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¿Pacto por Andalucía?

Mario Ortega | Comenzaremos por el final. Sí, desde luego, Pacto por Andalucía SÍ.

Pero por Andalucía, no para gloria del principal actor del gobierno andaluz, y mucho menos para darle aire a la derecha andaluza que connive abiertamente con las políticas neoliberales y nacionacatólicas del gobierno centralista del Partido Popular.

Andalucía en su conjunto se encuentra al borde de la quiebra social, gran parte de la población, familias y empresas, ya ha quebrado de facto y malviven o sobreviven sustentados por la solidaridad social y familiar y ciertos amortiguadores aguantados por el gobierno autonómico.

Vivimos una situación de resistencia en la que el punto de ruptura colectiva puede saltar en cualquier momento. No queremos que eso ocurra.

En una situación socioeconómica donde soportamos la tasa de desempleo más alta de Europa, en la que vivimos la diáspora de la juventud, el drama de los desahucios, el retroceso manifiesto en políticas sociales y derechos civiles, la desactivación de las políticas de género, y el freno a la actividad empresarial y productiva, ¿va a pactar el gobierno andaluz con los agentes que representan y han representado en Andalucía al poder de los mercados y las grandes finanzas? ¿ va a pactar el gobierno andaluz con quienes representan e imponen políticas rececentralizadoras para sacar de Andalucía los espacios de poder ciudadano y controlarlos de modo absolutista? Los pasos que está dando Griñan entrevistándose con Zoido contradicen sus primeras afirmaciones de que el pacto debía surgir de la sociedad civil organizada.

Las primeras noticias son muy desesperanzadoras, e inducen a pensar que el presidente del gobierno andaluz flirtea con el PP andaluz, ¿regate en corto?, para no provocar más tensiones sobre las posiciones internas de Rubalcaba, ¿pase largo?.

Ni al Partido Popular ni a las posiciones internas centralistas de partidos políticos de ámbito estatal le interesa el empoderamiento de Andalucía. A la derecha, porque sabe que pondría en riesgo su hegemonía ideológica reaccionaria española, y al resto porque saben que un frente social andaluz condiciona los espacios de decisión política y fomenta la equidad. Es una cuestión, por el lado de la derecha, de poner freno a los valores de izquierdas sobre los que se construyó en la transición la institucionalidad andaluza, y por otro, el riesgo de subsistencia de posiciones políticas que no reconocen la diversidad socioeconómica, cultural e identitaria del Estado y su repercusión en el bienestar de la gente.

La clave es el vínculo entre territorio, ciudadanía, competencias de las instituciones de gobierno y resolución de conflictos de intereses. Vivimos diáfanamente una confrontación de intereses entre los del capital y sus dueños y los de las clases populares, los y las profesionales cualificados, las y los autónomos, las pymes y las empresas de anclaje andaluz.

En este contexto en el que el poder financiero se está quedando con todo y destruyendo los derechos sociales y económicos, así como su condición de posibilidad que es la democracia, ¿puede el gobierno andaluz sentar en la misma mesa a quienes gozan de la opulencia y a quienes sufren la degradación vital?

¿Podemos aceptar un pacto en el que se encuentren agentes económicos y políticos que han apostado y siguen apostando por la pérdida de derechos laborales? ¿Podemos en Andalucía poner la otra mejilla y pactar con quienes han obligado a despedir 4.500 interinos? ¿Podemos pactar con quienes han tratado presupuestariamente a Andalucía con desprecio y discriminación? ¿Podemos pactar con quienes no reconocen la Disposición Adicional Tercera de nuestro Estatuto? ¿Podemos pactar con quienes están destruyendo las políticas de solidaridad social, de igualdad, y de atención a mayores y dependientes? ¿Podemos pactar con quines han desactivado el vínculo entre entidades financieras públicas, territorio, población e instituciones? ¿Podemos pactar con quienes han impuesto el pago por medicamentos a la población jubilada, con quienes han reducido las becas de estudios en todos los niveles, con quienes legislan tasas judiciales abusivas, con quienes privilegian a la jerarquía eclesial y cargan la fiscalidad sobre la necesidad? No.

Frente a este democráticamente insano juego del PSOE andaluz liderado por Griñán, y ante la celebración del Día de Andalucía el próximo 28 de febrero, convendría cuanto antes un desmarque de las organizaciones sociales, un denuncia de la hipocresía de la política basura, y un aviso directo de que ese día será un día para la reivindicación y la contraofensiva de la base social de la izquierda andaluza.

Pacto por Andalucía SÍ, de la sociedad civil organizada, contra los recortes y en demanda de más capacidad de autogobierno y una reforma federal de la Constitución que permita a Andalucía ser dueña de su futuro socioeconómico y rompa las ataduras que impiden que nuestro actual gobierno dependa directamente de las políticas reaccionarias del gobierno central.

El 25 de marzo de 2012 el pueblo andaluz otorgó una mayoría muy amplia a la izquierda, las movilizaciones sociales y huelgas convocadas por la Plataforma de Organizaciones Sociales por el Progreso de Andalucía han sido muy contundentes. Griñan no puede intentar dilapidar este capital hegemónico de progreso para contentar al sector más liberal y centralista de su partido.

El 28F el pueblo andaluz necesita una masiva movilización unitaria de la izquierda social y política que demande más poder andaluz contra los recortes.

@marioortega

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