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La economía mundial en 2022. Un balance

Rafa Rodríguez

  1. EN LA TERCERA FASE EN LA CRISIS DE LA GLOBALIZACIÓN

a) El marco: la globalización y la crisis de la globalización

La globalización ha sido el proyecto político de las élites económicas aliadas con EE.UU. para la reconfiguración del capitalismo, construido a lo largo de cuatro décadas desde los años 70, con el objetivo general de organizar un nuevo orden mundial, con exclusión de la fuerza, en un mercado planetario único y jerarquizado sobre la hegemonía del neoliberalismo, cuyo paradigma es mercado e individuo frente a Estado y sociedad, que ha generado un cambio antropológico.

La crisis de la globalización, que se inició en 2008 y que se acentuó en 2020 con la pandemia, ha acelerado su dinámica este año, tras la invasión y guerra de Ucrania, constituyendo una tercera fase en el proceso de desglobalización limitada pero traumática, con la desestructuración de las cadenas de producción globales, el alza de la inflación, el fin de las políticas monetarias expansivas de los bancos centrales, el aumento de los niveles de endeudamiento y la desaceleración del crecimiento.

Las consecuencias sociales están provocando el incremento de la desigualdad, el encarecimiento de los productos y servicios y un empeoramiento de las condiciones de vida de la ciudadanía, sobre todo de los segmentos más vulnerables (mujeres, jóvenes, migrantes o parados de larga duración), y de la población en general de los Estados más débiles.

b) Los grandes acontecimientos en 2022

La invasión y la guerra de Ucrania, la continuación de guerras de larga duración en África y Asia, la acentuación de la crisis ecológica y en especial de la emergencia climática, el gobierno de Baden tras su victoria electoral sobre Trump, el ascenso de la izquierda democrática en Latinoamérica, la atenuación del colapso pandémico en el mundo con excepción de la subida exponencial de contagios en China, la tensión entre China y EE.UU. la inestabilidad política en el Reino Unido o la resistencia de las mujeres en Irán y Afganistán, son algunos de los acontecimientos más importantes que han marcado el año 2022.

c) Las consecuencias

Las consecuencias de estos acontecimientos se han expandido por todos los sectores y territorios en términos políticos, económicos, sociales y medioambientales, hasta el punto que podemos hablar de una tercera crisis de la globalización, cuyo factor X es la crisis ecológica, el factor que muchas veces no se ha puesto de manifiesto pero que es la causa más determinante en el fracaso de la globalización como proyecto político de las élites, ya que a diferencia de todas las demás tiene una naturaleza plenamente objetiva y sistémica.

2022 ha acentuado el proceso de desglobalización y el hundimiento del neoliberalismo como alternativa ante los graves problemas a los que se enfrenta la humanidad, como el alza de la inflación, la crisis energética y alimentaria, el bajo crecimiento, el deterioro de los flujos comerciales y las amenazas de una extrema derecha que adopta múltiples formas, así como del fundamentalismo religioso, ya sea islámico, hebreo, cristiano o hindú.

d) Respuestas positivas

También hay que valorar la respuesta en la segunda y tercera fase de la crisis con una renovada valoración de la importancia de la democracia, de los Estados y de las dinámicas de construcción de organizaciones públicas de unión y cooperación entre los Estados, en lo que destaca el nuevo impulso que ha tomado la Unión Europea; la firmeza de los países democráticos en defensa de Ucrania ante la vulneración por Putin de los más elementales principios del derecho internacional; el avance en la sustitución de los combustibles fósiles por energías renovables, la recuperación de la capa de ozono (informe cuatrienal del Grupo de Evaluación Científica del Protocolo de Montreal) o los éxitos de las nuevas vacunas frente a la pandemia.

  1. PROBLEMAS EN LA CADENA GLOBALES DE PRODUCCIÓN Y SUMINISTRO

La pandemia puso de manifiesto la fragilidad de las cadenas globales de valor, uno de los pilares económicos de la globalización a pesar de los enormes impactos medioambientales que estas estructuras provocan, y la invasión de Ucrania ha acentuado la constatación de esta vulnerabilidad.

Precisamente los grandes efectos económicos globales que ha provocado la guerra de Ucrania se deben la interdependencia de las economías mundiales a través de las cadenas de valor.

La desestructuración de las cadenas de producción y suministro a escala global está provocando la ralentización del comercio internacional, contribuyendo a la subida de los precios ya que estas estructuras estaban orientadas precisamente a la reducción de costes como único objetivo.

En nuestro marco político más amplio, la Unión Europea, parece probable que la consecuencia inmediata sea un acortamiento de las cadenas hacia una mayor autonomía estratégica a escala continental, intensificando la dinámica que se inició frente a la pandemia, por la necesidad que los suministros estratégicos procedan de países fiables, con los que se compartan valores básicos en el respeto a los derechos humanos y ecológicos.

  1. INFLACIÓN. SUBIDA DE LOS PRECIOS DE LA ENERGÍA Y DE LOS ALIMENTOS

La crisis ecológica, y en especial el cambio climático con la acumulación de alteraciones de fenómenos físicos extremos, ha superado un umbral crítico e impacta ya de forma directa sobre el conjunto del sistema económico, no de forma local como hasta ahora, sino de forma estructural, en especial, a través de su contribución a la subida de la inflación.

Además, la invasión y guerra de Ucrania, las tensiones entre EE.UU. y China, la desestructuración de las cadenas de producción y suministro a escala global, el aumento del consumo por el ahorro embalsado durante la pandemia y la liquidez que han tenido que proporcionar los bancos centrales para paliar los efectos de la COVID – 19. han generado la subida de la inflación a escala global con unas características nuevas con respecto a anteriores episodios inflacionarios.

Especial gravedad reviste el fuerte repunte del precio de los alimentos, que se han situado en 2022 en el nivel más alto desde el inicio de la serie histórica, en 1990, aunque su inicio es anterior a la guerra. Desde mediados de 2020, los precios globales han aumentado un 75%, por encima de los niveles registrados en 2008 y 2011, que acabaron derivando en importantes crisis alimentarias. La guerra de Ucrania ha representado, en todo caso, un factor determinante para la subida de los alimentos a escala global ya que Ucrania representa cerca del 40% de las exportaciones mundiales de aceites vegetales, sobre todo de girasol, y Rusia ronda por sí sola el 20% de las exportaciones globales de trigo, entre otras materias primas.

También el aumento de la inflación es un escenario propicio para desencadenar operaciones especulativas por parte de los grandes inversores que tienen a su favor la complejidad y desregulación de los mercados de futuro donde se realizan contratos de compra o venta sobre materias, muchas de las cuales están precisamente en el centro de esta crisis como los minerales o los productos agrícolas. También los fabricantes de productos que escasean o los propietarios de servicios de transporte, como los contenedores en los fletes marítimos, están incrementando sus márgenes de beneficios en grandes porcentajes .

Algunos países están sufriendo incluso una inflación por encima del 50% como Zimbabue (339,7%), Venezuela (155,8%) o Líbano (142,4%), Argentina (92,4%), Turquía (85,5%) o Irán (52,2%).

En Europa las consecuencias económicas de la guerra inciden de forma más directa por la cercanía geográfica y comercial. La gran dependencia del gas ruso es el principal problema y, aunque tanto en EE UU (7,1%) como en Europa (9,2%) el alza de precios se ha moderado en noviembre y diciembre, el nivel alcanzado sigue siendo muy elevado.

  1. SUBIDA DE TIPOS DE INTERÉS

Los bancos centrales han respondido ante la escala inflacionaria subiendo los tipos de interés ya que es la medida ortodoxa para controlarla, porque se supone que al subir los tipos de interés se enfriará la inversión y el consumo y bajará la inflación, aunque suponga el enfriamiento de la actividad económica al encarecer el acceso al crédito y provocar la pérdida de poder adquisitivo de las rentas salariales y, por lo tanto, más desigualdad.

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) inició la subida en febrero y le siguieron los bancos centrales de Inglaterra, Canadá, Australia y el Banco Central Europeo. En cualquier caso, la situación del dólar como moneda reserva internacional le otorga un poder especial a EE.UU. para condicionar la economía global, y el tipo de interés que fija la FED es “el número más importante que existe capaz de rearticular la política a nivel mundial” , de forma que los demás bancos centrales se ven arrastrados a seguir sus pautas ante el temor de que haya una huida masiva de capitales hacia EE.UU. De hecho, el euro ha marcado durante este año su mínimo frente al dólar en 20 años ya que, al subir la FED los tipos de interés, los capitales se van a EE.UU. por lo que compran más dólares y la moneda se aprecia sobre las demás.

En diciembre los tipos estaban en EE.UU. en el 4,5%, en Reino Unido en el 3,50% y en la Zona Euro en el 2,50%. En países con una inflación disparada, sus bancos centrales han subido los tipos a unos niveles exorbitantes como Zimbabue (200,00%), Argentina (75,00%) o Venezuela (57,45%).

  1. ENDEUDAMIENTO

La deuda mundial alcanzó la histórica cifra de 235 billones de dólares, el 247% del PIB global, aunque la de las empresas cayó a niveles de 2019 por el fuerte aumento de los beneficios.  El Banco Internacional de Pagos (BIS) ha advertido de que hay 65 billones de euros de deuda oculta en operaciones con divisas fuera del balance de la banca.

Si después de los años 2020 y 2021 los Estados emplearon más de 19,5 billones de dólares en estímulos económicos y monetarios por la pandemia , en 2022 hay que sumar los esfuerzos por contener la inflación y en especial la subida de los precios de alimentos y energía cuyo gasto ha supuesto el 17,7% del PIB, una cota nunca vista desde las dos crisis del petróleo .

La subida del dólar supuso también un agravamiento para los déficits públicos ya que el petróleo y el gas se comercializan en dólares. La fortaleza del dólar ha estado motivada por el aumento de los tipos de interés de la Reserva Federal.

Los 74 países con menores recursos del planeta deben afrontar pagos por valor de 62.000 millones de dólares. El G20 ha intentado rebajar la presión utilizando la DSSI (iniciativa de suspensión de servicios de deuda) retrasando el abono de 20.000 m$ y ha creado el Common Framework for Debt Treatments (Marco Común para el tratamiento de la deuda) para acordar los términos con los acreedores bilaterales, gobiernos y FMI y luego asegurar el alivio de la deuda con los prestamistas privados, pero es un mecanismo que no está funcionando como lo demuestra que solo Zambia, Etiopia y Chad han iniciado conversaciones.

  1. TENSIONAMIENTO DE LAS CONDICIONES FINANCIERAS

La invasión de Ucrania ha afecto al sistema financiero global, el sector más beneficiado de la globalización tras la exclusión del sistema de mensajería interbancaria Swift  de varios bancos rusos y del procesamiento de pagos a través de la cámara de compensación.

Los activos que permanecen en la sombra, fuera de los balances de la banca, también representan un riesgo para la estabilidad financiera , así como el colapso de plataformas de criptomonedas como FTX, las caídas de las cotizaciones de las principales criptomonedas (Bitcoin perdió el 60% de su valor y Ether el 67%c en 2022) y los despidos masivos en las plataformas digitales con Twitter, Meta y Amazon como los casos más significados. También en China, Baidu, Didi y Alibaba han prescindido entre el 15% y el 20% de sus plantillas.

El banco central de China ha empezado a promover swaps de divisas  con otros bancos centrales y a intentar que empresas y gobiernos extranjeros emitan valores en los mercados chinos para ganar liquidez y autonomía.

 

  1. EL FRACASO (POR AHORA) PARA IMPEDIR LA COMPETENCIA EN LA BAJADA DE IMPUESTOS

La globalización y el neoliberalismo impulsaron una carrera a la baja en la fiscalidad. El FMI ha publicado un informe en el que constata que un 60% de los beneficios de las multinacionales se logran por la competencia tributaria, y los superricos evaden un 25% de sus ingresos utilizando paraísos fiscales y otros regímenes preferenciales.

Pese al acuerdo alcanzado en el marco de la OCDE y el G-20 para fijar el tipo mínimo del impuesto de sociedades en el 15%, su aplicación no se ha hecho efectiva. En la Unión Europea su puesta en marcha se ha atrasado al menos hasta 2024 ante las reticencias expresadas por Suecia, Polonia y Malta.

  1. EE.UU. HA LOGRADO MANTER SU POSICIÓN DE LIDEREZGO MUNDIAL FRENTE A CHINA

En la rivalidad económica entre EE.UU. y China durante 2022, destaca los éxitos de las políticas económicas desplegada por Biden, que ha pasado página de las recetas neoliberales para impulsar un Estado emprendedor, según el título de libro de Mariana Mazzucato, en contraste con el fracaso de China frente a la pandemia, tanto en la política de restricciones como ahora por la apertura de golpe e indiscriminada de las medidas de cero COVID, así como el lastre comercial que ha implicado su alianza estratégica con Rusia.

EE.UU. con la presidencia de Biden, ha logrado en esta tercera fase de la crisis de la globalización mantener su posición de liderazgo mundial. 16 de las 20 de las empresas cotizadas más grandes por valor de mercado están radicadas en EE.UU. una más que hace un año, entre las que destaca la presencia de las tecnológicas de la costa oeste, a pesar de los malos resultados bursátiles de Apple que, aunque lidera la lista de grandes multinacionales, ha perdido en 2022 más de la cuarta parte de su valor.

Biden ha puesto en marcha un plan de inversiones orientado a hacer frente a la crisis de las cadenas de suministros, impulsar la transición energética de su aparato productivo, controlar la inflación y ganar en autonomía tecnológica, especialmente en la fabricación de chips. El decreto presidencial sobre las Cadenas de Suministro de Estados Unidos, el ‘Chips and Science Act’ y el ‘Inflation Reduction Act’, constituyen una batería de medidas que se traducen en una renovada política económica.

Estas políticas están dando, además, buenos resultados en empleo. En diciembre la tasa de desempleo en EE.UU. bajó hasta el 3,5%, y se crearon 223.000 empleos. La duración de la semana laboral media se redujo hasta las 34,3 horas y los ingresos medios fueron de 32,82$ hora.

Sin embargo, EE.UU. tiene la debilidad interna de estar inmerso en una fractura política que puede no tener fin mientras que Trump siga teniendo protagonismo en la escena política.

El comercio entre EE.UU. y la UE creció a buen ritmo, al mismo tiempo que disminuyeron las relaciones comerciales de ambos con China dentro del proceso generalizado de relocalizaciones. Por vez primera desde 2016, China está sufriendo una pérdida de cuota de mercado en el exterior de bienes fabricados en el país como muebles, calzado deportivo o accesorios de ropa, mientras surgen nuevas protestas y la situación de los derechos humanos sigue empeorando.

 

(*) La imagen pertenece a una obra del pintor Gerhard Richret

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