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El año de las reivindicaciones

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Jorge Fernández Bustos

Año agitado, afirmo, el 2010. La tierra tiembla y se despereza; los cielos se caen a pedazos, como temía el jefe del poblado galo; Eolo se desmelena.

Pero también el hombre pone su grano de arena. Conflictos y más conflictos. Abusos y más abusos. Crisis, qué crisis. El lobo esconde las orejas ante la presencia del hombre. La hiena es el animal más parecido a nosotros. Pero la hiena no tiene culpa de ser una hiena. El hombre sí es culpable de ser carroñero, sanguijuela, parásito.

Vanessa, una amiga chilena, se avergüenza de su país. Y, con ella, todo su red social del Facebook. Los saqueos, el toque de queda, la muerte tras la muerte (una madre con su hija murieron aplastadas por sacos de harina en un descontrolado saqueo -perdonen la redundancia).

Escribe Vanessa: “Como en los peores tiempos de la historia de Chile pero esta vez con razones y objetivos válidos: milicos a las calles y a balazo limpio a todos los flaites que comen plasmas y secadoras. Pais tercermundista, rasca y tonguero….me quiero iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir”.

Susana comenta: “Después del terremoto salieron más ratas…”.

Ayer estuve en un acto a favor del pueblo Saharaui en el que actuó gentilmente Enrique Morente. Es otra nación orillada (léase humillada) desde la infeliz Marcha Verde (6 de noviembre de 1975).

Es un pueblo árabe y musulmán, nómada y africano, con dos grandes características: es el único que habla español en todo el continente y sus mujeres tienen un protagonismo tangible en la vida política y en la lucha por la libertad (que casi es más importante que la independencia).

Piden nuestro apoyo. Es una causa justa. Llevan 35 años como refugiados. Quieren que los veamos como los hermanos que eran, como los hermanos que son, y que no le hagamos la cama al opresor marroquí, ni le riamos las gracias al rey (que parece se come los mocos con el nuestro.)

En estos días habrá manifestaciones y otras actividades en apoyo de los saharahuis.

Morente, como siempre, estuvo genial. Rescató de su discografía canciones de Miguel Hernández, reivindicando su nombre en el centenario de su nacimiento, y, con él, a todos los oprimidos. de su disco Homenaje a Miguel Hernández (1971) hizo el romance Sentado sobre los muertos y las Nanas de la cebolla; y de Despegando (1977) bordó las bulerías Compañero, correspondiente a la Elegía a Ramón Sijé.

El maestro terminó por alegrías. A la guitarra un tremendo Juan Habichuela nieto, tocaor completísimo e integrado a la perfección con Enrique (como si fuera otro de los legados de su abuelo).

Dos cosas para terminar. El Aula Máxima de la Facultad de medicina estaba rebosando de gente joven y entusiasta. Y, en segundo lugar, qué bien queda el grito agudo y trino, típico de la mujer saharahui, al final de la actuación.

* En la Foto, Miguel Hernández y Josefina, su esposa.

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