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La crisis del capitalismo es el producto de su producto: la crisis ecológica

Mario Ortega / El verano es tórrido. Ya parece claro que este 2012 volverá a batir el récord de temperatura media anual. Nos abrasamos en un cambio climático imparable que es consecuencia también del modelo de usura y expolio capitalista. A la escasez de materias primas y de combustibles fósiles se va a sumar la escasez alimentaria. Un puñado de entidades financieras controlan los mercados de futuros. Los precios seguirán subiendo para que el capital garantice su tasa de ganancia en tanto se ignora la nula tasa de reposición de materia en nuestra biosfera.

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Llamen agoreros a los ecologistas, todo lo que ocurre estaba predicho.

Hoy más que ayer se ignora la centralidad fundacional de la crisis, la cuestión ecológica, el factor X como lo llama acertadamente mi compañero en P36 Rafa Rodríguez.

Acuciados por lo inmediato, el desempleo, los recortes, los ataques a los servicios públicos esenciales y la fractura de consensos constitucionales que debilitan fuertemente la democracia, las luchas sociales y sindicales se concentran en posiciones a la defensiva, y la política de izquierdas parece solo querer salvar los muebles en el incendio esperando volver a la posición anterior.

No puedo criticar esto, la necesidad inmediata de salvar la dignidad humana ante el naufragio se impone a la reflexión sobre el puerto al que deseamos llegar. Pero a la humanidad no le van a bastar las victorias parciales. La izquierda tiene que ofrecer un análisis certero de lo que ocurre y una salida estable para el futuro.

Por eso insistimos en que esto no es una crisis más de la que se saldrá por la vía del crecimiento. Esto es una crisis ecológica. Entendemos la crisis ecológica como una crisis sistémica o metabólica. Un fallo multifuncional en el modelo de producción y consumo capitalista que excreta daño social, daño institucional y daño ambiental.

La esencia del modelo capitalista es la imperiosa necesidad del crecimiento permanente de capital, una acumulación sin límite. Pero el capitalismo globalizado ha tropezado con los límites biofísicos planetarios que bloquean el crecimiento, básicamente debido al incremento de la escasez de materias primas, alimentos y combustibles fósiles. Estas tres variables son los inputs que están en poder del sector financiero para garantizarse su única conexión obligatoria con la economía real. De otro modo las ficciones bursátiles se revelarían como lo que son, una gran mentira creada para el enriquecimiento sin límites de unos pocos.

La escasez es una condición necesaria para el control del precio de una mercancía. El sistema capitalista necesita crear escasez para imponer precio. El espejismo de la abundancia se construye mediante la publicidad y el neón de los escaparates. El problema es que en la actualidad la escasez es real, no artificial, y está conectada con lo que científicamente se sabe sobre las reservas. Vemos ya el agotamiento de materias primas y combustibles fósiles a la vuelta de la esquina. Los mercados de futuros son los instrumentos para controlar y especular  con la escasez real sobrevenida por la explotación intensiva de los recursos naturales.

El modelo energético fósil ha contribuido a acelerar la crisis del capitalismo. Doscientos años para consumir la mitad de las reservas fósiles del planeta almacenadas durante millones de años. La irrupción de las tecnologías del carbón y el petróleo en el siglo XIX parecen la condición necesaria para alumbrar los procesos de concentración industrial de la producción capitalista, imitados por las experiencias del comunismo real.

Consecuentemente, las emisiones de gases de efecto invernadero han creado el problema más acuciante de la humanidad, el cambio climático; la ceguera de los gobiernos y las poblaciones no impide esta calificación derivada del conocimiento científico. Este año se volverán a batir todos los récords de temperatura media terrestre, sequías, incendios y catástrofes ambientales. La consecuencia más perceptible para la economía globalizada es la reducción de las cosechas de alimentos básicos. A su vez el cambio climático es el causante del desplazamiento acelerado de los equilibrios ecosistémicos de la naturaleza, sin dejar tiempo para que la vida tal y como la conocemos se adapte.

Los metabolitos del sistema capitalista, ya sean gases dañinos o nocivos, residuos materiales o calor (la energía como contaminante) no encuentran el proceso que los devuelva a su punto de partida. En un planeta tierra que sólo intercambia energía radiante con el exterior los procesos lineales que implican materia están abocados a su autoextinción. Solo el cierre de los ciclos, como hace la naturaleza, permite su reproducción. El modelo antrópico no tiene en cuenta la clave entrópica.

De otro lado, en la esencia del modelo capitalista está la competitividad. Eliminar la competencia es clave para mantener tasas elevadas de ganancia. Desde sus orígenes el modelo capitalista ha evolucionado hacia la concentración del control de la producción en pocas manos, tanto a nivel vertical (control de materias primas y productos intermedios antes de que la mercancía llegue al consumidor final), como horizontal (control de toda una gama de productos del mismo campo tecnológico, para el mismo o parecido fin).

El poder financiero crea fuerzas centrípetas hasta ahora insalvables, concentrando el capital acumulado y el poder de creación de masa monetaria en muy pocas manos. Para ello ha sido necesaria la dominación del poder político.

La finaciarización de la economía capitalista es la consecuencia del choque con los límites planetarios de la economía real. Siendo imposible igualar la tasa de reposición a la de consumo, debido al uso de fuentes energéticas no renovables y a la degradación entrópica de las fuentes de materias primas, la forma que tuvo el capitalismo, globalizado, de mantener su tasa de ganancia, tras las flagrantes pruebas de existencia de los límites del crecimiento, fue la creación de los paraísos capitalistas financiero-especulativos. Los primeros avisos de la proximidad de la crisis metabólica se denominaron crisis del petróleo, la primera en 1973 y la segunda en 1979. Después la guerra Irán-Irak, entre 1980 y 1988, mantuvo el petróleo barato por las necesidades financieras de los dos superproductores en conflicto. Más tarde vinieron la guerra del golfo en 1990, y la de Irak en 2003.

A partir de ahí, más allá del factor determinante del control geoestratégico de las reservas, se revela inevitable el incremento del precio del petróleo por la superación del llamado peak-oil (momento en que la relación las reservas acumuladas son la mitad de las existentes al comienzo de la era industrial).

El proceso descrito para el petróleo es extensivo y simétrico al de otras materias primas esenciales.

El economicismo actual galopante, fruto de una estrategia neoliberal intencionada de los dueños del capital diseñada por los think tank adscritos a la escuela de Chicago, que se pone en marcha con Reagan y Thatcher, ha conseguido, por un lado, situar en el centro los problemas del capital frente a los problemas de las personas, y por otro, invisibilizar el origen ecológico de la crisis. Auténtica causa de los furibundos ataques que la democracia (allá donde existe) está sufriendo.

Vincular déficit democráticos, destrucción ambiental, retrocesos en derechos sociales y económicos con la crisis del capitalismo como crisis de base ecológica es la tarea de fondo que compete a la izquierda. Sin diagnóstico no habrá curación.

La tarea de la nueva izquierda que deseamos pasa por conectar los problemas de las personas con los problemas ecológicos. Si esto no se logra no habrá espacio de intervención política porque no habrá mayoría social que la sustente de manera prolongada. El camino a recorrer es largo y será difícil, no bastarán las victorias circunstanciales o contextuales.

Hay tres conceptos del campo de la biología que pueden ser útiles para indagar cómo podríamos contribuir a la ruptura de los corsés ideológicos que bloquean la esperanza política de cambio hacia una sociedad más justa. Una justicia que ya no puede ser referida exclusivamente de modo antropocéntrico, pues, como venimos defendiendo en P36, el factor X determinante y diferencial de esta dinámica diabólica capitalista es la crisis ecológica, un ecocidio de dimensiones terráqueas. Son simbiogénesis, metamorfosis y biomimesis. Serán parte de otro post.

Ilustración de Elke Lange

@marioortega

www.marioortega.org

Un comentario

  1. De acuerdo en casi todo, Mario. La discrepancia es de orden ideológico, pues pienso que como no impliquemos a todos en la ” conexion problemas ” todo será analizado, desde un prisma exclusivo de la izquierda y alejará a la mitad de la población de la soloción indicada.

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