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Griñanato

griñanatoPara definir con precisión el régimen de Bismarck, constitucional pero autoritario, el pensador Max Weber necesitó inventar dos conceptos antitéticos: “Poder político de los funcionarios” frente a “liderazgo democrático”. El Canciller de Hierro alcanzó su ilimitado poder personal delegando gran parte de las decisiones políticas en sus funcionarios. Gracias a esta sibilina estrategia eliminó de hecho, aunque no de derecho, al parlamento y a los partidos de la vida pública prusiana. Algo muy parecido perpetró Franco durante el tecnocratismo de los años sesenta, nombrando a ministros-funcionarios y simulando esperpénticos sufragios universales e inútiles cámaras parlamentarias. Amando de Miguel, en una burda imitación de Weber, prefirió acuñar un término propio para llamar a este periodo dictatorial de vacío ideológico: funcionariato. Y luego lo elevó al rango de aportación original española a la moderna ciencia política. Menuda estupidez. Tomando matices de uno y otro régimen, ahora es el presidente interino y no electo de Andalucía quien ha redimensionado el concepto.

Es cierto que Griñán no gobierna en un régimen formalmente dictatorial. Carece de unas Leyes del Movimiento (por inmovilista que sea la sociedad andaluza). Y tampoco inaugura pantanos por doquier (aunque tengamos transferidas las aguas del Guadalquivir). Pero está jugando a la perfección su papel tecnócrata como director de la sucursal desideologizada del partido socialista en Andalucía. A diferencia del expresidente electo (ahora ministro en Madrid), su sucesor parlamentario convoca plenos y debates de nula visibilidad mediática. Cumple. Arregla las cuentas para que cuadren. Eso sí, después de acatar la limosna en especie de la deuda histórica y un modelo de financiación alejadísimo al criterio lógico de las competencias asumidas. Pero el símbolo de su eficiente “tecnocratismo” fue el nombramiento de Rosa Aguilar como Consejera. He sostenido siempre que la exalcaldesa de Córdoba no fue una tránsfuga. Hizo lo indecible para que la echaran del partido. No pagó sus cuotas. Programó la campaña por su cuenta. Votó a una senadora socialista. Sonreía en las fotos con Castillejo y Rafael Gómez. Confesó que su modelo político era el centrismo de Suárez… Pero el partido la necesitaba mucho más que ella al partido. Y le perdonó los desmanes que no perdonó a miserables concejales de pueblo. La fuga de Chaves le abrió las puertas para tomar aire. Y de paso se llevó consigo a una asesora del Partido Popular. A otra funcionaria más de la política. Consolidando así los perfiles “tecnocráticos” del régimen socialista andaluz. Idéntica conducta a la manifestada por el PP madrileño elegiendo a Rato como presidente de CajaMadrid.

Lo peor de toda esta podredumbre es su aprobación social por asentimiento. Por silencio positivo. La gente descreída afirma que prefiere votar a las personas antes que a los partidos. Y así nos va. Pero al menos con Bismarck y Franco los funcionarios eran funcionarios. Ahora son políticos profesionales. Griñán, superando a Weber y a Amando de Miguel, sí que ha creado un nuevo concepto para la moderna ciencia política: el “liderazgo funcionarial de los políticos”. El griñanato.

Un comentario

  1. tránsfuga.

    (Del lat. transfŭga).

    1. com. Persona que pasa de una ideología o colectividad a otra.

    2. com. Persona que con un cargo público no abandona este al separarse del partido que lo presentó como candidato.

    3. com. Militar que cambia de bando en tiempo de conflicto.

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