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Otro frente más. El arte de razonar o el aceite como síntoma

Ángel Duarte Montserrat / El editorial que ayer mismo Paralelo 36 dedicaba a la noticia de la marcha atrás de Bruselas en relación al plan de lucha contra el fraude en el sector oleícola nos informaba de lo esencial del renuncio comunitario y fijaba un criterio claro de rechazo al mismo. No quería, en este nota de urgencia, incidir en esos argumentos. Más bien quería aprovechar esta página para reflexionar en voz alta a propósito de las numerosas reacciones que se produjeron en las redes sociales, incluyendo aquellas que están vinculadas a periódicos de referencia en el ámbito español –me refiero, para concretar, a Eskup la red de El País. Me parece pertinente hacerlo no tanto porque dichas redes sean una expresión acabada de la opinión pública ante este tipo de noticias como, eso sí que deberíamos admitirlo, un síntoma de algunos males socio-culturales que constituyen un frente abierto para la izquierda, el de las hegemonías culturales. En cuanto a formas y a contenidos. A su manera, lo decía Roberto Saviano –con un Fuera matones de nuestro Twitter-, en el mismo periódico aludido y al día siguiente de los hechos que les refiero. Un frente, el de las redes sociales, en el que la izquierda debería combatir y, por lo demás, hacerlo de manera intensa, abierta, franca y, si conviene, dura.

El arte de razonar

Para simplificar, las respuestas mayoritarias entre las primeras, las que marcaban el tono de esos foros, eran del porte de: “¡Vaya chorradas a las que se dedican los políticos: a las aceiteras!”, “Para esto sirve Bruselas y su burocracia, para esto sirve Europa”, “Con la que está cayendo y perder el tiempo con  estas majaderías”. Rechazo a la política, entendida como gestión de los intereses del común; abominación de Europa –no la de Maastrich, sino de toda ella-; insolencia y simpleza que quieren pasar por frescura en el análisis de los problemas de nuestro tiempo, de nuestra gente… o, mejor, de los que fueron los nuestros pero ahora, como están algo más al sur y están sobradamente subvencionados, se han convertido en una rémora. Paradójicamente, o quizás no tanto teniendo en cuenta lo epidérmico de la cultura política crítica en nuestra sociedad, esas objeciones salerosas a la tímida reacción de nuestras autoridades frente a lo que es una agresión de las grandes corporaciones de distribución de aceite en el centro y norte del continente se teñían, a veces, de un ecologismo de cartón piedra y obviaban cualquier consideración para con la protección al consumidor, o al productor responsable e innovador.

A lo que iba, este género de intransigencia basada en tópicos, usual en estas circunstancias, no es un síntoma menor del raquitismo de nuestra cultura política. De la debilidad, si me permiten arrimar un tanto el ascua a la sardina que mejor me sabe, del republicanismo. La prevalencia del bien común como objetivo a alcanzar por parte de una sociedad justa; el orientar nuestros apoyos y nuestros rechazos, individuales y colectivos, objetando toda forma de dominación; el atender a las conveniencias de los grupos de vulnerabilidad; el favorecer a quienes están haciendo posible, en este caso, una gestión más racional de los recursos en el mercado de productos alimenticios,… todo ello parece ausente. O, en cualquier caso, en condiciones de debilidad frente al tópico, el lugar común, el prejuicio.

Esta es una nota, en suma, para llamar a la izquierda transformadora a no echar en el olvido algo que ya sabe: la necesidad de hacer notar al ciudadano y a la ciudadana que sin saberes, y a pesar de lo que crean, no son libres y que, por el contrario, pueden ser colaboradores activos, muy activos, de procesos y lógicas de dominación, de avaladores de la imposición del fuerte sobre el débil. También la precisión de que el arte de razonar es condición sine qua non para la creación de un espacio deliberativo que sea operativo, justo,… republicano.

Ya lo dijo, hace años, alguien tan consistentemente republicano como Thomas Jefferson: “en una nación republicana, cuyos ciudadanos han de ser guiados por la razón y la persuasión, y no por la fuerza, el arte de razonar es de importancia capital”.

Ese es un frente para la izquierda nada menor: el del combate por la extensión del arte de razonar.

 

2 Comentarios

  1. Se advierte una diferencia generacional ligada a una orientación social si atendemos sus posturas: los más tradicionales optan por la derecha; los más jóvenes por la izquierda; los que están entre la crítica y el hecho social prefieren anular su voto. Veamos cada una de las alternativas, con una muestra apenas representativa de las tres alternativas.

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