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El perrito del ébola y Burt Lancaster

Miles de personas se han movilizado para que no se sacrifique al perrito de la sanitaria infestada de ébola. No hay ninguna razón científica, sino lo contrario, que avale tal peligro y tal medida, no. Lo quieren matar por que si acaso, como se hace con los trastos y las cosas no valiosas en cuanto hay el menor indicio de problema, es lo que hemos hecho desde hace mucho tiempo con los animales. La buena noticia es que esto ya no es posible en una sociedad que cada día estima más los derechos de los animales y los considera bienes valioso en sí mismos. Una sociedad que es más compasiva

excalibur

Nadie por ello está colocando la vida de los animales no humanos sobre la de los animales humanos, porque tal disyuntiva en general no existe. Mas bien existe la contraria; solo si protegemos la vida de los animales no humanos (biodiversidad y bienestar) podemos proteger la vida humana. Pero ya hay quien ridiculiza o se escandaliza de algo, la movilización, que ha sido lo único bueno que ha traído esta crisis sanitaria.

En una memorable película (“El hombre de Alcatraz”) Burt Lancaster es un preso condenado a cadena perpetua que en la soledad absoluta de la celda hace amistad con un pájaro, al fin y al cabo no podía hacerlo con nadie más. Esta amistad le llevó al estudio científico de los pájaros y llego a convertirse en un eminente ornitólogo. Los pájaros humanizaron a un asesino que la sociedad, los animales humanos, habían fabricado. ¿No somos todos presos del Alcatraz capitalistas?

El amor a los animales es también, junto con la empatía natural, un síntoma de la soledad  en la que el capitalismo nos ha sumido, pero lejos de ser un efecto indeseado es por el contrario un signo de rebelión, de humanización, un luz en en medio del túnel.

Un revolucionario debe ver la realidad como el clínico al cuerpo, con el máximo rigor científico pero buscando en los signos de la enfermedad las posibilidades de la curación. Y en la movilización por el perrito del ébola están a la par los signos de la alienación (el aislamiento individualista) y las potencialidades del cambio (la fraternidad más allá de los muros de la especie). Y curiosidades de la historia, el perrito se llama “excalibur”,  como la espada prisionera cuya liberación nos asistiría de la fuerza necesaria para luchar contra el mal. No matéis a excalibur.