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NOSOTRAS: FEMENINO PLURAL

Pilar Távora

Hace ya muchos años, cuando aún el término feminista era diabólico, extremista y rechazado por una gran mayoría de hombres y mujeres (víctimas de la educación y la sociedad patriarcal), realicé un documental titulado “Nosotras, femenino plural”. La mayor parte de lo que allí se exponía, se podría seguir exponiendo ahora sin perder actualidad.

Esta Huelga global de mujeres del 8M es una huelga en “femenino plural” , transversal, de mujeres plurales, de diversas reivindicaciones, casi ninguna nueva. La mayoría vienen arrastrándose desde hace décadas y otras desde hace siglos.

Las mujeres, ante esta realidad, tenemos que plantar cara, firme y sin titubeos, a este orden patriarcal, a esta sociedad hecha a medida del Hombre, capitalista, machista, destructora del planeta, de sus recursos naturales, destructora de la vida y creadora de un mundo desequilibrado y de insostenible desigualdad entre hombres y mujeres.

En aquel trabajo documental ya decíamos que si las mujeres dejaran de hacer su trabajo – incluido el doméstico, tan poco valorado y no remunerado – el mundo sería un caos e insostenible económicamente.

Por ello, el 8M no puede ser un batiburrillo de lemas envueltos en luces de neón ni un día en el calendario en el que felicitarnos. La violencia machista, la brecha salarial, la desvalorización de los cuidados de los que se encargan las mujeres, la explotación y el abuso sexual y un largo etcétera estarán en las calles del mundo este día de reivindicación símbolo de una larga lucha.

Siglos de marginación, de sumisiones forzadas, de incomprensión, de desprecio, de humillaciones, de ocupar, como en el cine, los papeles secundarios y “de pequeñas partes”, no pueden convertirse en una celebración “con flores a María” porque incluso María sufrió pasar a la historia como quisieron los hombres, protagonistas también de todas las religiones para los que las mujeres o eran putas arrepentidas, hermanas de, hijas de o madres inmaculadas.

Los ecos de las escarchas de todo el tiempo pasado y las mujeres que en él enterraron sus deseos y sus frustradas aspiraciones, siguen llegándonos y estarán junto a nosotras el día 8. Nuestras abuelas, bisabuelas, tatarabuelas viven en nosotros y tenemos que hablar por ellas, gritar su dolor junto al nuestro y ponerle voz al silencio al que las condenaron durante miles de años y al que nos quieren seguir condenando con métodos más sútiles… “Hay cosas encerradas detrás de los muros que no pueden cambiar porque nadie las oye, pero que si salieran de pronto y gritaran, llenarían el mundo” nos decía una Yerma que no se resignaba.

Hay millones de razones para salir a la calle y convocar una huelga global de mujeres, tantas como las mordazas de los millones de niñas explotadas sexualmente, abusadas sexualmente por extraños y propios. Yo las he conocido, nos son datos, tienen nombre y dolor. Fueron y son abusadas por sus padres, sus hermanos, sus tíos, sus abuelos desde pequeñas, durante años, presas del miedo y del silencio… aquí no hay clase social que valga, aquí solo hay un común denominador: la violencia machista, la barbarie machista, la que también sigue matando, asesinando a sus propias compañeras porque no permiten que sean libres. Medea es casi un cuento de hadas al lado de lo que estamos viviendo. Millones de violaciones, de ablaciones, de prostitutas forzadas por el hambre y la pobreza que se ceba también con las mujeres como se ceba con ellas, con nosotras, el paro, la exclusión, la desigualdad de salarios…

Los datos son para las estadísticas y sirven para leerlos y valorarlos pero no cambian la realidad. La realidad hay que cambiarla desde un convencimiento simple, sencillo y parece que nada fácil de poner en práctica: el de que hombres y mujeres somos iguales, seres humanos que comparten un mismo planeta que también es maltratado por los que lo dirigen. No quiero pensar que el maltrato sea una seña de identidad masculina. Me niego a pensarlo pero necesitamos señales claras para convencernos de que no lo es.

La situación actual de las mujeres en el mundo exige reflexión. Reflexión de hombres y mujeres juntos. Sería lo deseable porque no hay vuelta atrás, ninguna. Las conquistas de las mujeres no tienen vuelta atrás, como no la tiene la lucha incansable, admirable, anónima o no de millones de mujeres del mundo que dicen “basta” y que nunca tuvieron complejo ni miedo de luchar desde sus trincheras sociales y privadas y de ser feministas. El feminismo – sigue siendo término demonizado- ha sido una revolución pacífica. No por casualidad es la revolución de las mujeres que hasta en la lucha hemos tendido la mano al otro, no para atravesarlo con la espada sino para incorporarlo a nuestro camino…

Si las mujeres no avanzan, el mundo no avanza, si las mujeres no participan, el mundo está huérfano, desamparado y desequilibrado. La labor de las mujeres desde el principio de los tiempos ha sostenido al mundo, lo han cargado, incluso, sobre sus espaldas y ya estamos cansadas de soportar ese peso, de ser ocultadas, ignoradas, maltratadas, sumisas, complacientes, de ser hermanas de, hijas de, madres de… cansadas de paternalismo de seguir teniendo que asumir el trabajo doméstico y el profesional, de tener que optar por los peores puesto y peor remunerados, de que no pertenezcamos a ninguna generación de la historia, de ser una minoría en los cargos directivos, en la cultura, en la política, en la toma de decisiones en un mundo en el que somos más de la mitad, de estar siempre al borde del abismo desde el que se nos empuja cuando quiere esta sociedad patriarcal, machista y capitalista. Estamos cansadas y queremos ser “Nosotras, femenino plural” y gritar y que nos oigan y llenar el mundo con esas voces encerradas detrás de los muros para que Yerma descanse en paz.

Por todo ello y por mucho más no convirtamos el 8M en un spot publicitario, en una obligada muestra de solidaridad con las mujeres desde las instituciones y medios de comunicación que seguirán discriminando al día siguiente. No nos dejemos engañar con artificios. Exijamos realidades, hechos y no palabras y pidamos a los hombres que nos miren a la cara, que no nos esquiven la mirada y que comiencen a entender que este mundo es de todos y que la igualdad es un derecho, -ni una limosna, ni una concesión- y que no vamos a pedir perdón por exigir lo que nos corresponde. Este 8M hay que visibilizar la importancia del trabajo femenino, remunerado o no y dejar claro que no estamos dispuestas a seguir así.

Por ello, desde esta tierra mía, mi país andaluz, mi Matria andaluza, generosa como sus mujeres, trabajadoras: sus jornaleras, sus artistas, sus empresarias, sus Kellys, sus trabajadoras sanitarias, sus educadoras, sus empleadas de hogar, sus limpiadoras, sus inmigrantes, sus científicas, sus escritoras, sus diseñadoras, sus pintoras, sus periodistas, sus poetisas, sus artesanas, sus flamencas, sus estudiantes, sus deportistas… Desde esta Andalucía y sus horizontes de esperanza y luz y en solidaridad con las mujeres de la humanidad, nos sumamos a la huelga del 8 de Marzo, uniendo nuestras voces a todas las voces de las mujeres del mundo. Llamamos a la lucha a las mujeres de todas las razas y colores, de todas las creencias religiosas, a seguir la revolución sin pausa, a conquistar lo que es nuestro, a cambiar los esquemas educativos, culturales y sociales. Llamamos a las “mujeres sin miedo” a seguir en la trinchera avanzando metro a metro, centímetro a centímetro, pero avanzando siempre sin ningún tipo de complejo ni de dudas… diga el mundo masculino lo que diga porque el mundo también es nuestro, de “ nosotras, femenino plural”.

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