotizadas, ni siquiera el estado, pudieron hacerlo con normalidad. Se desató una auténtica crisis de liquidez mientras el resto del mundo se negaba a refinanciarnos, se deshacían de las acciones y bonos de empresas españolas, e incluso se llevaban sus depósitos al extranjero.
El gobierno entró en pánico y en marzo de 2011 aprueba otro Real Decreto-Ley para forzar a las cajas a recapitalizarse. Según las nuevas exigencias hacían falta otros 15.000 millones de capital, aunque saliendo a bolsa algunas antiguas cajas podían reducir los requisitos desde el 10 al 8%.
Fue por tanto un empujón importante por parte del gobierno para una nueva estafa, y además se continuaba ahondando en los errores anteriores. De poco valdría acumular mucho capital para absorber pérdidas futuras, si nadie sabía cuánto podían bajar los pisos, y por tanto tampoco sabían la magnitud de esas pérdidas. Además, con la estrategia de fusiones, los balances se habían hecho todavía más opacos de lo que ya son gracias a la contabilidad creativa. Esto se hizo patente gracias a una nueva ronda de test de estrés, que de nuevo serían usados por el Banco de España para sacar pecho.
Pero quedaría en evidencia cuando tan solo una semana después se veía obligado a intervenir la CAM, el tercer cajazo de esta crisis, anunciando ayudas por valor de 2.800 millones, que finalmente subirían, una vez revisada a fondo la contabilidad, a 5.249.
Este revés del destino fue una suerte para muchos pequeños ahorradores y empleados de Bankia y Banca Cívica, que estaban a punto de participar en las dos Ofertas Públicas de Suscripción más fraudulentas de la historia de España. No les salvó de ser timados, pero pudieron comprar más barato y por tanto más cerca del precio real, que estaba muy cerca de cero.
La normativa obliga que en una salida a bolsa el 40% de las acciones se vendan a inversores institucionales, es decir, a grandes inversores. Los extranjeros compraron tan solo 200 millones entre las dos ¿qué grandes inversores suscribieron el resto hasta el 40%, otros 1.140 millones solo para Bankia? Sin duda fue necesario tirar de muchos contactos y mucha negociación, sin duda había personas a las que no les interesaba la nacionalización, que querían seguir manteniendo la gerencia de la institución y por tanto su influencia sobre ella, y que tenían también buenos contactos en otras empresas.
El 60% restante se vendió entre empleados y clientes, como se pudo, en algunos casos mediante prácticas bastante turbias. Finalmente ambos casos han terminado en los juzgados.
En septiembre Catalunya Banc, NCG Banco y Unnim Banc, las entidades que habían comenzado el proceso de fusiones en 2010, no pueden alcanzar los nuevos requerimientos de capital y el FROB les inyecta 4750 millones. Desde marzo de 2011, las inyecciones ya no se hacen en forma de participaciones preferentes, sino en forma de acciones. Eso permite tomar el control de la entidad, que se nacionaliza, pero la recuperación de las ayudas es bastante improbable: dependerá del valor de venta de la institución, una vez reestructurada.
A finales de septiembre de 2011, fecha límite para la recapitalización, todavía hay tres entidades (Mare Nostrum, Liberbank –antiguo Base- y CEISS) sin solución definitiva, o sin llevarla a cabo, pero se les da más tiempo para encontrarla.  Sin embargo, los problemas no amainan y en noviembre de 2011 tenemos el primer bancazo, Banco de Valencia no puede seguir sin ayuda, el FROB le inyecta 1.000 millones en capital.
Enfrentados a la crisis de liquidez, sometidos a nuevos requisitos de capital, sus propias vergüenzas salen a la luz y en 2011 se nacionalizan 5 bancos. La situación de España e Italia no es buena, la prima de riesgo alcanza máximos
y el Banco Central Europeo decide actuar, eso sí, al estilo europeo. Prestará en torno a 1 billón de euros a los bancos del continente, en créditos a 3 años, concedidos con la preceptiva garantía o colateral aportada por el banco.

En esta multimillonaria deuda, los españoles tienen un papel protagonista, ya que, según estima el mercado, tienen en sus manos entre 200.000 y 250.000 millones de euros. Es decir, se cree que recibieron hasta un 25% del dinero que prestó el BCE o, dicho de otra forma, uno de cada cuatro euros prestados. [6]

Ese dinero parecía que iba a devolver la estabilidad. El nuevo gobierno del Partido Popular continuaba ahondando en el camino trazado y publicaba un nuevo Real Decreto-Ley, en febrero de 2012, en el que se volvían a pedir más provisiones y se volvía a solicitar que los bancos reunieran más capital. Pero algo completamente inusual y terrible estaba ocurriendo. Cuanto más dinero prestaba el BCE a los bancos españoles, más aumentaba la deuda del Banco de España con el mundo.
Se había criticado al Banco Central Europeo por no ser un “auténtico Banco Central”, dado que no compraba deuda directamente a los gobiernos. En la eurozona, el dinero es deuda del gobierno monetizada, como en todas partes. Es decir, el Banco Central si financia a los gobiernos. La crítica incidía en la forma de hacerlo, y en que no mantenía los tipos de interés bajos, y por tanto el gobierno podía gastar menos.
Sin embargo, el origen de los bancos centrales se encuentra en facilitar la estabilidad financiera, en actuar de prestamista de última instancia, la función que Walter Bagehot había definido así, a mediados del siglo XIX:

En una crisis, el prestamista de última instancia debe prestar sin límite, con una penalización, y sobre la base de garantías que son negociables en el mercado durante el funcionamiento normal del mismo, cuando no hay una crisis. [7]

El BCE prestaba a nuestros bancos con penalización, y con una garantía, títulos de deuda pública o préstamos hipotecarios que nuestros bancos presentan al banco central. Si el banco no devuelve los préstamos al banco central, este, en cumplimiento de la ley, expropia la garantía. Pero, sorprendentemente, existía una garantía adicional, y es que los préstamos no se realizan directamente sino a través del Banco de España, por tanto los bancos eran responsables ante el Banco de España, y este ante el Eurosistema o Banco Central Europeo.
Es un mecanismo excelente para generar un pánico bancario, como de hecho sucedió. Cuando alguien se lleva su capital y hay falta de liquidez, es posible que haya que acudir al Banco Central, que para eso está, pero eso acarreará un pasivo en el Banco de España. Cuando los inversores y depositantes ven que los pasivos del Banco de España suben, de la misma forma aumentan sus incentivos para llevarse sus depósitos y su capital. Un auténtico “Disparate económico”.
En mayo 2012 el Banco de España nacionalizaba Bankia, cuando los auditores se negaron a firmar las cuentas. La caída del gran Frankestein, construido con retales de muertos, marcó el fin de una era. El fin de la era de las Cajas de Ahorro, y el de sus órganos de gestión.
Al mismo tiempo hizo visible el camino de servidumbre que había iniciado el país en el año 2009. Ante un problema que se había hecho más grande de lo que podíamos manejar, fue necesario pedir ayuda a Europa, que se formalizó en la firma del MoU (Memorándum de Entendimiento). Europa nos forzó a ir en una dirección más adecuada, dadas las posibilidades, aunque tal y como hemos analizado en “La banca, el banco malo y la cadena de favores” será difícil que sea una solución definitiva.
Las posibilidades son reducidas, dado que hemos garantizado todas las deudas privadas. Tan solo podemos pagar con superávits sostenidos en la balanza de pagos, o ir al impago soberano.
La Unión Europea y “la ética del capitalismo”
Desde Europa nos han animado en alguna ocasión a liquidar bancos no viables
Ya a finales de 2011, en una situación menos dramática, ante el rescate del Banco de Valencia, habían indicado:

Las autoridades españolas no han proporcionado información a fin de valorar por qué derribar/dejar caer el Banco de Valencia no sería una opción adecuada. [8] .

Lo sorprendente fue la reacción del gobierno a las razonables palabras del comisario europeo, tachándole de desleal. Es cierto que la liquidación de entidades bancarias es complicada, dado el papel clave que de forma corrupta han conquistado los bancos en todo el sistema.
Un ejemplo lo hemos visto recientemente, cuando a consecuencia de las quitas realizadas en la deuda pública griega el sistema financiero de Chipre se volvió insolvente. Esos bancos, al contrario que las Cajas de Ahorro españolas, que dependían de financiación mayorista, apenas tenían deuda, y su pasivo eran los depósitos. Al evitar socializar las pérdidas, y liquidar una de esas entidades, fue necesario hacer una quita a los depósitos de más 100.000 euros, que no están protegidos por ley. Todo está conectado entre sí, y nosotros no tenemos la información para valorar hasta donde llegará la caída del dominó.
Es fundamental que se definan criterios y procedimientos para la liquidación de bancos, que no se deberían realizar siguiendo un procedimiento concursal normal, y dar transparencia a todo el proceso, frente a la opacidad actual.
Europa parece que quiere avanzar por ese camino, bien ¿pero no hay cierta hipocresía en ello? Europa nos pide que liquidemos una vez que la situación ha quedado bajo control, bajo un marco muy delimitado, en el que el estado ha emitido gran cantidad de garantías, y en el que los acreedores particulares de nuestras cajas, han sido sustituidos en gran medida por el BCE. Por tanto, quien aporta el marco estable a la situación es el contribuyente español y las garantías que ha proporcionado.
Quieren dar una lección a los banqueros, para que escarmienten, la llamada “ética del capitalismo”, que perdure quien lo haga bien, y el que lo haga mal que caiga, pero lo hacen con la boca pequeña, y se equivocan. Ningún banquero va a ser prudente porque haya visto liquidar bancos en el pasado. Les importa obtener beneficios, ganar dinero, no que los bancos permanezcan.
Es necesaria una unión bancaria para poder tratar los problemas financieros de forma razonable en un futuro, pero también es necesario reconocer como los defectos en el diseño de la Unión Monetaria han agravado la crisis, y tomar medidas para paliar esa situación. Que lo hayamos hecho rematadamente mal, no justifica que debamos recibir más daño que el que es producto de nuestros propios actos.
La “ética del capitalismo” y el populismo liberal
A finales del siglo XX contemplamos una curiosa transformación ideológica. El liberalismo económico, el que fue el pensamiento de la burguesía del siglo XIX, arraiga en las clases medías occidentales, sobre todo de EEUU ¿Qué hace a esta “gente pequeña”, empezar a pensar como “los peces gordos”? El liberalismo es el populismo del siglo XXI. Un siglo XXI en el que en los países desarrollados hay una sociedad de consumo, en la que la clase media se ha vuelto egoísta e individualista.

Richard Rorty sugiere que, tras capitalizar de forma individual las batallas colectivas y solidarias de sus padres, los hijos de la generación que atravesó la Gran Depresión se instalaron en suburbios acomodados y <<decidieron retirar los puentes levadizos tras ellos>> [9]

Y en la que el nuevo populismo se presenta como el defensor de las clases medias, ante los atropellos de los políticos. Pero al igual que las “revoluciones cibernéticas”, como la “primavera árabe”, los movimientos de ocupación en occidente, o las revueltas en los países del este durante la primera década del siglo XXI, no tiene una solución a los problemas políticos. Las soluciones que nos propone son recetas trasnochadas que ya fracasaron en el siglo XIX, como el patrón oro, o la llamada “banca libre”, una banca sin injerencia de los bancos centrales y en la que se cumpliría a rajatabla la “ética del capitalismo”.
Les molesta el poder político, pero no el poder en general, sin adjetivo, razón por la cual siempre fue una ideología de gente poderosa, o cuando menos confiada en sus medios económicos. Sin embargo, la gran cuestión es: ¿Cómo lidiamos con el poder en la época de la democracia de masas?
Sin duda el ejemplo de las Cajas de Ahorro españolas les hará sentir cómodos, estaban gestionadas por políticos (en sentido amplio). Pero en una economía con empresas públicas y privadas nos encontraremos desastres de ambas, por ejemplo en EEUU las empresas públicas han funcionado mejor que las privadas durante la crisis.

Los políticos estadounidenses suelen considerar a la competencia de mercado como una panacea. Sin embargo, en el caso de la titulización hipotecaria, la fe en la competencia está fuera de lugar. La titulización hipotecaria competitiva se ha intentado en tres ocasiones en la historia de EE.UU. – durante la década de 1880, la de 1920 y la década de 2000 – y cada vez ha fracasado. Recientemente, la competencia entre titularizadores de hipotecas llevó a una carrera hacia el fango en los estándares de formalización de hipotecas que terminaron en la crisis financiera de finales de la década de 2000 […] cuando la competencia fue menos intensa y los titularizadores han tenido más poder de mercado, estos actuaron para controlar a los originadores de hipotecas y mantener estándares prudentes. Sin embargo, la capacidad de los titularizadores para controlar a los originadores y mantener altos estándares de calidad fue socavada por la competencia, que cambió el poder de mercado de los titularizadores, hacia los originadores de hipotecas. Aunque las normas se redujeron en todo el mercado, las empresas más grandes y poderosas, las Empresas Patrocinadas por el Gobierno (GSE), tuvieron más éxito que otros titularizadores hipotecarios en el mantenimiento de condiciones de formalización prudentes. [10]

Los originadores de hipotecas eran los bancos comerciales, y los titulizadores se encargaban de empaquetarla en un bono y venderla. La competencia expulsó a los titulizadores prudentes, a medida que otros tomaban más riesgo para conseguir mercado. Las grandes empresas públicas se comportaron mejor en ese entorno.
El problema de la Cajas de Ahorro no fue que los caciques regionales las usaran para financiar proyectos ridículos, lo que ocurrió, es cierto, aunque de forma anecdótica. El problema fue su modelo de negocio, volcado exclusivamente en el mercado hipotecario, un mercado muy competitivo, donde los prudentes se quedaban fuera, sin posibilidad de hacer negocio.
Auge y caída de las Cajas de Ahorros
Es imposible determinar con certeza que llevó a los responsables políticos a evitar a toda costa liquidar las entidades y abrir un procedimiento concursal, y por tanto condujo al estado a garantizar todas las deudas, lo que ha reducido nuestra soberanía como país. Pero podemos intuirlo. Sostengo que una razón de peso, pero por supuesto no la única, ha sido el intento de mantener las viejas estructuras de poder político regionales. Por eso las primeras fusiones fueron entre cajas de la misma región, y por eso una vez bendecidas las “fusiones frías”, las cajas se agruparon por afinidades políticas, es decir, por las afinidades de quienes controlaban las cajas a fusionar, y por tanto querían seguir utilizándolas en parte como un vehículo para sus fines.
¿Tan importante es gestionar un banco? Sí, claro, es el poder del dinero que ha denunciado tanta gente, desde Andrew Jackson a Frederick Soddy. Un poder con el que tendremos que lidiar, sea este público o privado.
No soy especialmente partidario de una banca pública, y mucho menos siguiendo el modelo de las Cajas de Ahorro, un modelo opaco, donde si hay un atisbo de rendición de cuentas es en las elecciones autonómicas, donde la mayor parte del voto se realiza con criterios de ámbito nacional, independientemente de cómo haya sido la gestión regional.
Si hay que tener una banca pública, soy favorable a que sea con una función muy determinada y definida, por ejemplo el crédito social, y de carácter monopolista o semi – monopolista, que informe de forma transparente de sus actividades y que rinda cuentas al conjunto de la ciudadanía. Dejando a un lado excepciones, prefiero un sistema de banca privada, que funcione bajo unas normas legales racionales con el objetivo del bien común, con un coeficiente de caja 100%, pero con dinero creado sin interés por el tesoro público para financiar al estado.
¿Es razonable dejar el medio de intercambio social en manos de los políticos después del desastre de las Cajas de Ahorros? No todo lo que definimos con las mismas palabras es lo mismo, a pesar del descrédito contemporáneo de la política, una agencia centralizada, claramente visible y mediática, como son ahora los bancos centrales, y que no dependa de las elecciones generales, pero que pueda ser controlada por los votantes por otros medios, podría funcionar muy bien. Los bancos centrales lo han hecho bien con la inflación, a pesar de los índices fantásticos que de vez en cuando se inventa algún bloguero. No lo han hecho tan bien, evidentemente, con la estabilidad financiera, aunque ahí tienen gran parte de culpa los economistas, y sus teorías neoclásicas con nulo soporte empírico.
La política no puede ser la excusa para defender la tiranía de los banqueros, y su monopolio sobre el dinero, a expensas del resto de la sociedad.
La magnitud del desastre y el camino de servidumbre
Las ayudas a la banca no son equivalentes, no es lo mismo un aval que una inyección de capital. La mayor parte de las inyecciones de capital no se recuperarán, son por tanto un coste para el contribuyente, por el contrario los avales pueden no tener coste económico. En cualquier caso todas las medidas, incluyendo las vienen dadas por la estructura de la eurozona, como la deuda del Banco de España, tendrán un coste “político”, puesto que han limitado nuestras decisiones, los posibles caminos que el país podría haber tomado. Los particulares tendrán que devolver sus deudas y si no lo hará el estado por ellos o iremos a un default de deuda pública.
Para calcular el importe total debemos tener en cuenta que en 2012 se inició un nuevo programa de avales, con lo que la suma de los mismos se acerca a 50.000 millones, pese a que la mayoría de los emitidos en 2008 y 2009 ya habían vencido. He desglosado el FROB y el Fondo de Garantía de Depósitos, que siempre han estado un poco mezclados (el FROB ha tirado del FGD cuando le ha convenido). También incluyo de golpe los esquemas de protección de activos, de los que no había hablado hasta el momento, y que son una especie de seguro que el estado otorga al adquiriente de una cartera, de forma que si hay una pérdida mayor de la prevista, es el estado el que la cubre, hasta el límite que indico en la tabla. Incluyo también las ayudas europeas realizadas a través del MEDE, y las obligaciones del SAREB, la mayor parte de las cuales son deuda garantizada por el estado.
Aquí están las mareantes cifras:
Fondo de Garantía de Depósitos                                                                               7.852 millones
FROB                                                                                                                  13.500 millones
MEDE                                                                                                                 38.833 millones
Avales                                                                                                                 49.443 millones
Deuda y capital SAREB                                                                                         53.000 millones
Esquemas de protección de activos                                                                         16.667 millones
Deuda Banco de España con Eurosistema                                                               336.699 millones
Total                                                                                                                 512.994 millones
Teniendo en cuenta que el estado también debe hacerse cargo de los depósitos hasta 100.000 euros, es evidente que será muy improbable ver una liquidación sin un default de deuda pública.
A pesar de la magnitud del desastre, hay esperanza si hay voluntad política. Es fundamental el análisis estratégico. De las ayudas del FGD, FROB y MEDE, en el mejor de los casos podremos recuperar un 30%, lo más probable es que nada ¿Pero que pasa con el riesgo catastrófico, la mayor parte de esos 513.000 millones? Se asume que las garantías no se van a hacer efectivas, que todo marchará bien, pero no es lo mismo el mundo del crecimiento ilimitado de los últimos 200 años, o el mundo del crecimiento al 2-3% de las últimas décadas, que el mundo del crecimiento declinante. No es lo mismo el mundo del orden geopolítico estable, que el mundo nuevamente polarizado y en proceso de fragmentación. Son necesarias acciones enérgicas para evitar las peores consecuencias de esos escenarios sobre nuestro país. El tiempo apremia.
[1] Esta vez es distinto: Ocho siglos de necedad financiera <<Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff>>
[9] Comunidad: En busca de seguridad en un mundo hostil <<Zygmunt Bauman>

 

 

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