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El estallido de la crisis de la globalización en 2007 ha acabado con las condiciones materiales que hicieron posible el pacto entre la derecha democrática y la socialdemocracia

Crisis global y crisis de la socialdemocracia: el estallido (4)

arboles curvos

El estallido de la crisis de la globalización en 2007 ha borrado los últimos vestigios del mundo que afloró después de la segunda guerra mundial y ha acabado con las condiciones materiales que hicieron posible el pacto entre la derecha democrática y la socialdemocracia:

1. La crisis del 2007 significa el final del espejismo del crecimiento continuo. Es más, es el fracaso de un método de crecimiento basado en la expansión de la demanda mediante la generación de agregados monetarios creados por los operadores financieros sin control alguno por los estados, en mercados globales desregulados.

El fin de la ficción de este método ha implicado múltiples consecuencias tal como una nueva distribución de la riqueza mucho más injusta; también la depreciación generalizada de los activos con el consiguiente efecto pobreza; ha dejado al descubierto una oferta sobredimensionada; ha impulsado una nueva distribución funcional y territorial del sistema económico, en el que domina el capital financiero y los estados acreedores con fuertes déficits democráticos (lo que les permite tanto una mayor explotación de la mano de obra como no hacer frente a las externalidades negativas que provoca su desarrollismo) y, sobre todo, ha provocado un horizonte de estancamiento que recuerda los modelos que apuntaron los clásicos acerca del estado estacionario de la economía.

2. También significa la constatación de que los estados ya no son el ámbito desde el que se toman las decisiones económicas determinantes por parte de los representantes de la ciudadanía. El equilibrio entre mercado y poder público conseguido en la Europa de la segunda mitad del siglo XX se ha roto definitivamente. Esta ruptura afecta a múltiples aspectos básicos:

a)      El estado no incide sustancialmente en el circuito económico. Son, por el contrario, las decisiones de los mercados globales las que inciden sobre las decisiones económicas, políticas y sociales de los estados.

b)      El estado está viendo reducida su capacidad para hacer efectiva la redistribución secundaria de la renta, tanto por el lado de sus ingresos como de sus gastos. Es decir, para redistribuir rentas el estado necesita aplicar también la progresividad fiscal a las rentas de capital que se generen realmente en su territorio de forma que contribuyan a aportar los recursos suficientes para garantizar las prestaciones gratuitas y universales de las necesidades vitales de la ciudadanía. Este es el núcleo del estado social. Pero ya vimos que las rentas del capital eluden con toda facilidad el control de los estados. Es más, incluso la propia viabilidad financiera de los estados está actualmente cuestionada.

c)      La ruptura del equilibrio incide también en la materialidad del sistema democrático cuyos representantes carecen de margen real de decisión frente a la dinámica que imponen los mercados. Así, la democracia tiende a convertirse en un ritual sin contenido que irrita a los votantes que empiezan a percibir con claridad la impotencia de las instituciones elegidas frente a la las decisiones de los poderes sin nombre.

3. El trabajo ha perdido gran parte de la posición central que ocupaba en el capitalismo industrial y, por consiguiente, los sindicatos también han perdido su funcionalidad tradicional. El crecimiento del paro masivo y estructural, la contratación temporal, la volatilidad del empleo, el aumento de los autónomos, la desconcentración del lugar de trabajo, el trabajo off time o el teletrabajo, están reestructurando por completo las relaciones laborales que están mutando hacia unas relaciones muy superficiales que hacen difícil una reacción orgánica en este contexto de falta de seguridad sobre el puesto de trabajo. Como afirma Ignacio Sotelo, la desarticulación del mundo del trabajo elimina de raíz las clases sociales que surgieron con la revolución industrial y comporta una fragmentación creciente de la sociedad. Los asalariados, que incluyen a un buen número de parados, no forman ya un bloque unido, sino que los segmentos resultantes tienden a desarrollar culturas diferentes, con una divergencia creciente en el comportamiento electoral. El estado y los sindicatos ya no son suficientes para equilibrar la distribución primaria de la renta (retribuciones del capital y el trabajo). También esta característica afecta al funcionamiento mismo de la democracia ya que sin derecho efectivo al trabajo no hay derecho real a la ciudadanía: trabajo precario implica ciudadanía precaria.

4. El capital financiero internacional marca la agenda y no parece dispuesto, por ahora, a consensuar la salida a la crisis. La situación tendencial de disminución del excedente social, la ausencia de un cuestionamiento generalizado del sistema y la falta de arraigo territorial del propio capital financiero parece que están en el origen de la elección de una salida “dura” de la crisis alejada de cualquier perspectiva de consenso. Sólo así se explica la falta de acuerdos internacionales para reformar el sistema monetario, financiero y comercial a pesar de iniciativas como el G20. Estamos pues en las antípodas de la estrategia y de los interlocutores que actuaron para reconstruir el mundo de después de la segunda guerra mundial. El capitalismo está, por primera vez, amenazado por sus propias contradicciones y no por fuerzas sociales (por ahora). La socialdemocracia ya no es necesaria para frenar la revolución que había triunfado en media Europa durante el siglo XX. La estrategia de hacer recaer toda la crisis sobre los sectores sociales más débiles pone en peligro, también desde esta perspectiva, a la propia democracia que no puede funcionar sin un marco de consenso mínimo para la distribución del excedente social que proporcione ciertos niveles de seguridad colectiva.

La crisis global ha dado paso a una nueva época dominada por la escasez, la crisis del estado y de las relaciones laborales. El modelo de amortiguamiento de las desigualdades existentes está desapareciendo. Hemos comenzado una transición que está siendo liderada por el capital financiero que es el único que parece tener una hoja de ruta aunque nos conduzca a la inestabilidad permanente, al conflicto y al socavamiento de la democracia. La socialdemocracia está a la defensiva porque sus presupuestos son inviables en esta nueva realidad social y no se atreve a afrontar un cambio radical por miedo a perder más electorado que sigue aún reconociéndola como la opción hegemónica de la izquierda, pero es incapaz de ofrecer una estrategia de cambio.

Sin embargo, para evitar acercarnos más a la barbarie es imprescindible renovar el marco cognitivo dominante en la izquierda y las mismas bases culturales y políticas que se generaron en la época del desarrollismo para dar respuesta a esta nueva realidad social. Una de las funciones de P36 es contribuir a precisamente a este cambio. En las siguiente parte abordaremos algunas propuestas en este sentido.

Un comentario

  1. Primavera andaluza

    Sí, y CRISIS DE LA SOCALDEMOCRACIA LOCAL:

    OTRO TRISTE 28-F

    La dignidad de los andaluces exige la creación en Andalucía de un pueblo consciente y capacitado; exige el concluir de una vez, sea como sea, con los caciques y sus protectores los oligarcas; hay que evitar continúe siendo Andalucía el país del hambre y de la incultura, LA TIERRA MÁS ALEGRE DE LOS HOMBRES MÁS TRISTES DEL MUNDO. Ronda 1917, Manifiesto de convocatoria a la asamblea andaluza

    Es triste tener que darle vueltas a lo mismo cada año. Los elementos no cambian, y por eso, una y otra vez, de modo cansino, tenemos que explicar que no, que el 28 de Febrero no tiene «el espíritu festivo» del que habla en su declaración institucional el Gobierno de la Junta de Andalucía, que para los andaluces el recuerdo de aquel día es triste, muy triste.

    Los andaluces lamentamos que después de treinta y tantos años de autonomía nuestros grandes problemas sigan siendo los mismos, y que en definitiva, esa conquista haya quedado en algo peor que nada.
    El PSOE -al que le colgaron una A por si colaba… y vaya si coló- se ha mimetizado con la Junta de Andalucía, hasta el punto de que su mala, pésima, dolorosamente negativa gestión, ha provocado que algunos andaluces están a día de hoy convencidos de que es mejor reclamar la vuelta al pernicioso centralismo madrileño.

    Cartel institucional con el que la Junta nos instaba a votar SI, aquel 28-F, para que pudieramos «volver a escribir nuestra historia».

    ¿Desde la Junta de Andalucía, gobernada por españolazos se ha cumplido esa promesa…?, Más bien no, una mentira más de las millones de mentiras de estos años de Gobierno psoe-españolismo.

    A quienes nos duele Andalucía, nos duelen todos y cada uno de sus pueblos y ciudades, y nos duele que se tenga machacada a Almería, a la que se ha ahogado su empuje, pero también nos duele que los jornaleros de la campiña sevillana sigan al albur de si el marquesito abre las puertas de la finca para que trabajen o no, y nos duelen los engaños a los obreros gaditanos, y nos duele cada olivo que arrancan en Jaén, y nos duele, y nos duele, y nos duele.

    El 28 de febrero se convertido en el día de los reconocimientos ilustres, como por ejemplo a la Duquesa de Alba… por su gran aportación al panorama cómico español, a Alfonso Guerra, ese histrión culiparlante que igual insulta a Andalucía que critica el Estatuto de Cataluña pero luego vota a favor, a… en fin, mejor no seguir, pero invitaría a que todos aquellos que han recibido esas medallas con total merecimiento, las devolvieran por estar manchadas de indignidad. Afortunadamente a Carlos Cano nunca se la concedieron y así no se vió en la tesitura de rechazarla.

    Es patético leer en esa declaración institucional que «corresponde a la propia sociedad andaluza reconocer su historia reciente como ejemplo de superación para un tiempo donde, la conquista de una identidad propia para Andalucía, deja paso como reto al hallazgo de un modelo económico sólido, capaz de sobreponerse a la zozobra que siembra la crisis en el mercado de trabajo». Con dos cojones, ole.
    ¡Qué tendrá que ver la crisis económica con la identidad andaluza y la búsqueda de un modelo económico!.

    Obviamente sólo desde la más burda ignorancia se puede hablar de «la conquista de una identidad propia»… Andalucía tiene identidad propia desde que el Mundo es Mundo, desde Tartessos, desde Los Millares, desde que mandó emperadores a Roma, desde que su cultura la hizo depender del Senado directamente, desde que en la alcazaba que se miraba en el mar lució por primera vez su actual bandera, desde que en 1883 tuvimos nuestra propia Constitución del Estado Federal de Andalucía, desde que Blas Infante sintetizó nuestra historia cultural y política, desde que aquel golpe de Estado nos dejó a un paso de aprobar nuestro estatuto autonómico en la II República como hicieron los catalanes, desde que nos levantamos un 4 de diciembre pidiendo «Libertad, amnistía y estatuto de autonomía»…

    No necesitamos conquistar lo que ya tenemos, identidad, y lo triste es que el 28 de Febrero los colegios no lo dediquen a hablar de Andalucía, de su historia, de su cultura, de identidad, y se reduzca a hacer una fiesta -muy verdiblanca ella, eso sí- y a competiciones deportivas… o a dar el «desayuno andaluz» y no expliquen porqué es andaluz.
    Sí, parece una tontería, pero es otro de esos detalles que marcan el trasfondo de lo que han supuesto de regresión estos treinta años de Régimen. Les dicen a los niños que por la dieta mediterránea… cereales, aceita y tomate… vaya, que bién. Pero no es así. Eran los jornaleros andaluces quienes se llevaban al campo el pan, y como se ponía duro e indigerible, le restregaban un tomate y un chorreón de oro verde para poder tragarlo. Luego tuvieron que emigrar a Cataluña y se convirtió en el pa amb tòmaquet, es decir, el pantumaca que el Gobierno catalán obliga a incluir en la carta de todos los hoteles como «desayuno nacional».

    Pero perderse en todas estas historias identitarias sólo tiene un fin, y es dejar en evidencia el absoluto desconocimiento que tienen nuestras autoridades del pueblo al que dicen representar, que no es otro que quien pone los billetes que ellos cobran. Por cierto, desolador echar un vistazo a la web de la Junta de Andalucía en la que se habla de nuestros símbolos… el desconocimiento de su origen, o la deliberada ausencia de datos es como para pedir responsabilidades políticas.

    Insisto, alguien dirá que todo esto no tiene gran importancia, pero creo que sí, porque demuestra el nulo respeto que nos tienen, y sin ese respeto es imposible que avancemos. Si los políticos de Almería sólo aspiran a colocarse en Sevilla o Madrid, y si los de Andalucía sólo aspiran a mantener caliente su cuenta corriente ya les pague la Junta o las Cortes Generales, pues la verdad, siempre seremos los últimos.
    Así, perdieron casi cuatro años debatiendo un nuevo Estatuto absolutamente innecesario para los andaluces, pero que venía muy bien para justificar las estrategias políticas en Cataluña y a nivel estatal. Y en ese Estatuto aprobado por PSOE, PP e IU, se deja claro nuevamente -ya lo ponía el anterior- que Andalucía es una «nacionalidad histórica» y que ese texto era fruto de nuestra «realidad nacional»… y eso lo aprobaron ellos, los tres mismos que hablan en su formaciones de «comité regional», «ejecutiva regional», «coordinador regional»… cuando ellos mismos dijeron que no somos una región (según la Constitución, o se es región o se es nacionalidad).

    Pues nada, ale, con vuestro pan os comais este 28F, a disfrutarlo, que pagamos nosotros, los de siempre, que paga Andalucía.

    Andalucía, 23 de febrero de 2.012

    Rafael M. Martos

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